Entrevista

“Los caleños tenemos la herencia africana en la sangre, la música y la cultura”

Mauricio Campo, mejor conocido como Mauricio Milagros, es un referente importante de la música hecha en Cali. Más de veinte años de carrera le han dado una perspectiva enriquecida y diversa de lo que significa ―e implica― hacer rock en el país. La Palabra dialogó con él sobre música, literatura y arte.

Por: Alejandro Alzate

Mauricio Milagros, artista caleño.
Foto: Mauricio Triviño.

Alejandro Alzate (AA): Bien sabido es que Cali es una ciudad mulata con importantes rasgos culturales africanos. En ese sentido, ¿cómo describís la herencia afrolatina en esta nueva etapa de tu carrera?

Mauricio Milagros (MM): Los caleños tenemos en la sangre esta herencia. Los diferentes procesos de migración han traído a las negritudes a la ciudad y ellas, a su vez, la han impactado en lo económico y lo cultural. En lo personal, nunca he estado alejado de lo afrolatino. Desde la época de Superlitio siempre han estado ahí las fusiones. En tanto hijos del movimiento alternativo, la salsa, el rock, la electrónica, la cumbia y el bolero siempre estuvieron ahí, en el alma de la banda. Ahora, en esta nueva etapa de mi carrera, aún conservo esa misma línea. Es mi forma de hacer música. Me interesa mucho indagar por diferentes ritmos, me gusta que mi música no sea toda igual. A raíz de esto, precisamente, he denominado mi estilo como rolafunk, es decir, rock+latin+funk. Ahora bien, expresiones como el merengue también tienen cabida dentro de mi experimentación sonora, claro que sí.

(AA): Desde los tiempos de Superlitio se advertía un gusto por la experimentación sonora. Así, por ejemplo, eran reconocibles los trazos de lo disco, lo funky y lo electro. ¿A qué sabe hoy tu música, con qué “barro” está amasada?

(MM): Mi propuesta tiene mucho disco, mucho funk, algo de electro, cumbia, ska, salsa y merengue, como mencionaba hace un momento. Estos son los elementos que hacen de esta “mezcolanza” algo interesante y, sobre todo, emocionante. Me interesa divertirme y lograr la mejor vibra con mis músicos y con el público. Cuando se toca en vivo, todo esto sale a relucir y permite el goce de todos.

(AA): La música y la literatura se encuentran, dado que ambos son dispositivos para contar historias. ¿Tenés algún escritor que te guste, motive o estimule a la hora de componer tus canciones?

(MM): Desde pequeño me ha interesado la literatura. Me gustan Henry Miller y los autores de la generación Beat, especialmenteJack Kerouac. Digamos que Bukowski es mi autor favorito. Me gustan su humanismo, su desparpajo y su poca necesidad de “sobre producir” sus ideas para poderlas mostrar. De hecho, tuve la colección en español de sus novelas. También me interesa la literatura de corte espiritual. Me gustan, en ese sentido, Carlos Castañeda, Jacobo Grinberg y acercarme a Buda. No me interesan las religiones, nunca las he tenido muy en cuenta, pero sí me gusta cultivar la espiritualidad. Me parece fascinante la idea de la eternidad del espíritu. En el plano caleño, desde luego, me interesa Andrés Caicedo. De hecho, hace poco hice una relectura de !Que viva la música!

(AA): Al escuchar tu propuesta musical se percibe algo que es muy interesante, es decir, quien se acerque a tu trabajo puede ir de la fusión sonora más desenfadada a las letras para pensar. ¿Creés en el juego como característica esencial del arte? ¿Qué significa para vos hacer un arte que divierta?

(MM): Me gusta divertir y divertirme con lo que hago. Me gusta canalizar mediante la música toda mi energía, mi alegría y mis enfados. Me gusta el juego en la medida en que permite la experimentación. Así, si estamos tocando una salsa, por ejemplo, siempre hay lugar para la entrada o participación de otros motivos sonoros o expresivos. Puedo ir de un fraseo cantado a uno rapeado, de una estrofa en prosa a una más lírica. Hacer un arte que divierta significa, en síntesis, probar registros muy libremente, significa contemplarlo todo como posibilidad creativa, es poder ir de una canción como “Si los dragones existieran”, cuya letra es muy lírica, a otra como “El negro”,en la que se destaca la cumbia-electro y el acercamiento a lo “procaz” del reggaeton.

(AA): ¿Cómo percibís el hecho de hacer música de manera independiente en Colombia? ¿Han mejorado las cosas o sigue siendo una odisea?

(MM): Una de las cosas que me hizo retirar de la música, hace unos diez años, fue aquello de la “payola” existente en las emisoras y canales de televisión. Tener que agradar y hacer las cosas de una manera determinada es muy complejo. Ahora, afortunadamente, no se necesita un sello disquero. Un músico puede grabar su canción y subirla a plataformas digitales como Youtube o Spotify. Estas nuevas formas de llegar al público me parecen muy interesantes. A raíz de todo esto, creo que las cosas sí han mejorado. Muchos músicos han salido adelante usando estas nuevas formas de conectar. Ahora, siempre vendrá bien tener un producto de calidad y una óptima estrategia de mercadeo. La relativa facilidad de difusión no resta importancia a esto último.

(AA): ¿Considerás que hacer un disco es algo parecido a hacer un libro? ¿Qué diferencias o puntos de encuentro observás?

(MM): De alguna manera, sí hay similitudes, porque se trabaja a partir del desarrollo de una historia, de un momento que está inscrito en un tiempo. Las metodologías de lo uno y lo otro tienen muchas formas de concretarse. Lo importante, digamos, es la riqueza del ejercicio creativo. Yo, por ejemplo, puedo componer una melodía y luego ponerle letra, como hacía Cerati, o puedo partir de un texto y después hacer la melodía, como hacía en mis inicios con Las Vacas, una de mis primeras bandas, y después con Superlitio en la época de Salvatore Aguilera, baterista y compositor con letras muy chéveres.

(AA): ¿Cuántas canciones tenés listas en esta nueva etapa de tu carrera y cuál es, particularmente, significativa para vos?

(MM): Bueno, después de estar lejos de la música por diez años, tengo once canciones grabadas hoy por hoy.  De estas, he lanzado nueve en redes y plataformas digitales.  Me gustan mucho “Si los dragones existieran”y “Lo que por agua viene”. También me gustan bastante temas como “Tú sabes”, “La calle” y “El negro”.

Una de las cosas que me hizo retirar de la música, hace unos diez años, fue aquello de la “payola” existente en las emisoras y canales de televisión. Tener que agradar y hacer las cosas de una manera determinada es muy complejo. Ahora, afortunadamente, no se necesita un sello disquero. Un músico puede grabar su canción y subirla a plataformas digitales como Youtube o Spotify.

(AA): ¿Creés en los milagros? ¿Por qué has añadido este sustantivo a tu nombre?

(MM): Sí, claro, creo en los milagros. Estos son mágicos cuando los vemos desde la conciencia y logramos identificar que no somos esa “programación” inculcada que nos puede llegar a limitar tanto. Yo llegué al nombre de Mauricio Milagros después de leer y hacer ― Un curso de milagros. Este texto vino a mí gracias a un amigo. Yo estaba en un momento muy complejo de mi vida y la verdad fue muy importante en mi resurgir. De lo más importante que aprendí fue a vaciarme para poder ver mi esencia. Entender que la mente requiere una observación consciente es muy importante. Comprender que siempre uno tiene el control ha sido muy valioso para mí. En cuanto a la señal que me confirmó mi nombre artístico, puedo decir que fue realmente mágica: una noche me acerqué a mi biblioteca y me percaté de la existencia de un libro llamado Shaporo, escrito por una antropóloga quien estuvo casada, justamente, con Carlos Castañeda. Ahí noté, con mucha sorpresa y alegría, que el personaje principal era hombre y se llamaba Milagros.  Este personaje era un aborigen que fungía como puente de comunicación entre su comunidad y la gente de Leticia. Todo esto fue una epifanía para mí, una auténtica revelación; de ahí que, en ese preciso momento, se disiparon todas las dudas y atendí la señal de que debía llamarme Mauricio Milagros.

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