Entrevista

Fútbol  y capitalismo

Ángel Cappa (Bahía Blanca, 1946) fue un entrenador de fútbol en clubes de su natal Argentina, alguna vez en México e incluso en España dirigiendo – junto a su compatriota Jorge Valdano – al poderoso Real Madrid. Es licenciado en Filosofía y Psicopedagogía, además de escritor y articulista en varios diarios, incluyendo esta casa editorial. El vínculo entre deporte y escritura le ha llevado a publicar libros como Fútbol sin trampa: en conversaciones con César Menotti; La intimidad del fútbol: grandeza y miserias, juego y retorno; A la par del fútbol y política / Conversaciones desde la izquierda, en coautoría con el académico Marcos Roitman.

Por: Mario Bravo
Tomado de La Jornada Semanal, No. 1635

Foto: AFP.
Foto: AFP.

Durante un mes, cada cuatro años, el planeta detiene su frenético andar mientras veintidós hombres en pantalones cortos corren sobre el verde césped para disputar la Copa Mundial de fútbol. Este deporte, lamentablemente, pierde cada vez más el sentido lúdico, identitario y estético que algún día lo caracterizó, pues ha sido fagocitado por las fauces capitalistas: sólo de 2019 a 2022, los ingresos de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) alcanzaron la monstruosa cifra de 7 mil 568 millones de dólares. El futbol como negocio y mercancía.

Anestesiante social

–¿Qué halla el sistema capitalista en el fútbol como para haber encajado allí las garras del mercado y el consumo?

–El fútbol tiene una clientela muy fiel y bastante numerosa, la más numerosa de todos los deportes. Por lo tanto, también mueve una cantidad de dinero impresionante si lo asumimos como fenómeno mundial. El capitalismo está presente mediante las grandes empresas, la industria de ropa y la televisión. Entendamos algo: este deporte sirve como un extraordinario anestesiante. Uno de los mayores triunfos del capitalismo es haber logrado, prácticamente, la despolitización de la mayoría de la gente en el mundo. Ni siquiera la amenaza de una guerra nuclear parece alterar a la sociedad. Ante personajes como Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Javier Milei, que aterrorizan al mundo, constatamos que uno de los vehículos de adormecimiento de las multitudes precisamente es el futbol; creo que eso encuentra el capitalismo en este deporte: un gran beneficio económico y la posibilidad de seguir adormeciendo a la gente

–¿El fútbol no ha permitido que los sectores más desposeídos posean la posibilidad de ganar algo en la vida? Por ejemplo, el caso del modesto equipo Nápoles, con Diego Maradona, que ganó un par de campeonatos en la década de los ochenta: ¡el sur atrasado y rural venciendo al norte empresarial e industrializado en Italia!

–Eso es ficticio. Puedo ganar un partido de fútbol, pero lo que no puedo ganar ni arrebatar es el poder en manos de los dominantes. Además, ese relato refuerza un engaño: “Vivimos en democracia, ¡mira cómo nos gana el Nápoles!” El poder siguió en las mismas manos en Italia por más que Maradona y su equipo hicieran esa gesta histórica. Aunque, también, esas victorias deportivas dieron un motivo de alegría a mucha gente… en eso estoy de acuerdo.

Foto: futboldeprimera.com.co
Foto: futboldeprimera.com.co

Millonarios desclasados

–El psiquiatra caribeño Frantz Fanon, en el libro Piel negra, máscaras blancas, se refirió a la epidermización: el negro desea acostarse con la mujer del blanco, vivir en la casa del blanco y manejar su automóvil. Es decir, el dominado anhela ser como su dominador y no es sólo una simple víctima. ¿Sucede esto con los futbolistas extraídos de sectores populares cuando alcanzan la fama y jugosos contratos?

–Sí, pero no solamente le sucede eso al futbolista. Paulo Freire dijo: “Si la educación no es liberadora, el oprimido querrá ser como el opresor.” Carlos Marx y Federico Engels también lo enfatizaron en el Manifiesto comunista: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes”, es decir, el oprimido piensa como el opresor y adopta los valores del capitalismo. ¿Cuáles son esos valores?: ser rico y famoso. Por lo tanto, casi todos los futbolistas (pero no solamente ellos, sino también los deportistas, en general) que acceden a un bienestar económico, desbordante y repentino, comienzan a sentirse pertenecientes a la clase social dominante. Es una fantasía porque no es verdad. El dinero, como dijo el profesor Marcos Roitman, nunca es un vehículo para acceder a la otra clase, pues no te dejan entrar por más millones que tengas. Entonces, el futbolista vive esa fantasía y comprende el uso de los cubiertos: cuál es para el pescado, cuál es para la carne, qué vaso es para el vino y cuál perfume usa la clase dominante. Además, empieza a alternar con mujeres que solamente veía en las revistas y las cuales antes ni siquiera lo miraban. ¡Ahora hasta lo llaman por teléfono! Se siente en una nube de fama y de dinero, ¡y se desclasa!

Foto: tsunun.wordpress.com
Foto: tsunun.wordpress.com

Una izquierda adormecida

–Ir al estadio a ver un partido de la próxima Copa del Mundo será algo prohibitivo para mucha gente ante los altos costos de los boletos… Darwinismo social en el futbol: sólo sobrevive el más fuerte económicamente hablando. ¿Cómo puede revertirse tal fenómeno?

