Entrevista

Petronio: una cultura pacífica

Un llamado al encuentro de un pueblo negro en resistencia que vibra a través de su tradición, y que trasciende la percepción del Festival de Música Petronio Álvarez como una rumba de fiesta, trago y viche,  a un espacio que nos permite conectar con nuestra ancestralidad.

Por: Diana Paola Arboleda Mancilla
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Yesica Rodríguez, psicóloga y gestora cultural desde la poesía y la música tradicional del Pacífico.
Foto: Cortesía Yesica Rodríguez.

Un llamador suena, cununo, bombo y guasá, se escuchan hermosas voces y la marimba repicar… cuerpos danzando se alegran, el sudor dice más, todo un pueblo gozando, disfrutando en comunidad. Una tradición nació. En 1996 se realizó el primer festival de música pacífica llamado Petronio Álvarez, y este año tiene lugar la versión XXVI.

Muchos habitantes del litoral Pacífico se desplazan masivamente a  Cali para vivir este gran evento, la mayoría de ellos como espectadores, otros como participantes. Hablando con Yesica Rodríguez, psicóloga y gestora cultural desde la poesía y la música tradicional del Pacífico, nos cuenta la visión de la comunidad frente a esta tradición.

“Para mí el Petronio Álvarez es una gran reunión entre los territorios del Pacífico que nos permite vibrar a través de la música”, afirma Yesica. “Además de la música, también nos hace vibrar a través de la gastronomía, de la danza y de la literatura, porque dentro del Petronio hay diferentes ramas que lo conforman hoy en día, que nos permiten ver la diversidad y la gran riqueza que tiene nuestro pueblo del Pacífico colombiano. Entonces, de alguna manera es recoger todos esos talento y todas esas muestras, y pues también, desde ahí, seguir resistiendo desde nuestros territorios”.

Los pueblos de cultura negra luchan para continuar manteniendo eso que los identifica. En la actualidad, con el auge de nuevos géneros, nueva música, nueva moda, es muy difícil lograr que los jóvenes continúen el legado de nuestros antepasados. Tanto el Petronio como el Petronito brindan un granito de arena para que esta parte cultural no se quede atrás. Sin embargo, cada agosto vuelve el rumor de Petronio, la ciudad se siente festiva y el murmullo cultural se queda en  el último día de goce.

Para Yesica, la música tradicional del Pacífico va mucho más allá de una fiesta y de una celebración. Es una manera de seguir manteniendo la tradición, la herencia que ha sido transmitida de generación en generación, que hoy en día también se transmite a través de un relevo generacional de muchas agrupaciones jóvenes que se están presentando al Petronio.

… hay que seguirle apostando a que se perciba [El Petronio Álvarez] desde una manera profunda, que les permita a las personas ver más allá de la rumba, de la fiesta, de la borrachera con el viche, para que entiendan que nuestras bebidas ancestrales hacen parte de todo un legado y que nuestros mayores no tomaban viche  para emborracharse, sino como parte de un ritual.

Cali es sede principal del evento. El currulao, los arrullos, el alabao, etc., se resumen en  un festejo. Los asistentes  ajenos a esta cultura tienen su propia mirada que, más que cuestionada, debe ser analizada.

“De alguna manera podemos visualizar que en el Petronio hay una mezcla no solo de la gente que viene de los territorios del litoral,  sino también de las personas que vienen de ciudades como Bogotá, las que viven en Cali y los extranjeros”, afirma Yesica. “Yo creería que ellos  lo perciben más desde un sentido de fiesta, de goce, pero creo que se ha quedado ahí y no se ha profundizado en la importancia que tiene este festival para las comunidades del territorio del Pacífico. Creo, más bien, que hay que seguirle apostando a que se perciba desde una manera profunda, que les permita a las personas ver más allá de la rumba, de la fiesta, de la borrachera con el viche, para que entiendan que nuestras bebidas ancestrales hacen parte de todo un legado y que nuestros mayores no tomaban viche  para emborracharse, sino como parte de un ritual”.

Las bebidas no pueden faltar. El viche, como base de la tomaseca, el curao, el arrechón y sus derivados, son elementos fundamentales en el Petronio. Es todo un mercado fluyendo en conjunto con los platos típicos, las artesanías y los peinados. Todo esto tiene su secreto, su toque, su misticismo y nacimiento. En los velorios vemos a las cantaoras tomando viche en medio de su labor, y así mismo en otras actividades propias de dicha cultura; incluso estas bebidas son usadas para la salud.  El viche es patrimonio de este pueblo.

