El vientre de todas las guerras: una novela para hacer caminar la historia
Por: James Rodríguez Calle
Título: El vientre de todas las guerras
Autor: Romero, Armando
Editorial Sílaba, 2025
337 páginas

Quizás no haya actualmente una tarea cultural más urgente que la de construir memoria colectiva; especialmente en tiempos en los que convivimos con negacionismos y presentimos extremos. A diferencia de las ciencias sociales, la literatura no está obligada a comprometerse con la Historia o la memoria, pero en ocasiones suele hacerles grandes aportes. Con ocasión de la presentación de la novela El vientre de todas las guerras en la Librería Oromo de Cali, el autor Armando Romero mencionó uno de esos aportes a partir de una anécdota iluminadora: “El historiador Miguel Camacho me decía el otro día […], hablando de la novela, que yo había puesto a caminar la Historia”.[1]
Hacer caminar la Historia tiene que ver con el proceso de creación. Los documentos históricos son un bien al que se puede acceder, a veces con esfuerzo, a veces con la facilidad del acceso remoto a una base de datos en línea o incluso a la divulgación en Wikipedia; pero hacer que un personaje tome vida y empiece a caminar con potencia estética o verosimilitud es la parte difícil para quien escribe literatura; es parte del oficio del novelista que también incluye la creación de atmósferas, diálogos, escenas verosímiles, etc. Romero imaginó a Ariel y a Aminta, dos intelectuales que viven en Madrid, investigan y escriben sobre el presente y el pasado de Colombia, en una atmósfera variopinta que combina escenas de gángsters y experiencias gastronómicas.

Ariel busca novelar las últimas décadas del siglo XIX, desde el Valle del Cauca, cuando todavía era parte del Gran Cauca; Aminta hace periodismo sobre la relación de Colombia con las mafias rusas y española y la trata de blancas. De su vida cotidiana y la investigación de Amita emerge una novela negra; de la investigación de Ariel, una novela histórica sobre las guerras interminables de Los Estados Unidos de Colombia, fundada en 1863, y la República de Colombia, refundada en 1886. Es decir que El vientre de todas las guerras en realidad no es una novela, sino dos novelas cuyo hilo conductor es Ariel, las guerras y la violencia colombiana.
El vientre de todas las guerras establece, así, una ficción que abarca más de 150 años, a la manera de algunas ficciones audiovisuales actuales, especialmente series y películas; la hermenéutica, la pregunta por lo que no fue narrado permite salvar la historia del olvido, de la catástrofe de la modernidad; pero luego hay que poner a andar la historia. Para ello nada como el arte de la novela histórica.
Aunque Romero menciona otros antecedentes, el que me parece más cercano es Otra maldita novela sobre la guerra civil, del español Isaac Rosa, puesto que uno de los personajes es el crítico de literatura que revisa La malamemoria, su novela escrita en la juventud, a la cual le encuentra todos los defectos posibles. No es casual que en ambos casos uno de los temas tenga que ver con las preguntas sobre la verdad histórica y sobre cómo los escritores van evolucionando y cambiando sus intereses, su poética, su oficio para narrarla. En el caso de Romero nos llama la atención la aparición del Jorge Isaacs posterior a la escritura de María, y la ironía con la cual Romero nos muestra los discursos que aplanaron su imagen; también llama la atención que el mismo Ariel nos narre sus hallazgos históricos y el trato ficcional que debe darles en muchos casos, sin ocultar que la novela permite licencias que los historiadores no tienen. De esta forma, la reflexión sobre la escritura de poesía, narrativa literaria y periodismo investigativoson constantes y le hacen contrapunto a las dos tramas principales.
Pero es en el centro de la novela histórica escrita por Ariel donde El vientre de todas las guerras hace el mayor aporte a la memoria histórica, haciéndola caminar: los dos ancestros ficcionales de Ariel son comerciantes, militares y ambos participan de la política. Uno, Pacífico, es un liberal radical, y el otro, Primitivo, un claro ejemplo del liberalismo conservador o el conservadurismo liberal de muchos “hombres de negocios” (de entonces y de ahora). El liberal radical sigue los preceptos y el liderazgo de Tomás Cipriano de Mosquera, quien emerge como personaje esencial en la primera parte de la novela. Romero logra llevarnos a su hacienda en Popayán para asistir a escenas cotidianas con Ernesto Cerruti, esposo de su hija, comerciante italiano, protagonista de uno de los sucesos históricos más impresionantes de finales del Siglo XIX: “La cuestión Cerruti”, en la que participaron gobiernos de Italia, España, Colombia y Estados Unidos.

Mosquera y Cerruti son esenciales para conocer los pormenores de las últimas resistencias liberales en el Gran Cauca, antes de que emerja la Regeneración colombiana. Primitivo, en cambio, es el puente entre el mundo revolucionario del Vallano (con el centro en el actual San Nicolás) y el mundo conservador del Empedrado (con las actuales iglesias de La Merced, San Francisco y San Pedro); entre su esposa conservadora, bien portada, cercana al clero, etc.; y su amante liberal, terrateniente, mestiza, libre, revolucionaria. Los hermanos se unen, sin embargo, cuando hay un buen negocio de por medio. No importa si se trata de minería, ganadería o secuestrar a un obispo.
Con Núñez y Caro como telón de fondo, la novela va mostrando lo que va de la Guerra de las Escuelas (1876-1877), a la Guerra Civil de la Regeneración (1885) y la Guerra de los Mil Días (1899-1902), desde los ojos, principalmente, de Primitivo y Pacífico; pero también de otros personajes, especialmente mujeres, que sostienen los pormenores de la guerra en varios planos. En el vientre de todas las guerras –en el “huevo de la serpiente”, aclaraba en la presentación de Oromo–, estaría una combinación de odios, sectarismos y ambiciones que traspasan el tiempo y se transforman en el programa ideológico de exterminio que se vive en la actualidad y que en España es un reciclaje del franquismo: “Allí participaban políticos y empresarios y toda clase de gente ultraconservadora, cristiana, dispuestos a salvar a España y a Colombia de los peligros de los comunistas, liberales capitalistas, globalistas, librepensadores, falsos cristianos, homosexuales, bestias, animales y mientras afirman «el espíritu de Franco nos acompaña»” (p. 294). Aminta hace los hallazgos en España, mientras establece características del fascismo en el siglo XX, encarnadas principalmente por Gilberto Alzate Avendaño y Laureano Gómez.
El vientre de todas las guerras establece, así, una ficción que abarca más de 150 años, a la manera de algunas ficciones audiovisuales actuales, especialmente series y películas; la hermenéutica, la pregunta por lo que no fue narrado permite salvar la historia del olvido, de la catástrofe de la modernidad; pero luego hay que poner a andar la historia. Para ello nada como el arte de la novela histórica.
[1] La presentación se realizó el 25 de abril con la presentación de Gustavo Bueno. La anécdota se cuenta en el minuto 25 y puede verse en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/live/2BS9CyLrFOc



