Crítica

Periodismo, literatura y política: un trinomio para reflexionar sobre la Colombia actual

Si bien han pasado más de cincuenta años desde su publicación, Entrevista con la historia, de Oriana Fallaci, sigue siendo un texto vigente, un documento emblemático dentro del periodismo contemporáneo. Y no necesariamente por las preguntas incisivas ni por las licencias que se toma frente a personajes poderosos, sino por la invitación a pensar que el mundo sigue anhelando hoy las mismas cosas de siempre: libertad, paz, progreso y una armónica convivencia entre los pueblos. Colombia, independientemente del cambio de gobierno, sigue añorando lo mismo. ¿Será mucho pedir?

Por: Alejandro Alzate

Oriana Fallaci (1929 - 2006), escritora, periodista y activista italiana. Foto: Efe.
Oriana Fallaci (1929 – 2006), escritora, periodista y activista italiana. Foto: Efe.

La literatura tiene cosas maravillosas, como lo son la capacidad de crear mundos que no existen, (mundos posibles), y la capacidad de observar críticamente aquellos que sí existen. En el caso de la literatura norteamericana, por ejemplo, una novela como Matadero 5, de Kurt Vonnegut, logra algo genuino: que el lector se conmueva, se haga preguntas y se ofusque, incluso, frente a los desmanes y atrocidades que se vivieron durante la Segunda Guerra Mundial. A través de las memorias del soldado Billy Pilgrim, sobreviviente al bombardeo de Dresde, la trama cuestiona verdades otrora indiscutibles, da cuenta de la desconfianza en el mundo y sus instituciones y, sobre todo, deja en claro que en las guerras nadie gana, pero sí todos pierden.

En el caso de la literatura latinoamericana, la violencia también ha sido abordada con suficiencia por nuestros escritores. De esto dan prueba, tan solo para citar un ejemplo, la ingente cantidad de obras que se escribieron dentro de la denominada novela del dictador. De Vargas Llosa a García Márquez, pasando por Carpentier, Asturias o Roa Bastos, las observaciones hechas a la guerra política y la barbarie también han cuestionado ideologías, han desnudado las ambiciones de nuestros dirigentes militares, y han evidenciado el sufrimiento de nuestras comunidades, sus dolores y su sometimiento frente a las voluntades de aquellos que creyeron tener el derecho de decidir quiénes vivían y quiénes no, quiénes eran amigos y quiénes enemigos.

Desde la otra orilla, es decir, desde la no ficción, el libro de Oriana Fallaci da a conocer, en las voces de algunos de los más importantes actores políticos del siglo XX, lo que la narrativa había cuestionado ya (¿el poder para qué?) haciendo más sólida aún la indagación sobre esta poderosa pregunta. En ese sentido, el discurso periodístico pone sobre la mesa un interés común, que no es otro que permitir que las gentes conozcan lo que pasa alrededor suyo, aquello que las afecta directamente pero que también, por eso mismo, puede movilizarlas a pensar y a ser sujetos concretos de cambio.

Veamos, en la entrevista a Indira Gandhi, realizada en 1972, que hay una pregunta a la que sigue una respuesta no solo actual, sino aplicable a la situación sociopolítica colombiana. ¿A raíz de qué? A raíz de las tensiones que existen entre la izquierda y la derecha (o ultraderecha, si se quiere):

—  ¿Tienen razón, pues, los que la consideran más a la izquierda de lo que había estado su padre?
Yo no veo el mundo dividido entre derecha e izquierda. Y no me importa nada si uno está a la izquierda, a la derecha o al centro. Aunque usemos estas expresiones, y yo misma las uso, han perdido todo significado. No me interesan ni una ni otra patente: solo me interesa resolver determinados problemas, llegar a donde quiero llegar. Tengo algunos objetivos. Son los mismos que tenía mi padre: dar a la gente un nivel de vida más alto, terminar con la lacra de la pobreza, eliminar las consecuencias del atraso económico. Y quiero conseguirlo. Y quiero conseguirlo de la mejor de las maneras sin preocuparme si la gente califica mis acciones como de izquierdas o de derechas.

En tiempos de tanta polarización y malestar social en Colombia, ¿qué nos sugiere la respuesta de la líder hindú asesinada en 1984? ¿A qué nos invita como ciudadanos del siglo XXI? ¿Qué, en términos prácticos, moviliza dentro de cada uno de nosotros? Estas preguntas permiten pensar dos cosas concretas y unívocas: en primer lugar, que el papel que juegan la literatura y el periodismo en las sociedades democráticas es fundamental, y no solo por su ejercicio como tal, sino por la posibilidad de generar preguntas más allá de los intereses de ciertos sectores que prefieren el adormecimiento ciudadano. En segundo lugar, el llamado a superar los posicionamientos políticos y los sectarismos también es importante. ¿De qué sirve defender colores o ideologías cuando la gente se muere de hambre, de sed o no puede acceder a la educación o a los servicios sanitarios básicos?

De Vargas Llosa a García Márquez, pasando por Carpentier, Asturias o Roa Bastos, las observaciones hechas a la guerra política y la barbarie también han cuestionado ideologías, han desnudado las ambiciones de nuestros dirigentes militares, y han evidenciado el sufrimiento de nuestras comunidades, sus dolores y su sometimiento frente a las voluntades de aquellos que creyeron tener el derecho de decidir quiénes vivían y quiénes no, quiénes eran amigos y quiénes enemigos.