–Cambiando la sociedad; pero soy pesimista en dicho sentido. Ese fenómeno solamente pueden modificarlo los hinchas [aficionados] al rebelarse. Por ejemplo, si la entrada es cara, pues no vamos al estadio o nos retiramos a hacer algún acto de protesta, tal como alguna vez realizaron los hinchas del Liverpool: la dirigencia del equipo quiso aumentar las entradas, entonces, la gente se retiraba del estadio en determinado minuto del partido. Así, finalmente, volvieron a los precios anteriores porque si no la gente seguiría protestando. La única posibilidad de recuperar nuestros derechos conseguidos con la lucha de la gente es volver a eso: a luchar… ¡no hay otra posibilidad! Obviamente, los dirigentes se opondrán. Además, los futbolistas se hallan atrapados y la gente está anestesiada. Así que soy pesimista.

El capitalismo ha logrado eso: adormecernos. Y, de alguna manera, tenemos que despertar. La izquierda también debe hacerlo, pues se amolda a lo menos malo y se enfoca en la cuestión electoral, creyendo que si rebaja sus ambiciones y su discurso, entonces será posible conseguir votos. Hoy, pasamos una etapa bastante oscura: la gente no reacciona ni siquiera ante la presencia de los criminales que aterrorizan al mundo.

Pep Guardiola, exjugador y entrenador de fútbol español. Foto: Tomada de medium.com
Pep Guardiola, exjugador y entrenador de fútbol español. Foto: Tomada de medium.com

Belleza utilitaria

“En el próximo Mundial, las reglas obligan a hacer pausas de hidratación, las cuales serán utilizadas para poner publicidad. El capitalismo le transmitió al futbol sus valores empresariales. ¡Están transformando este deporte! Hoy se permiten cinco cambios. ¿Por qué? Pues porque se juegan partidos casi todos los días; entonces, el jugador no puede aguantar. Se registra una gran cantidad de lesiones debido a que no soportan tal esfuerzo físico, ni tampoco el mental”, expresa Ángel Cappa, y reflexiona sobre cómo el utilitarismo erradicó el sentido estético en el balompié profesional: “Si uno de los valores del capitalismo es el beneficio rápido, ¿cómo se traduce eso en el fútbol? Muchos entrenadores y jugadores te dicen: ‘Ganar es lo único importante’. Entonces, al expresar eso, el juego no existe más: si vos jugaste muy bien y el rival te ganó 1 a 0, de contragolpe y por casualidad, ¡pues eres un idiota! Esa transferencia de valores empresariales le quita significado al fútbol como juego: antes tenía valor por sí mismo, no solamente por el resultado.

El juego valía, así como también la belleza. Lamentablemente, el capitalismo hizo que la belleza sea un adorno de lo que sirve, de lo útil. En el caso del fútbol se piensa así: si podés adornar el triunfo, bien… y, si no es posible, ¡no importa!”

Foto: Tomada de amazon.com
Foto: Tomada de amazon.com

Desposeídos del lenguaje

–Usted, junto con la periodista María Cappa [hija de nuestro entrevistado], escribió el libro También nos roban el fútbol. ¿Acaso las palabras no son también hurtadas por este capitalismo que todo lo compra y vende?

–Las palabras son fundamentales, pues nos transmiten conceptos para entender de qué se trata la realidad social. Antes, cuando decíamos libertad, tal concepto quería decir algo distinto a la libertad que, hoy en día, Javier Milei vocifera. En España, por ejemplo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, declaró que la libertad era salir por ahí a tomarse unas cañitas. Para ella, eso es ser libre. En la Argentina, ¿qué libertad puede tener un jubilado a quien no le alcanza para comprar sus medicamentos? Con la palabra democracia es lo mismo. Ahora significa votar entre lo malo o lo menos malo; pero nunca por la justicia social y económica. Hoy democracia es ir a votar durante pocos minutos y, después, vámonos a casa: se terminó la historia. No participamos más. Vivimos una ilusión de democracia. También nos roban las palabras revolución y comunismo, por ejemplo. En cambio, hay vocablos sacralizados: inversores. Y otros demonizados. Aquí, en España, hace un tiempo, si alguien quería descalificar políticamente a otra persona, le decía: “Usted es chavista o es bolivariano.”

Qué lástima, Messi

–¿Cómo explica que Lionel Messi apareciera sonriente, en marzo pasado, junto a Donald Trump en la Casa Blanca? ¿Por qué, en el futbol profesional, existen pocos casos como el del entrenador catalán Pep Guardiola, quien, por ejemplo, se ha posicionado abiertamente contra el genocidio en Gaza?

–Después de ese encuentro que mencionas, escribí un artículo titulado “Qué lástima, Messi”. Todo el mundo tiene derecho a opinar; pero, en este caso, consciente o inconscientemente, Messi apoya a un criminal: alguien que, con una bomba, ha matado a más de cien niños en Irán; alguien que defiende el genocidio en Palestina; alguien que secuestró a un mandatario… ¡alguien que está amenazando al mundo! Y digo qué lástima porque Messi nos llenó de alegría a todos los que nos gusta el fútbol. Sin embargo, él vive adormecido al igual que la mayoría de la humanidad.

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