Crítica Literaria

En Chimá nace un santo: tensiones de una mezcla triétnica

Setenta años atrás y en un contexto marcado por la herencia esclavista producto de la colonización sobre el territorio latinoamericano, Manuel Zapata Olivella escribió En Chimá nace un santo (1963), una novela que ahonda sobre las tensiones religiosas africanas, indígenas y españolas en el territorio colombiano.

Por: Víctor Morrón

Foto: radionacional.co

En Chimá nace un santo, la historia  gira en torno a la santificación de Domingo Vidal, un parapléjico salvado de las llamas. Tras la muerte de Domingo, el cura de Chimá, Jeremías, predica sobre su santidad, al tiempo que lucha por su canonización por parte de la Iglesia Católica.

Domingo Vidal despierta un fervor religioso, el cual es descrito en la novela como una especie de excitación colectiva que convierte los hechos cotidianos en fenómenos misteriosos. Los ciegos ven sin ver, los ancianos vuelven a ser fértiles, el río baja su corriente sin inundar la cosecha, etc…Estos son algunos de los milagros que se le atribuyen a Domingo Vidal, manifestados en una especie de fervor que moviliza a una comunidad  hasta el punto de tomar la iglesia de Chima exigiendo su santificación.  “La excitación contagia a otros y cada quien desea ser objeto de milagro, hasta los hechos conocidos, cotidianos, adquieren inesperados  caracteres de misterio”, relata el narrador de la novela.

De igual manera, encontramos ejemplos particulares como el  del cura Jeremías, quien en un primer momento ve en Domingo una posibilidad de negocio y estafa a la comunidad de Chimá, para en un segundo momento, dejarse llevar por la excitación colectiva  al punto de luchar hasta morir por la causa del santo. Al final de la novela, el cura Jeremías termina creyendo las historias que inventó en torno a la santidad de Domingo Vidal, y muere,  cual mártir, defendiendo su cuerpo a la entrada de la iglesia de Chimá. 

…la superstición presente en la obra da cuenta de una comunidad que  convive  con los ritos y ceremonias provenientes de las tribus nativas  anterior al proceso colonizador, al igual que está cargada de tradiciones africanas y concepciones cristianas de una salvación individual.

De forma similar, encontramos personajes como el padre Berrocal, quien señala a Domingo Vidal como una persona común sin ninguna cualidad divina. Más adelante, dicho personaje sufrirá una especie de parálisis similar a la cuadriplejia que lo llevará a la muerte. Fundamentado en la superstición, dicha muerte será atribuida por los habitantes de Chimá a Domingo Vidal en venganza por su descuartizamiento y entierro en el cementerio como un cristiano normal.

La novela está marcada por el encuentro traumático de las tradiciones africanas, indígenas y españolas. En esta oportunidad, los ritos agrarios, en los que utilizan a Domingo Vidal como amuleto  para calmar las lluvias que amenazan con ahogar las cosechas de los campesinos de Chimá, y las prácticas mágicas expresadas en los brujos descritos en la novela, sirven como ejemplo de la transición entre sistemas religiosos del periodo del Tawantinsuyo y la colonización española, y pone de manifiesto la tensión entre dichos sistemas religiosos.

De hecho, un autor como Mariátegui señala lo siguiente en referencia al proceso de colonización en América Latina: “El culto católico se superpuso a los ritos indígenas, sin absorberlos más que a medias. El estudio del sentimiento religioso en la América española tiene,  por consiguiente, que partir de los cultos encontrados por los conquistadores”.

En tal sentido, la superstición presente en la obra da cuenta de una comunidad que  convive  con los ritos y ceremonias provenientes de las tribus nativas  anterior al proceso colonizador, al igual que está cargada de tradiciones africanas y concepciones cristianas de una salvación individual. Todo esto se mezcla en la comunidad de Chimá, donde conviven la Iglesia, la hechicería y los campesinos con sus rituales en torno a la fertilidad de la tierra.

Y es que precisamente  Mariátegui  sugiere que, de cierta manera, las tradiciones nativas nunca desaparecieron, sino que conviven, a veces ocultas y en las sombras de las distintas sociedades latinoamericanas. Pensando en un contexto actual habría que preguntarse: ¿hasta qué punto esas tensiones están presentes en el reguetón que bailamos desbocados, en la belleza y sensualidad  latina, en la sazón de un arroz con coco, en una empanada de camarón o en la bandeja paisa? 

Foto: zapataolivella.univalle.edu.co

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