Medio siglo después, la respuesta de Indira Gandhi nos debe llamar a todos: hindúes, colombianos, latinoamericanos y demás para comprender que nuestros contextos están llenos de situaciones que, lejos de tener respuestas satisfactorias, abren infinitas preguntas, infinitas posibilidades para pensar y forjar un criterio personal y crítico frente a lo que pasa en ámbitos tan complejos como los descritos: salud, educación, economía, diversidad y sostenibilidad ambiental.

Foto: incunabula.co
Foto: incunabula.co

También, desde luego, la respuesta nos propone algo inobjetable y fácilmente conjeturable, como es la necesidad de alcanzar una madurez política que vaya más allá del culto a los caudillos. Mientras las sociedades avanzadas profundizan en la deliberación pública de interés general, las sociedades rezagadas siguen rindiendo culto a la figura particular de un dirigente. Veamos ahora otra pregunta no menos interesante:

— Señora Gandhi, ¿qué significa para usted la palabra socialismo?
— Justicia. Sí, significa justicia. Significa intentar trabajar por una sociedad más igualitaria.
— Pero en sentido pragmático, libre de ideología.
Sí, porque ¿de qué sirve permanecer ligado a una ideología si a través de ella no se consigue nada? Yo también tengo una ideología: no se puede trabajar en el aire, hay que tener fe en algo. Como decía mi padre: hay que tener una mente abierta, pero hay que meter dentro alguna cosa, si no las ideas se escapan como arena entre los dedos. El hecho de que tenga una ideología no significa, sin embargo, que esté adoctrinada. Hoy en día no hay que dejarse adoctrinar, ¡el mundo cambia tan deprisa! Tal vez lo que quería hace veinte años, hoy no sirve para nada, está superado. Mire, el único punto que, en mí, ha permanecido inalterable a través de los años es que aún haya en la India tanta pobreza. La mayor parte del pueblo no disfruta todavía de los beneficios que debiera haberle traído la independencia. Y entonces, ¿de qué sirve ser libre? ¿Por qué queremos ser libres? No para limitarnos a echar a los ingleses. En eso siempre fuimos claros: siempre dijimos que nuestra lucha no iba solo contra los ingleses como representantes del colonialismo, sino contra todos los males que había en la India. El mal del sistema feudal, el mal del sistema basado en las castas, el mal de la injusticia económica. Pues bien, el mal no está erradicado. Después de veinticinco años somos políticamente libres, sí, pero estamos muy lejos de conseguir los objetivos que nos habíamos propuesto.

¿Qué elementos de la experiencia política hindú pueden dialogar con nuestra experiencia política hoy? ¿Cuáles son los aprendizajes que podemos tomar para poder avanzar realmente? ¿Para qué sirven las ideologías? ¿Necesitamos una ideología en Colombia? Desmenucemos la respuesta de Indira Gandhi para analizar algunos elementos. Lo primero que se reivindica no es un ismo, es decir, no es importante el socialismo en sí.

Desde la otra orilla, es decir, desde la no ficción, el libro de Oriana Fallaci da a conocer, en las voces de algunos de los más importantes actores políticos del siglo XX, lo que la narrativa había cuestionado ya (¿el poder para qué?) haciendo más sólida aún la indagación sobre esta poderosa pregunta.


Lo importante es la justicia que pretende el bien de las comunidades oprimidas. Posteriormente, se destaca que no hay que dejarse adoctrinar y, finalmente, y esto es lo verdaderamente valioso, se cuestiona el para qué de la libertad. ¿Somos realmente libres los colombianos? ¿Qué entendemos por libertad ahora que se baten sobre nuestro país las alas del águila norteamericana?

Dada la reciente elección presidencial en Colombia, y las tensiones que se han derivado de ella, lo que plantea Entrevista con la historia es pertinente porque estimula un pensamiento complejo; pero, más allá de eso, lo que posibilita este libro de entrevistas, en general, es que las comunidades entiendan cómo piensa el poder, qué ambiciones lo motivan y cómo su accionar afecta a la gente del común, sobre todo a la más desfavorecida. Literatura, política y periodismo han hecho notables aportes cívicos a lo largo de la historia. Cada uno, desde las especificidades de su registro social, histórico y estético, ha cuestionado gobiernos e ideologías, también ha abierto caminos de esperanza y pensamiento democrático real (no sectario).

Ahora bien, esto es apenas una parte de lo que se necesita para conseguir cambios. El resto de la responsabilidad está en las comunidades, en su capacidad inteligente de reacción, porque… ¿qué pasa si la literatura y el periodismo fracasan o se quedan cortos en sus tentativas por abrir los ojos a las masas? En cualquier caso, quedarán las preguntas que incomodan, azuzan y alejan el adormecimiento colectivo. Quedará la semilla de la duda que nuestras sociedades interpretarán como la obligación de ir más allá. Y mientras todo esto pasa, Colombia seguirá procurando, como dice Gandhi, “terminar con la lacra de la pobreza y eliminar las consecuencias del atraso económico”. ¿Será mucho pedir?

Indira Ghandi (1917 - 1984), política india. Foto: Tomada de Wikipedia.
Indira Ghandi (1917 – 1984), política india. Foto: Tomada de Wikipedia.

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