Fernando Molano Vargas: tras la huella de una obra que se redescubre
Con Fernando Molano ocurre lo que ocurre con tantos otros autores fallecidos: la muerte física, incluso más que la vida, se consolida como un espacio de reconfiguración, relectura y redescubrimiento por parte de lectores disímiles, pero siempre ávidos de novedades. También la academia y el sector editorial se suman a esta cadena que renueva, amplía y, muchas veces, pone en tensión las tradiciones literarias de diversos contextos. La Palabra ha dialogado con Miguel Ángel Gutiérrez, una joven voz crítica con criterio para hablar sobre la vida y obra del autor bogotano.
Por: Alejandro Alzate

Alejandro Alzate (AA): ¿Qué importancia tiene que espacios como el Coloquio Viernes de Letras permitan reflexionar sobre la vida y obra de un escritor como Fernando Molano?
Miguel Ángel Gutiérrez (MAG): Yo creo que lo importante de estos espacios yace en la oportunidad que brindan para hablar de literatura y, complementariamente, traer a la discusión y al foco literario a autores que estuvieron relegados, escondidos u olvidados en algún momento de la historia; bien sea porque no se les conocía o no se les tomaba en serio. Además, espacios como el Coloquio también habilitan la posibilidad para que quienes queremos y tenemos algo por decir, alrededor de ciertos autores o en torno a la socialización de nuevas perspectivas de lectura, lo hagamos y, en ese mismo ejercicio, encontremos otras personas que puedan estar interesadas en sostener conversaciones afines o crear nuevas.
AA: En tu opinión, ¿qué hizo que la obra de Fernando Molano estuviera “desaparecida” por más de 15 años del panorama editorial colombiano?
MAG: Parte del asunto en torno al ocultamiento de la obra de Fernando Molano es que el canon literario del país ha sido muy cerrado y se ha modificado poco, situación que, con el paso del tiempo, ha ido cambiando. Uno podría nombrar un par de razones de por qué esto pudo ser así hasta ahora, pero lo importante es que las nuevas voces y la nueva crítica literaria están permitiendo que se dé una suerte de redención, y es eso en lo que deberíamos enfocarnos. También es cierto que la obra de autores pertenecientes a disidencias sexuales siempre ha estado, de alguna manera, relegada u opacada por la orientación sexual del escritor o escritora, algo con lo que Fernando Molano luchó mucho, pues no quería que su obra se viera reducida a unas historias de “gays y ya”.
La obra de Fernando Molano es atemporal porque presenta las tensiones que se dan alrededor de la homosexualidad, tensiones con las que cualquier adolescente y hombre adulto podrían relacionarse, así como de seguro pasó para quienes tuvieron la fortuna de leerlo en los noventa, y es que esto responde, precisamente, a lo complejo que puede resultar amar distinto en un contexto sociocultural como el colombiano.
AA: En contraposición a la pregunta anterior, ¿por qué hoy es evidente un creciente interés investigativo y lector hacia la obra de este autor?
MAG: Yo soy fiel creyente de que esto se debe a que los que alguna vez fuimos jóvenes lectores hoy estamos tomando parte en las discusiones literarias en general, y a que tenemos mucho por decir frente a ese vacío que pudimos encontrar en algún momento. Ya hablando desde lo personal, mi interés por la obra de Fernando Molano no solo nació de lo poco que pude encontrar alrededor de sus novelas, sino también de la importancia de abordarlas desde una perspectiva distinta, porque mi experiencia como hombre homosexual chocaba mucho con aquello que se había planteado sobre su obra, sobre todo porque siento que había sido leída en demasía “con unos lentes rosa”.
AA: Desde tu perspectiva, ¿cuáles son los ejes temáticos más importantes que evidencia la obra narrativa y poética de Fernando Molano?
MAG: Amor, enfermedad y muerte. Esos, diría yo, que son los tres temas principales; pero siento que hay algo que encapsula a estos y es la experiencia del hombre homosexual colombiano. Omitamos el factor tiempo. La obra de Fernando Molano es atemporal porque presenta las tensiones que se dan alrededor de la homosexualidad, tensiones con las que cualquier adolescente y hombre adulto podrían relacionarse, así como de seguro pasó para quienes tuvieron la fortuna de leerlo en los noventa, y es que esto responde, precisamente, a lo complejo que puede resultar amar distinto en un contexto sociocultural como el colombiano. Ya a modo de comentario personal, me gusta mucho el tema del amor en su obra, porque es ese que se nombra de manera distinta, no para esconderse, sino para demostrar una imagen distinta de la intimidad. Que Fernando le llame “amigo” a su pareja va más ligado, a mi parecer, a un lenguaje que solo pertenece a ellos dos, donde la palabra remite a un significado distinto del que usualmente entendemos de la palabra “amigo”.
AA: ¿Percibís gestos militantes, proclamas o consignas de género en la escritura de este autor? O, por el contrario, ¿percibís la puesta en escena de una escritura cuyo único interés fue reivindicar el derecho a la ternura?
MAG: La escritura de Fernando Molano, para mí, es muy política. Esto, a pesar de lo que él tuvo que decir en algún momento sobre su obra ― que respeto mucho porque entiendo que era su manera de presentar sus producciones para que no fuesen y encasilladas― . Aun así, hay que reconocer algo: y es que, detrás de esas quejas de Felipe en Un beso de Dick, y de los pensamientos producto de la tensión alrededor de la experiencia de un hombre seropositivo como Adrián, en Vista desde una acera, hay un grito que busca la libertad, la reivindicación y el derecho a la ternura. Que no haya un statement directo o representaciones de personas yendo a una marcha no le quita esta dimensión. Fernando Molano puede no haberlo reconocido así, pero el impacto de su escritura en quienes lo hemos leído es innegable, y eso también es inherentemente político.



