Entrevista

Coloquio Viernes de Letras: rastros y rostros de la nueva crítica literaria colombiana

En el marco del Coloquio Viernes de Letras: las regiones y sus voces, actividad académica llevada a cabo por la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle, La Palabra ha dialogado con algunas de las nuevas voces críticas de nuestra ciudad y región. En ese orden de ideas, este último acercamiento, con Luis Alfredo Diaz Romero, pone en evidencia no solo el relevo generacional, sino las lecturas de nuestra tradición étnica y poética latinoamericana.

Por: Alejandro Alzate

Luis Alfredo Díaz Moreno (derecha) en el Coloquio Viernes de Letras, Univalle. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Luis Alfredo Díaz Moreno (derecha) en el Coloquio Viernes de Letras, Univalle. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Alejandro Alzate (AA): Uno de los rasgos más interesantes de la poesía de Humberto Ak’abal es su reflexión sobre el idioma, pero también sobre la naturaleza exuberante de América. ¿Qué papel juega su obra en la tradición poética latinoamericana, cómo se ubica dentro de ella?

Luis Alfredo Díaz Romero (LADR): La obra de Humberto Ak’abal se ubica en lo que un variopinto corpus de autores indígenas ha coincidido en denominar como oralitura. Entendiendo este término como el conjunto de producciones estéticas realizadas de manera autónoma por los autores de las culturas orales, las cuales han resultado invisibilizadas o desplazadas como registros secundarios en el marco de las investigaciones desarrolladas por la antropología estructuralista, que privilegia la escritura como forma de expresión de las “culturas superiores”, reduciendo, de esta manera, las creaciones estéticas provenientes de los territorios indígenas a simples manifestaciones del folclore popular, obedeciendo más a sesgos etnocéntricos que a criterios epistémicos. Frente a esto, Rocha (2010) explica que: “Los indígenas son tomados con frecuencia como informantes [en investigaciones antropológicas] y, aun en el caso de que ellos mismos escriban, los criterios de edición y los propósitos de difusión son manejados por personas e instituciones foráneas” (p. 218).

Es de notar que este término también ha sido utilizado por algunos autores indígenas latinoamericanos con el propósito de visibilizar las tradiciones ancestrales de sus comunidades mediante la escritura. Según Sánchez (2007): “Esta fue la palabra [oralitura] con la que se registró este corpus a propósito de un Taller de escritores en lenguas indígenas, que se llevó a cabo en Chile en 1997 y en el que participaron Ak’abal, Chihuailaf, Kowii, Hernández, Cocom, entre muchos otros”.

Sin embargo, es necesario recordar que la poesía de Humberto Ak’abal también dialoga con la tradición literaria desde una sensibilidad estética orientada a visibilizar la lengua maya-k’iché entre los lectores occidentales. Desde una perspectiva didáctica, Ak’abal traduce sus poemas al castellano con el propósito de transmitir la profunda relación entre el lenguaje y la imaginería de la naturaleza en los contextos indígenas mediante recursos estilísticos que evocan el sonido de los pájaros, el rumor de los ríos, el canto de los insectos y otros elementos sonoros del entorno que configuran una percepción simbólica y espiritual del mundo. Ahora bien, hay que aclarar que, durante la traducción, las lenguas indígenas suelen adquirir un sentido metafórico y simbólico que enriquece la experiencia estética del poema.

Cabe destacar que, frente al diálogo con la tradición literaria, el mismo Ak’abal, durante una entrevista con Marie Louise Ollé, señala lo siguiente al contar una anécdota sobre una situación difícil que experimentó al llegar a la ciudad desde su pueblo: “Pero, de alguna manera, fue como una suerte haber vivido en la basura algunos días porque encontré muchos libros”. Entre los libros que encontró en ese lugar estaba Molly de Samuel Beckett y también algunas obras de Shakespeare. Vemos, entonces, que su obra no solo está influenciada por la cosmovisión de la comunidad maya-k’iché, sino también por autores que se ubican en la tradición literaria occidental. De este modo, su escritura configura un espacio de diálogo entre la oralidad indígena y distintas tradiciones culturales. A través de esta articulación, Ak’abal plantea una estrategia de autorrepresentación encaminada a visibilizar los saberes ancestrales y la cosmovisión de la comunidad maya-k’iché en el escenario occidental como una forma de resistencia frente a la cultura hegemónica.

…estos escenarios académicos y culturales de diálogo permiten cuestionar las narrativas hegemónicas que, durante mucho tiempo, han privilegiado una visión homogénea de la nación, desconociendo la diversidad de experiencias, saberes y formas de habitar el territorio, al tiempo que reconocen el valor de la alteridad en la configuración de nuevos paradigmas críticos que promueven la inclusión y la interculturalidad en el ámbito literario.

