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Ventana o pasillo, la más reciente novela de Consuelo Triviño Anzola

Editorial Seix Barral
302 páginas

Por: Alejandro Alzate Méndez

Foto: bukz.co
Foto: bukz.co

Neruda, Ernst Bloch, Cervantes, Onetti, Quevedo, Gonzalo Arango, Cortázar y André Malraux, entre muchos más, preparan el tejido literario de esta novela que se presenta ante el lector como una conversación íntima, muchas veces desgarradora y siempre nostálgica. La intensidad del diálogo de una escritora consigo misma, en distintos lugares y épocas de su vida, marca el ritmo de la narración que se abre temáticamente como las ramas de un árbol.

Desde esa perspectiva, la historia de Colombia, las ataduras culturales, la violencia política, la muerte, el feminismo, la vida universitaria e intelectual, las malas relaciones familiares, la adolescencia, la dignidad, la figura del viaje como motivo narrativo, la remembranza, la duda existencialista, el dolor, la candidez de la juventud, la vida en pareja, la soledad, la individualidad y la felicidad fugaz se constituyen en correlatos de la temática central: ¡ser escritor!

En adición a las categorías expuestas, hay una más que es relevante dada la característica itinerante de la ficción contada. Se trata del movimiento. Movimiento no solo físico que se traduce en los desplazamientos de Bogotá a Madrid, sino movimiento del pensamiento, de la voluntad y de la búsqueda incesante de la vida, tal como lo pone de manifiesto el siguiente fragmento: “Por un lado estaba la escritora, exigiendo espacio, reclamando experiencias; por otro, la persona buscando ser feliz. Por encima de la necesidad, estaba la dignidad, el derecho a ser yo misma, a forjarme un destino lejos de los condicionamientos de clase, de lugar de nacimiento, de las imposiciones culturales, de la violencia cotidiana, de las cargas que arrastraba desde la infancia”.

Ventana o pasillo, título que de por sí sugiere la proximidad de un despegue, es una aventura en la cual se proyecta una imagen movediza del ser que lucha constantemente con su entorno y consigo mismo; todo esto en pro de una definición más o menos satisfactoria, más o menos auténtica de lo que se es o quiere ser. De hecho, la impronta de dicha imagen movediza se reafirma con el anonimato de quien narra. De esta manera, el lector se confronta con un diálogo personal sujeto a la asignación de un nombre propio. Se ve cara a cara con su propia historia. Y ahí, justamente, hay un desplazamiento, un movimiento extra textual que va del narrador al lector para redondear la idea programática de la ficción en torno a preguntas como: ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro lugar? ¿A qué tradiciones nos debemos? ¿Dónde están depositados nuestros afectos? ¿Cuál es nuestra idea de la felicidad? ¿Estamos en paz con nuestra historia personal? Para concluir, es preciso decir que Ventana o pasillo es una novela de divertimento y angustia, de luz y de sombra, de altas y bajas porque de barros confusos, que ocasionalmente se revisten con pequeños destellos de lucidez, estamos hechos todos.

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