Entrevista

La filosofía y la ciencia se encuentran en Univalle para dialogar en torno al lenguaje

En el marco del Coloquio Internacional Virtual Investigaciones filosóficas y científicas sobre el lenguaje, que se llevará a cabo entre el 21 y 22 de julio en la Universidad del Valle, y que contará con la participación de académicos como Sandra Lazzer, Karen Cárdenas, Alejandro Tomasini, Serge Robert y Douglas Niño, La Palabra ha dialogado con la profesora Lirian Astrid Ciro, del Departamento de Lingüística y Filología de la Universidad del Valle. La profesora Ciro, experta en lexicografía y lenguajes de especialidad, comparte con nuestros lectores sus impresiones sobre este importante evento.

Por: Alejandro Alzate

Foto: humanidades.univalle.edu.co
Foto: humanidades.univalle.edu.co

Alejandro Alzate (AA): ¿Qué problemáticas concretas del estudio del lenguaje adquieren mayor relevancia en esta edición del Coloquio?

Lirian Astrid Ciro (LAC): Esta edición pone sobre la mesa varias problemáticas de gran interés y pertinencia. En primer lugar, la pregunta por el estatus epistemológico de las ciencias del lenguaje: ¿cómo se articula un saber que va desde la lógica formal y la sintaxis hasta la pragmática, la semiótica y las literacidades académicas? El programa del Coloquio da cuenta de esa amplitud: de la sintaxis lógica de Sandra Lazzer al lenguaje natural y las ciencias cognitivas en Serge Robert, pasando por la semiótica agentiva de Douglas Niño. Un itinerario que nos invita a hacer dialogar tradiciones que a menudo han trabajado en paralelo.

En segundo lugar, aparecen con fuerza las cuestiones ligadas al significado en uso: la pragmática, el análisis del discurso y la relación entre lengua, sociedad y política lingüística. Y, en tercer lugar, hay una preocupación transversal por lo cognitivo y lo tecnológico: qué le ocurre al lenguaje natural en el escenario de las ciencias cognitivas contemporáneas y de las tecnologías que hoy median nuestras prácticas comunicativas.

AA: Usted ha desarrollado importantes investigaciones en lexicografía. ¿Qué retos enfrenta hoy esta disciplina en un contexto marcado por la inteligencia artificial y los grandes corpus digitales?

LAC: La lexicografía vive un momento apasionante y, a la vez, exigente. El primer reto es metodológico: los grandes corpus digitales —CORPES XXI, corpus diacrónicos, corpus dialectales— nos permiten trabajar con volúmenes de datos impensables hace apenas veinte años, pero exigen una alfabetización técnica que no siempre forma parte de la tradición filológica en la que muchos nos formamos. Hay que aprender a interrogar los corpus sin perder la sensibilidad filológica que da sentido al dato.

El segundo reto es epistemológico. La inteligencia artificial puede extraer patrones, sugerir definiciones, detectar neologismos, pero no reemplaza el juicio lexicográfico: decidir qué entra en un diccionario, cómo se marca diatópicamente un americanismo, cómo se representa la variación de la lengua española en Colombia frente a un modelo panhispánico, sigue siendo una tarea humana que exige criterio, tradición y responsabilidad cultural. Aquí la lexicografía histórica —la que me ocupa desde hace un par años, con figuras como Miguel Antonio Caro, Rufino José Cuervo o Rafael Uribe Uribe— aporta algo insustituible: memoria, perspectiva diacrónica, comprensión de cómo se han construido históricamente las normas lingüísticas.

AA: Desde su perspectiva, ¿cuáles son las tendencias investigativas más relevantes en los estudios lingüísticos actuales?

…la filosofía ofrece a la lingüística marcos conceptuales, preguntas fundacionales y una vigilancia epistemológica que evita que caigamos en tecnicismos vacíos; a su vez, la lingüística aporta a la filosofía datos, corpus, descripciones empíricas y una experiencia acumulada sobre cómo funciona la lengua.

LAC: Señalaría al menos cuatro tendencias. La primera es el giro hacia lo digital: se investigan las prácticas discursivas en entornos digitales, la mediación algorítmica del lenguaje y el impacto de los modelos de lengua sobre nuestras propias intuiciones lingüísticas.

