Entrevista

Carlos Monsiváis: luces y sombras de un intelectual comprometido

A lo largo de su trayectoria como escritor, Monsiváis estudió con ahínco la cultura popular. También defendió las causas sociales que reclamaban libertad e igualdad en México y América Latina. Con el fin de conocer su legado, y de zanjar ciertas inquinas intelectuales de las que ha sido depositario después de su muerte, La Palabra ha dialogado con el académico y escritor Kazuki Alberto Ito Cervera, quien es doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Veracruzana, y ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, 2025, por su libro de cuentos Todos los tipos jóvenes.

Por: Alejandro Alzate

Carlos Monsiváis (1938 - 2010), escritor y periodista mexicano. Foto: Saúl López.
Carlos Monsiváis (1938 – 2010), escritor y periodista mexicano. Foto: Saúl López.

Alejandro Alzate (AA): Carlos Monsiváis fue un intelectual cuya obra estuvo estrechamente vinculada con las luchas sociales. En tu opinión, ¿cómo transformó esa combinación de escritura y compromiso la figura del intelectual público en México?

Kazuki Alberto Ito Cervera (KAIC): Decir “intelectual público” es un pleonasmo, porque todo intelectual lo es. De lo contrario se estaría hablando de un simple pensador. Considero que, como intelectual, su único compromiso era con la razón. Recordando sus acercamientos a eventos sensibles del acontecer mexicano, los hizo con apego a lo que se espera de un intelectual, sin afirmar que él tuviera en mente proyectarse así. Con esto me refiero a que jamás subordinó su juicio a una postura ideológica, visceral, sectaria o gremial. Ejerció su libertad de pensamiento con agudeza, sin caer en la crítica fácil.

AA: Más allá de su quehacer como cronista, ¿qué rasgos de su mirada crítica consideras que siguen siendo indispensables para interpretar la realidad mexicana contemporánea?

KAIC: Jamás cayó en el lugar común del sibarita o esnobista. Nada de la cultura le era ajeno. Recuerdo su capacidad de observación en casos que podrían resultar de lo más baladí para cualquiera; él, gracias a esa apertura hacia su tiempo, les encontraba un sentido que escapaba a la mayoría. Pondría como ejemplo el acercamiento que tuvo al Calabozo, un programa de televisión dedicado a la burla y el cotorreo. Monsiváis fue el único que le dio la relevancia cultural, porque en realidad tuvo una gran influencia en la sociedad. Similar a ese caso, podremos encontrar varios: sus palabras en torno al mundial de fútbol; la forma irónica en la que abordó lo ocurrido en el 68, etc.

[Monsiváis] Jamás cayó en el lugar común del sibarita o esnobista. Nada de la cultura le era ajeno. Recuerdo su capacidad de observación en casos que podrían resultar de lo más baladí para cualquiera; él, gracias a esa apertura hacia su tiempo, les encontraba un sentido que escapaba a la mayoría

AA: Carlos Monsiváis defendió el Estado laico, los derechos civiles y la diversidad. ¿Cómo dialogan hoy esas causas con los desafíos culturales y políticos del país?

KAIC: Lo ocurrido con Monsiváis nos habla de un tiempo perdido. En la actualidad, considerando la popularización de las plataformas de expresión, no hay diálogo, sino vociferación estulta, panfletaria, visceral y tendenciosa. 

AA: A lo largo de su carrera, el oriundo de Ciudad de México polemizó con figuras capitales de la cultura hispanoamericana como Octavio Paz, esto sin renunciar ni al rigor intelectual ni a la defensa de sus posturas. ¿Qué nos enseña ese episodio sobre el papel del debate público en la vida democrática actual?

KAIC: Nos demuestra la pérdida de las buenas costumbres. El diálogo para perseguir un acercamiento a la realidad y no, como vemos en la actualidad, la invalidación inmediata del otro.

AA: A dieciséis años de su fallecimiento, ¿cuál consideras que es el legado más vigente de Carlos Monsiváis para las nuevas generaciones de investigadores, escritores y ciudadanos?

KAIC: Ejercer nuestra capacidad de observación. No hay tema pequeño, si este es bien trabajado. Una pluma sugestiva, capaz de volver interesante los temas soporíferos. Darle la vuelta a la solemnidad desmerecida y perderle el miedo al humor y demostrar que este es una demostración más alta y aguda del intelecto.

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