“Dentro de los espacios”, prosigue Yesica, “he escuchado que para nuestros mayores y mayoras el viche no es una bebida para embriagarse, no es una bebida  para que la gente haga y deshaga  cuando está en ese estado, sino que hace parte de rituales tradicionales, donde nuestros ancestros también están presentes, permitiéndonos una conexión espiritual. Es bueno  que se comercialice, pero  no hay que perder el rumbo y el sentido tan profundo que tienen nuestras tradiciones. En nuestro territorio, por ejemplo, la tomaseca es una bebida que le dan a las mujeres para limpiar al dar a luz. De igual manera, esta bebida y el curao ayudan a calmar los cólicos menstruales por sus componentes. La gente todavía no ha entendido la profundidad que tiene nuestra tradición, entonces quien  no conoce ni ha habitado el territorio, utiliza el concepto de ‘afrodisíaco’ para poder vender y comercializar”.

Cali es la ciudad de Colombia con el mayor porcentaje de afrodescendientes, y de alguna manera se sigue perpetuando una cultura del racismo porque la gran mayoría sigue desconociendo sus prácticas y no logra visualizar que el Petronio Álvarez le deja a Cali muchísimos recursos a nivel económico, y que este evento mueve la economía y el turismo en la ciudad.

Existen cuatro modalidades de competencia: Marimba, Chirimía, Violines caucanos y Modalidad libre. Esta última integra  instrumentos que no hacen parte de la música tradicional y, por ende, crean una variación sonora. El público tiene diferentes reacciones ante este género, al igual que con los invitados extranjeros que traen ritmos tradicionales de sus países y, por lo general, tienen poco en común con lo pacífico.

“Recuerdo que una vez estuvo una agrupación de África y otro año vinieron de Brasil como  artistas invitados que son presentados como muestra cultural para reconocer un poco la diáspora alrededor de nuestras expresiones; no solo afrocolombianos, sino como personas afrodescendientes  de cualquier país”, comenta Yesica.  “Soy defensora de lo tradicional. Me parece que hay un intercambio cultural interesante, pero lo que no se puede es perder el foco, el eje central, que son las comunidades afro del Pacífico. También pienso que hay que darle apertura a las nuevas ideas desde una proyección que puedan hacer crecer, avanzar y expandirse. Sin embargo, hay que salvaguardar y  estar muy pendientes, ser guardianes de esa tradición que viene desde la raíz, pues no se trata de integrar instrumentos con los que se toca salsa, por ejemplo, porque sí, sino de darle sentido. Esto permite que la gente, incluso la del Pacífico que vive en Cali que no se dedicó a seguir el linaje de la música tradicional sino que  aprendió música  y sabe tocar más instrumentos como el piano o el bajo, pueda integrarlos y tocar un currulao con bajo, un currulao donde suene el piano. Esto podría lograr una apertura  muy interesante”.

Foto: Cortesía Yesica Rodríguez.

Por otro lado, en Cali se vive fuertemente una cultura del racismo. En la Feria de Cali  no se escuchan comentarios como: “¡Saquen a esos negros de acá! ¡Que le bajen a esa música, esos negros tan bullozos! ¡Vayan a hacer su evento a otro lado!”, etc. En el Petronio sí. ¿Qué pasa?Al respecto, comenta Yesica: “Sabemos que Cali es la ciudad de Colombia con el mayor porcentaje de afrodescendientes, y de alguna manera se sigue perpetuando una cultura del racismo porque la gran mayoría sigue desconociendo sus prácticas y no logra visualizar que el Petronio Álvarez le deja a Cali muchísimos recursos a nivel económico, y que este evento mueve la economía y el turismo en la ciudad. Mucha gente viene al Petronio, consumen aquí, compran en la tienda, utilizan el transporte  masivo, se quedan en hoteles… Eso es algo que el caleño todavía no ha entendido”.

El Petronio no se está anclando en el espacio donde se suele organizar; también está yendo a los barrios. El pueblo está conociendo, por ejemplo, el arruyo, con la labor de la maestra Nidia Góngora y otras personas que también lo propician. La comunidad caleña y sus visitantes están conociendo fragmentos culturales en medio de cada canto, de cada danza, en cada plato, peinado y artesanía, pero no ha trascendido lo esencial de estas tradiciones.

“Pienso que se debe hacer reflexión  para comprender cómo estamos visualizando nuestras prácticas, entender la importancia de seguirnos pensando, de incomodar desde nuestro discurso y así lograr que la gente se toque y piense dentro de los aspectos académicos, desde el área laboral, desde cualquier lugar, que no solo nos vestimos como negros para el Petronio: que no somos un disfraz. Nosotros somos negros todos los días del año, toda nuestra vida. A partir de esta reflexión podremos reconocernos en el gran encuentro que es el Petronio Álvarez”, afirma Yesica.

Agosto llegó y se vuelve fiesta. Las cantaoras se escuchan arrullar en Cali. El alabao sale de los velorios y la marimba nos engrandece con su repique. El pueblo negro se enaltece al escuchar sus ritmos y al ser mención positiva en cualquier aspecto. Somos una historia que se cuenta en varias versiones; oírlas es un compromiso social que se debe asumir en la sociedad, partiendo desde este festival tradicional que hace 26 años nació.

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