La segunda es una revitalización de los estudios variacionistas y de la lingüística de contacto, con creciente atención a las variedades americanas y a las lenguas en situación de minorización. En el caso colombiano, esto se traduce en una lexicografía diferencial más madura, más consciente de la diatopía y menos subordinada al modelo peninsular.

La tercera es el auge del lenguaje claro y accesible como campo de investigación aplicada, con vínculos fuertes entre lingüística, derecho, administración pública y educación. La Red Panhispánica de Lenguaje Claro, en la que participo como delegada institucional, es un buen ejemplo de esa convergencia.

Y la cuarta es el diálogo cada vez más productivo entre lingüística, ciencias cognitivas y filosofía del lenguaje: preguntas antiguas —qué es significar, qué es comprender, qué es una regla lingüística— se están reformulando con herramientas nuevas.

Lirian Astrid Ciro, profesora titular del Departamento de Lingüística y Filología de la Universidad del Valle. Foto: lenguaje.univalle.edu.co
Lirian Astrid Ciro, profesora titular del Departamento de Lingüística y Filología de la Universidad del Valle. Foto: lenguaje.univalle.edu.co

AA: Esta edición propone un diálogo entre perspectivas filosóficas y científicas. ¿Cómo pueden complementarse estos enfoques para comprender mejor los fenómenos del lenguaje?

LAC: La imagen que nos recuerda el profesor Julián Trujillo de Austin en el texto de presentación del Coloquio —la filosofía como “sol tumultuoso” del que se desprenden, de tanto en tanto, las ciencias— me parece muy afortunada. En los estudios del lenguaje esa relación no es unidireccional: la filosofía ofrece a la lingüística marcos conceptuales, preguntas fundacionales y una vigilancia epistemológica que evita que caigamos en tecnicismos vacíos; a su vez, la lingüística aporta a la filosofía datos, corpus, descripciones empíricas y una experiencia acumulada sobre cómo funciona la lengua.

En mi propio trabajo, por ejemplo, es imposible pensar la obra lexicográfica de Miguel Antonio Caro sin comprender su ideal filosófico de corrección, ni entender los diccionarios diferenciales colombianos, sin discutir qué presuponemos filosóficamente al hablar de “norma”, “variedad” o “identidad lingüística”. El diálogo, cuando es honesto, obliga a ambas partes a precisar sus categorías. Y ese es, creo, el mayor beneficio de un evento como este: obligarnos a hablar entre disciplinas sin diluir el rigor de ninguna.

Tenemos figuras extraordinarias —Bello, Cuervo, Caro, Uribe Uribe, entre muchos otros— cuya obra sigue siendo un laboratorio conceptual para pensar el lenguaje desde nuestra región. Recuperar y actualizar esa tradición me parece una tarea pendiente y necesaria.

AA: En su opinión, ¿qué temas deberían ocupar un lugar prioritario en las próximas ediciones del Coloquio?

LAC: Me atrevería a sugerir tres. Primero, la relación entre lenguaje, tecnología e inteligencia artificial, abordada no solo desde la fascinación técnica, sino desde la reflexión ética y epistemológica: qué significa hoy “comprender”, “traducir” o “definir” cuando estas operaciones se delegan parcialmente a sistemas automáticos.

Segundo, el lenguaje claro y accesible como derecho ciudadano y como campo científico, especialmente en su aplicación a documentos jurídicos y administrativos. Es un tema donde la filosofía del lenguaje, la pragmática, la lingüística aplicada y la política pública convergen de manera natural.

Y tercero, la tradición lingüística y filológica latinoamericana. Tenemos figuras extraordinarias —Bello, Cuervo, Caro, Uribe Uribe, entre muchos otros— cuya obra sigue siendo un laboratorio conceptual para pensar el lenguaje desde nuestra región. Recuperar y actualizar esa tradición me parece una tarea pendiente y necesaria.

Agradezco al Grupo GITECLE, especialmente al profesor Julián Trujillo por la organización del Coloquio, y a los grupos ANÁLISIS y HERMES por haber propiciado este espacio de conversación.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba