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El último bullerengue en clave de tristeza

Totó la Momposina, la reina del folclore colombiano, abandonó la música para siempre el pasado diecisiete de mayo luego de una vida dedicada al cultivo e innovación de la música tradicional caribeña. Su legado ha trascendido las inquietudes académicas y la nostalgia ancestral para erigirse como una referencia necesaria en la nueva ola de sonidos locales que inunda el mercado musical.

Por: William Rosero Castillo
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Sonia Bazanta Vides (1940-2026), cantante colombiana conocida como Totó la Momposina. Foto: Yann Rabanier.
Sonia Bazanta Vides (1940-2026), cantante colombiana conocida como Totó la Momposina. Foto: Yann Rabanier.

Sonia Bazanta Vides (1940-2026), popularmente conocida como Totó la Momposina, nació en Talaigua Nuevo, en el municipio de Bolívar, y murió en Celaya, Guanajuato. La última vez que se la vio ataviada con su atuendo típico y entonando los himnos por los cuales es mundialmente conocida fue durante el Festival Cordillera del 2022. La entonación pujante, las florituras vocales que le salían como lágrimas de alegría permanecían intactas, como si al cantar volviera a tener veinte años y un futuro promisorio por delante.

Su nombre artístico, al igual que su talento, proviene de una doble herencia, familiar y telúrica. Sus padres, Daniel Bazanta y Libia Vides de Bazanta, percusionista y cantante respectivamente, la llamaban “Totó” motivados por los ruidos que hacía la propia Sonia cuando era bebé en su intento por imitar el repiqueteo de los tambores. “La Momposina” fue una decisión personal con la que buscó establecer un puente entre su obra musical y los sonidos de su región, la Depresión Momposina y la Isla de Mompox (Bolívar).

Totó la Momposina de gira por Europa en los 70. Foto: Tomada de songlines.co.uk
Totó la Momposina de gira por Europa en los 70. Foto: Tomada de songlines.co.uk

Totó formó parte de la cuarta generación de una familia que se había dedicado por entero al cultivo de la música caribeña. La violencia bipartidista que arrasó con decenas de colombianos según fuera su filiación política la alejó de su tierra natal. Sus padres, de preferencia liberal, se mudaron a la capital del país. La casa de los Bazanta se convirtió entonces en un bastión de la cultura caribeña en Bogotá y reunió a decenas de artistas e intelectuales que acabaron por influir en la formación de la pequeña Sonia. Libia Vides, su madre, viajó de vuelta a Talaigua durante un breve periodo de tregua con la misión expresa de traer consigo los instrumentos nativos con los que Sonia se adentraría en el universo mestizo de la música caribeña.

Pese a que había incorporado a su oído las claves del arte musical desde su más tierna infancia, su curiosidad inagotable la llevó a inscribirse en el conservatorio de la Universidad Nacional, donde elaboró los principios estéticos que orientarían toda su carrera, los mismos que le permitieron saltar de las aulas a los escenarios. Sus primeras giras se concentraron dentro de los límites del territorio nacional y le valieron una popularidad creciente. No por nada fue invitada por el propio García Márquez a la gala de premiación del Nobel en 1982.  “Quería recibirlo rodeado de cumbia”,explicó Márquez poco tiempo después.

Foto: Juan Camilo Segura.
Foto: Juan Camilo Segura.

Tan solo un año después realizó su primera grabación internacional en Francia. Esta residencia le permitió continuar con sus estudios en la prestigiosa Universidad de La Sorbona, desde donde realizó algunos intercambios culturales y académicos con instituciones de Santiago de Cuba y La Habana.

Su capacidad de reproducir todos los matices de una tradición profundamente sincrética y de embellecerlos con técnicas que hasta entonces solo eran patrimonio de intérpretes artesanales le valieron un lugar privilegiado entre las voces más originales de la música colombiana. Antes de Totó, el folclore colombiano permanecía recluido en los pequeños festivales locales o los patios donde se compusieron algunas de las canciones que luego le darían reconocimiento mundial. Algunos de sus trabajos más representativos han sido sampleados por artistas de talla internacional como J Balvin o 50 Cent. “Curura”,la octava canción del mítico álbum Candela viva, fue sampleada por J Balvin y Major Lazer para la canción “Qué calor”. Otro tanto hizo Timbaland en Indian Flute. Sin ir más lejos, Milo J, la sensación del folclore argentino de los últimos años, adaptó un fragmento de “Tres golpes” para su canción “Cuando el agua hirviendo”.

Su capacidad de reproducir todos los matices de una tradición profundamente sincrética y de embellecerlos con técnicas que hasta entonces solo eran patrimonio de intérpretes artesanales le valieron un lugar privilegiado entre las voces más originales de la música colombiana

Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, la fama de la Totó alcanzó su pico más alto. En 1991 recibió la invitación del sello discográfico Real World Records para grabar el ya mencionado Candela viva, el álbum con el que más se la recuerda, que fue publicado dos años más tarde, tan solo uno después de que representara a Colombia en la Exposición Universal de Sevilla, España. En el año 2002 recibió su primera nominación a los Grammy Latinos por su disco Gaitas y Tambores, y en 2006 recibió en Sevilla el premio WOMEX Award (World Music Expo), uno de los más prestigiosos del mundo de la música. En 2011, el Ministerio de Cultura de Colombia le otorgó el Premio Nacional Vida y Obra, y con el pasar de los años recibió otros reconocimientos por parte de instituciones nacionales, como doctorados honoris causa en educación por parte de distintas universidades del país.

Foto: Juan Camilo Segura.
Foto: Juan Camilo Segura.

Totó la Momposina fue pionera de un movimiento que ha revolucionado la industria musical en los últimos años. Luego de un largo periodo de homogeneidad rítmica, e incluso temática, dominado por el paradigma pop exportado de los Estados Unidos, el folclore, venga de donde venga, ha atraído la atención del público general, un cambio que tal vez ha sido favorecido por la masificación de las redes sociales. En México han renacido las gestas heroicas que se celebraban en los corridos de la mano de artistas como Peso Pluma, Xavi y Tito Double P. Rosalía ha revalorizado los fraseos melodiosos del flamenco. Milo J ha recuperado la gravedad estética de cantadores como Atahualpa Yupanqui. Colombia está a la espera de un artista de la nueva generación que sepa dialogar con Totó y pueda infundir vida nueva a nuestra tradición musical.

Foto: Josh Pulman.
Foto: Josh Pulman.

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