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Pa la pista y otros relatos

Por: Oscar Obando
Estudiante de Lic. en Literatura

Portada del libro - Fotos: Andrés Rojas.
Portada del libro – Fotos: Andrés Rojas.

Pa la pista y otros relatos
Andrés Rojas
Colección Autores Vallecaucanos
154 páginas
2016

Terminado el libro Pa la pista y otros relatos, ganador del premio Jorge Isaacs 2016 en la modalidad de cuento, caló en mi mente la idea del lector estudioso: clasificarlo. “Literatura urbana” fue la primera opción, pero no era la acertada, quizá porque encasillar estos cuentos de Andrés Rojas en una categoría puede ser un error. Su flexibilidad temática, sospecho, se debe a un asunto de generación.

Pienso en Los funerales de la mamá grande, en El llano en llamas e Historia universal de la infamia, referentes del cuento latinoamericano, y me pregunto si acaso un libro de cuentos debe ser atravesado necesariamente por un solo tema o estilo.

Es posible que el mundo haya cambiado también en este aspecto. Que frente a una visión cercana –aunque borrosa– de su completitud por medio de la conexión global (Internet), los autores de este nuevo siglo puedan abordar preocupaciones diversas y ajenas tanto a su visión local como a su tradición literaria; estas preocupaciones pueden transformarse en diversidad de temas, espacios y poéticas. El canon sigue siendo importante, pero en un mundo donde abundan tantos contenidos de calidad, el arte busca romper paradigmas y ser flexible. El libro de Andrés Rojas toca diferentes temáticas en cada cuento: en algunos se conoce Cali como la ciudad-rumba, como en Pa la pista y Ángeles, sin embargo la historia del Caso Spillman sucede en una alta sociedad inglesa; sólo en los dos primeros se puede pensar en una literatura urbana. Por otra parte, otros cuentos no se adueñan de un lugar definido como Retrospectiva de una infancia con torcaza –donde prima la temática de la inocencia infantil en un escenario rural-urbano–, Los Salinger –cuento que combina el tema de la relación obra-artista con los mundos post apocalípticos– y Lugares comunes –historia de amor de un intelectual tímido–; estos nos acercan a temas de lo cotidiano, el realismo y lo fantástico, mezclados en diferentes proporciones.

Siete de los nueve cuentos que componen el libro poseen un narrador participante en los hechos, cada uno es un personaje espiritualmente diferente y reconocible, con su propia voz y preocupaciones. Por lo general, el narrador en primera persona puede ser de dos tipos: uno que recuerda y otro que vive, se diferencian sobre todo por el tiempo –pasado y presente respectivamente: uno se trata a sí mismo como personaje, la persona que fue, mientras el otro no desliga acción de narración–.

Andrés Rojas, autor
Andrés Rojas, autor

El narrador de Ángeles habla a un amigo por teléfono para narrarle la aventura de cierta noche, de rumba y romance, en su ausencia; junto a una mujer a quien la suerte no la llevó por caminos felices. El relato de las peripecias de su aventura se acopla con el relato de la tragedia personal de la mujer. Es un narrador que recuerda, al punto de que no se puede saber si miente o dice la verdad.

Este mismo tipo de narrador está presente en Los Salinger, una historia acerca de una pareja de zombis, quienes viven desafiando sus impulsos asesinos con la práctica de una vida cotidiana tranquila. El narrador, un humano normal, cuenta un episodio que vivió junto a ellos, reconociendo los preceptos de una condición humana más allá de la muerte y la humanidad.

En el cuento Pa la pista reconocemos al otro narrador en primera persona: el que vive. La historia sucede también en Cali y trata las costumbres de la ciudad-rumba, atravesada por las contrariedades del malevaje. El narrador es el amigo del protagonista, William, personaje que dibuja detalladamente el orgullo desmedido del caleño común, para quien el mínimo conflicto puede terminar en fatalidad. Respondiendo a la tradición, es su orgullo el que lo hace caer en desgracia. El narrador cuenta mientras vive, por eso cada momento está incrustado de tensiones para no molestar a su amigo William.

Por otra parte, Retrospectiva de una infancia con torcaza – de narrador que vive– está totalmente focalizado en la historia del narrador, un niño que pasa de casa en casa familiar y no es querido en ninguna, su madre no puede estar con él por su trabajo. Sin embargo, la historia es apenas la cotidianidad de su vida al momento de encontrar una torcaza herida. El conflicto no está explícito en la historia del niño, como si él mismo no lo contara sino que lo sintiera. El niño pasa la semana entre la casa del campo con su abuelo y la casa en la ciudad con la familia de sus tíos. Cada personaje está construido desde su relación con ellos.

Estos cuentos recuerdan a los de Juan Rulfo, con él comparten la poetización del lenguaje cotidiano, esta vez del castellano caleño. Los temas dan nuevas luces a la cotidianidad, mostrando sus elementos desapercibidos. Andrés Rojas hace poesía por medio de imágenes descritas que ayudan a llenar el espacio de tensión y detalles importantes. Su lenguaje es como el caleño hablado, del cual sabe filtrar su poesía.

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