Crítica

La Odisea: los migrantes y la ley de Zeus

El pasado 16 de julio se estrenó en Colombia la adaptación más ambiciosa de La Odisea. Christopher Nolan cancela la deuda histórica que el cine, desde su origen mismo, contrajo con la epopeya fundacional de la literatura y el pensamiento occidental. Esta nueva versión pone el foco en una de las cuestiones más espinosas de la civilización: cómo tratamos al que viene de fuera. A continuación, una reseña.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Universal Studios.
Foto: Universal Studios.

Christopher Nolan (1970) es, sin lugar a dudas, uno de los rostros más conocidos de la industria en lo que va de siglo. No solo representa el lado más delirante y megalómano del cine, sino que, además, ha conseguido llevar a la práctica estos proyectos quijotescos con la aprobación de la crítica y la taquilla. Sin ir más lejos, Interstellar (2014), quizá su obra más popular, se ha convertido en todo un referente icónico de los viajes espaciales. Otro tanto ocurre con The Dark Knight (2008), su primera incursión en el cine de superhéroes, con la que estableció una serie de convenciones que perduraron a lo largo de una década y que alcanzaron su cuota más alta, paradójicamente, con el Joker (2019) de Todd Phillips. Ha recibido múltiples premios, como el Óscar a mejor dirección y a mejor película por Oppenheimer (2023), que se transformó en un auténtico fenómeno cultural.

Matt Damon (Odiseo). Foto: Universal Studios.
Matt Damon (Odiseo). Foto: Universal Studios.

La idea de llevar un clásico como La Odisea a la gran pantalla estuvo rondando la cabeza de Nolan durante años. Tal como ha afirmado en numerosas entrevistas, creía que el cine tenía una deuda con este relato. No por nada se inspiró en el Ulises de Alfred Tennyson para el final de la ya mencionada Interstellar. Nolan consultó distintas fuentes para la escritura del guion, pero acabó decantándose por la aclamada y moderna traducción al inglés que Emily Wilson realizó en el 2017. El carácter realista de su trabajo le permitió perfilar a Odiseo, interpretado por Matt Damon, como una figura moralmente ambigua. Al momento de suprimir o profundizar en aspectos puntuales de la obra, como no podía ser de otro modo debido a su extensión, tomó de referencia sus propios intereses como espectador promedio que entra a la sala luego de haber leído el libro.

Hoy por hoy, en un mundo dominado por los discursos antinmigrantes, difundidos por Trump y acogidos por algunos miembros de la Unión Europea, el quebramiento de la ley de Zeus, verdadero móvil de las desgracias que padecen Odiseo y sus hombres, resuena con mayor fuerza que nunca. Siempre estuvo allí, pues el respeto por la hospitalidad es una constante de la cosmovisión griega. La xenia griega, el buen recibimiento para con los desconocidos, es el fundamento de su civilización, y de toda civilización.

La epopeya de Odiseo es el relato del retorno por antonomasia, o del nostos, como era conocido por los griegos antiguos. Luego de la batalla de Troya, contada en La Ilíada, los lectores son arrojados a la costa de una playa desierta junto a cientos de personajes desorientados y ansiosos por volver a casa. Esta nostalgia irreparable que los empuja a tentar a la suerte, y a Odiseo más que a nadie, ha cautivado la imaginación de las personas desde hace más de tres mil años. No se trata solo de una exploración minuciosa de la condición humana y del sentimiento trágico de la pérdida inherente al paso del tiempo, y Nolan supo trasvasar esto, sino de una astucia narrativa que sigue vigente y con la que los directores como él, obsesionados con las estructuras sofisticadas, se sienten particularmente cómodos.

Matt Damon (Odiseo) y Zendaya (Atena). Foto: Universal Studios.
Matt Damon (Odiseo) y Zendaya (Atena). Foto: Universal Studios.

Como sucede con todo clásico, La Odisea atesora un significado especial para esta generación, o tal vez esta generación está capacitada para encontrar un significado nuevo en ella. Más allá de cualquier labor pedagógica o didáctica, ajenas a la labor del director —dicho por él mismo—, lo cierto es que en el proceso de adaptación convergen una multitud de circunstancias que determinan el resultado final. Hoy por hoy, en un mundo dominado por los discursos antinmigrantes, difundidos por Trump y acogidos por algunos miembros de la Unión Europea, el quebramiento de la ley de Zeus, verdadero móvil de las desgracias que padecen Odiseo y sus hombres, resuena con mayor fuerza que nunca. Siempre estuvo allí, pues el respeto por la hospitalidad es una constante de la cosmovisión griega. La xenia griega, el buen recibimiento para con los desconocidos, es el fundamento de su civilización, y de toda civilización. La caída de Troya no es vista por Nolan, y quizá por los mismos griegos, como un triunfo real. Esta implica el abandono de la consideración y el reconocimiento por el otro. La resolución del conflicto, más que en el regreso, se encuentra en la restauración de este principio, sin el aliciente de que el extraño sea un dios disfrazado. Eso explicaría la afirmación del Odiseo de Nolan cuando dice: “No busques dioses en los hombres”.

Cristopher Nolan, director de cine estadounidense. Foto: Magnus Nolan.
Cristopher Nolan, director de cine estadounidense. Foto: Magnus Nolan.

A nivel técnico no es necesario añadir demasiado. La factura del trabajo de Nolan es ampliamente celebrada por distintos sectores de la crítica. La recreación de seres mitológicos está lo suficientemente cuidada como para no ir en detrimento de la atmósfera; por el contrario, parece emanar del enrarecimiento en el que se encuentran las fuerzas de la naturaleza. La banda sonora está a la altura sin ser precisamente invasiva. El trance que padece Odiseo al pasar junto a las sirenas es prueba de ello. Lo mismo puede decirse del trabajo actoral. Penélope (Anne Hathaway) está construida sobre una base menos pasiva —puede que esto sea producto de la traducción consultada— y despliega un amplio surtido de emociones que le confieren un matiz humano a la historia. Con todo, esta es otro de los trabajos de Nolan que se suma a la lista de los que no pasaron el test de Bechdel.

La Odisea (2026) nos ha devuelto, como ciudadanos tardíos de occidente, una de las historias más poderosas de la literatura universal, y este renacer viene acompañado por una de las verdades más incómodas y trilladas de la historia: sin la consideración que nace de aceptar al otro como a uno mismo, la civilización no tiene razón de ser, y sin esto, como le sucedió a Agamenón, no hay una vuelta a casa aunque se llegue sano y salvo.

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