Crítica Literaria

El cine era mejor que la vida

De regreso en la década de los 70, Juan Diego Mejía nos presenta en El cine era mejor que la vida, a través de la mirada de un niño de 8 años, la cotidianidad de una familia en crisis. Entre las calles de Medellín y el verde de sus montañas, la existencia se disuelve con los sueños de un padre desesperado y la devoción profunda de quienes hallan en sus defectos una prueba del verdadero amor.  

Por: Natalia Candado López
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Juan Diego Mejía (1952), escritor colombiano.
Foto: elcolombiano.com

Después de leer El cine era mejor que la vida, libro galardonado en 1996 con el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, es posible afirmar que esta es una de las obras más profundas y emotivas del escritor colombiano Juan Diego Mejía. A través de cada página, el autor deja en evidencia su intimidad con el fin de plasmar los lejanos recuerdos de su niñez. De esta manera, le ofrece al lector la oportunidad de recorrer las calles del Medellín de los años 70 en compañía de su alter ego: un niño soñador, apasionado por el cine, el fútbol y las historias de vaqueros.

Pese a definir en las primeras líneas el punto de vista de un narrador adulto, este, como evocación de sus recuerdos, decide contar su historia a través de la mirada del pequeño de ocho años que un día fue. Así, la novela gira entorno a “Mejía”, quien en representación de la figura del padre, es amado y admirado por su núcleo familiar, aun cuando en la mayor parte del día el alcohol corre por sus venas alejándolo cada vez más de la posibilidad de triunfar.

El cine era mejor que la vida nos da la oportunidad de conocer la intimidad de un escritor capaz de plasmar su infancia de manera casi poética, dejando en evidencia la seriedad de Mejía como novelista”

Sin importar las dificultades, el narrador-niño y su padre establecen una especie de pacto mediante el cine. Este resulta ser la representación de los sueños de ambos personajes que, sin importar los vacíos emocionales, anhelan profundamente salir corriendo tras la libertad y el amor. De esta manera, el autor nos presenta dos historias paralelas: por un lado, encontramos a Mejía, un hombre de 40 años que a pesar de verse enfrentado constantemente al fracaso, mantiene la ilusión de huir a un puerto lejano tras el rastro de su verdadero amor. Y por otra parte a su hijo, quien además de no lograr olvidar a la trapecista del circo que un domingo cualquiera miró fijamente a sus ojos, desea eludir la dureza de su vida cargada de ausencias a través de las películas que, al igual que a su padre, le permiten soñar.

El cine era mejor que la vida nos da la oportunidad de conocer la intimidad de un escritor capaz de plasmar su infancia de manera casi poética, dejando en evidencia la seriedad de Mejía como novelista. Pues, sin lugar a duda, puso todo su empeño en representar mediante la belleza de las letras los dramas propios de la condición humana, con tal claridad y pasión, que resulta imposible no conectarse con cada uno de sus personajes.

Foto: elespectador.com

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