AA: En un poema como “Agua y fuego” se advierte la fuerza inconmensurable del primer elemento. ¿Cómo explicas la poética ritual del agua que subyace en la obra de este escritor? Y, desde tu perspectiva, ¿cómo explica la obra de este poeta lo tradicional, lo cotidiano y la cosmovisión maya en un contexto occidental que pareciera minimizar los saberes ancestrales para imponer el capitalismo cultural?

LADR: El poema plantea una clara referencia no solo al agua y al fuego como elementos propios de la ritualidad de la comunidad maya-k’iché, sino también a una escenografía común en distintas comunidades indígenas latinoamericanas, asociada con el espacio simbólico del chamanismo. En este contexto, el fogón aparece como un lugar en el que fluye la palabra, se transmite la memoria y se organiza la vida comunitaria.

En ese sentido, a partir del análisis del poema, es posible reconocer cómo los símbolos de la cotidianidad y de la vida práctica aparecen no solo desde una dimensión ritual, sino también como una expresión de resistencia y reivindicación de las prácticas ancestrales del pueblo maya-k’iché. De este modo, elementos aparentemente cotidianos, como el fuego, el agua o la cocina, adquieren una profunda carga simbólica vinculada con la preservación de la memoria cultural, la identidad comunitaria y la permanencia de los saberes indígenas frente a procesos históricos de exclusión, aculturación y despojo organizados por el actual sistema de desarrollo económico.

Este poema me recuerda una discusión que tuvimos hace poco en una clase de la Maestría en Didáctica con el profesor Fabio Gómez sobre etnoeducación, a propósito de una investigación realizada por el grupo GEIM con la comunidad misak. En dicho estudio se señalaba que “la vida propia nace y se desenrolla a partir de la vida doméstica, en el hogar, en el fuego de la cocina”; asimismo, se afirmaba que “de la cocina sale el manejo de un pueblo” y que “el derecho nace de las cocinas”. Estas reflexiones permiten comprender que el fogón no constituye únicamente un espacio doméstico, sino también un escenario de construcción cultural, transmisión de saberes y configuración de identidad colectiva.

De acuerdo con lo anterior, es necesario mencionar que Humberto Ak’abal, en su poesía, asume la voz de la comunidad maya-k’iché, con el propósito de reafirmar la identidad colectiva de su pueblo mediante una poesía de rebelión frente a la exclusión y la invisibilización que han padecido por parte del Orden Ladino en Guatemala. Esto lo podemos reconocer a través de marcas textuales [nos, nosotros, nuestros, etc.]  que aluden a una identidad plural y a la formación de una conciencia colectiva indígena que aparece en poemas tales como “Y nadie nos ve”, “Robo” y “Dolor a flor de rostro”. Cabe señalar que este último poema plantea una denuncia explícita de los crímenes cometidos por el Estado contra las comunidades indígenas en Guatemala en la década de los ochenta.

AA: ¿Por qué son importantes espacios de reflexión académica como el Coloquio Viernes de Letras? ¿Qué aporta al desarrollo de la crítica literaria colombiana actual? ¿Por qué es importante que las culturas regionales se sumen al cuerpo cultural nacional?

LADR: Espacios como el coloquio de Viernes de Letras se hacen cada vez más urgentes para negociar y construir nuevos significados sobre la identidad desde una visión intercultural, reconociendo que Colombia es un territorio pluriétnico y heterogéneo en el que participan una multiplicidad de voces pertenecientes a grupos que históricamente han sido desplazados hacia las periferias por las élites desde un proyecto de nación fundamentado en el racismo estructural. Entendiendo que, desde el modelo colonial, las voces regionales integradas por los afrodescendientes, los indígenas, los campesinos, entre otros grupos provenientes de la cultura popular, han sido silenciadas por el discurso académico oficial, planteando como principal dificultad para su reconocimiento la la escasa sistematización de la información derivada de la tradición oral. Sin embargo, sabemos que estos vacíos de la crítica también provienen de una visión aristocrática de la cultura que considera inferiores aquellas expresiones que no se ubican dentro del canon establecido por los intelectuales letrados.

En este sentido, estos escenarios académicos y culturales de diálogo permiten cuestionar las narrativas hegemónicas que, durante mucho tiempo, han privilegiado una visión homogénea de la nación, desconociendo la diversidad de experiencias, saberes y formas de habitar el territorio, al tiempo que reconocen el valor de la alteridad en la configuración de nuevos paradigmas críticos que promueven la inclusión y la interculturalidad en el ámbito literario.

Referencias

Ak’ abal H, Ollé Marie-Louise (2004). Entretien avec Humberto Ak’ abal. In: Caravelle. 82. 205-223.

Rocha, M. (2012). Palabras mayores, palabras vivas. Tradiciones mítico-literarias y escritores

indígenas en Colombia. Taurus, Aguilar, Altea, Alfaguara.

Sánchez, J. (2007). Poesía indígena contemporánea: la palabra (tziij) de Humberto. Ak’abal.

Cuadernos de literatura 11 (22), 78-93.

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