Marjane Satrapi: la revolución islámica desde dentro
Murió a los cincuenta y seis años la famosa autora de la novela gráfica Persépolis, una de las autobiografías ilustradas más influyentes de los últimos tiempos. Su historia es un referente de coraje en una sociedad convulsa y autoritaria que se ha transformado para suprimir la voz de la mujer.
Por: Mayra Alejandra Acevedo Garcia
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Marjane Satrapi (1969 – 2026) fue una escritora, historietista, ilustradora y cineasta franco-iraní. Desde muy pequeña estuvo rodeada por diferencias políticas con el gobierno de su país. Su familia, con inclinaciones políticas de izquierda, la quería enviar a estudiar inglés, pero esos colegios fueron prohibidos, por lo que tuvo que desistir. Junto a sus padres vivió con dolor y decepción las restricciones que vinieron a acompañar la revolución de 1979 que, muy a su pesar, adquirió un tinte islamista.
A sus catorce años fue enviada a Viena para que terminara sus estudios laicos y no viviera la opresión de una manera tan violenta y pesada. Cuando completó los estudios primarios, decidió vivir en París para establecerse por completo y estudiar la secundaria. Cuando terminó los estudios básicos, regresó a Irán para estudiar Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Islámica Azad.
En 1994 se trasladó a Francia, hasta el año 1997, para estudiar Ilustración en Estrasburgo y después se centró en la carrera de Pintura y Literatura infantil para colaborar posteriormente con varios periódicos.
Su recorrido es extenso y multifacético. De Persépolis, su obra prima, sacó cuatro tomos, uno por año, desde el 2000 al 2003. Colaboró con Lila Ibrahim-Ouali y Bahman Namwar-Motlag en Sagesse et malices de la Perse (2001), también publicó Les monstres n’aiment pas la lune (2001), mismo año en que, junto a Jean-Pierre Duffour, publicó Ulysse au pays des fous. También escribió Ajdar (2002), Broderies (2003), Poulet aux prunes (2005) y Le Soupir, Rosny-sous-Bois (2004).
…su obra está ahora más viva que nunca. La polarización política, el ascenso de gobiernos fascistas, la revitalización de discursos que erosionan la verdad bajo la excusa de defenderla, son una prueba de que la verdad es un terreno en disputa constante, y que el acto de estar vivo, con todo lo que eso implica, es la única manera de contrarrestar esas fuerzas totalizantes que pretenden garantizar el bienestar a costa de suprimir al diferente.
Pero su camino no se detiene en la escritura; participó también en la creación de material audiovisual como Persépolis (2007), Poulet aux prunes (2011), La Bande des Jotas (2013), The Voices (2014), Radioactive (2020) y Paradis Paris (2024), siendo la primera la más recordada y querida por el público. Toda su obra ha sido traducida a múltiples idiomas.
Fue nominada al Premio Óscar en el año 2008 por Persépolis, en el 2007 ganó en el Festival de Cine de Cannes el reconocimiento de Premio del Jurado por la misma producción y, en 2024, ganó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Su impacto en el mundo no pasó desapercibido. Aunque gran parte de su fama viene de su obra prima, sus proyectos cinematográficos le han valido un lugar entre las cineastas más relevantes de lo que va de siglo. El acercamiento que propone a la realidad islámica, a través de situaciones cotidianas que catalizan las fuerzas que entran en juego, fue sumamente revolucionaria. El medio, a saber, la novela gráfica, todavía no se había abierto a la exploración de asuntos políticos, o por lo menos no de manera declarada, hasta la publicación de Persépolis. Esta audacia fue replicada en distintas partes del mundo y enriqueció la discusión cultural en torno a la formulación de identidades nacionales o de proyectos comunitarios.

Satrapi no solo habló sobre las barbaries y estereotipos que se podían ver en las noticias sobre su país. La aparente sencillez o trivialidad de sus historias es una manera de combatir esta especularidad con una buena dosis de realismo. En 2003 habló sobre los peligros de las dictaduras y que éstas no mostraban, ni muestran, la realidad de un país; por ello, tanto en su obra como en su vida privada vivía con pasión la rebeldía de vestir como no se podía, de pensar como no se debía y hasta de escuchar música prohibida.
Algunos críticos occidentales han resaltado a Persépolis por su humor y su manera de conectar con el público, pues el uso de un lenguaje universal y la manera en que da a entender conceptos abstractos como si fueran sencillos no es una tarea fácil de conseguir. Tal vez esta sea una de las razones principales detrás de su enorme popularidad y de su indiscutible vigencia.
Su muerte fue un acontecimiento inesperado que tomó por sorpresa a los círculos culturales donde se la discutía fervientemente. Sus familiares propalaron el rumor de que tal vez había “muerto de tristeza” por la partida de su esposo el año pasado, lo cual puede ser medianamente cierto, pues en sus alocuciones siempre hizo énfasis en el inmenso amor que sentía por Matteo Ripa. Sea como sea, lo cierto es que su obra está ahora más viva que nunca. La polarización política, el ascenso de gobiernos fascistas, la revitalización de discursos que erosionan la verdad bajo la excusa de defenderla, son una prueba de que la verdad es un terreno en disputa constante, y que el acto de estar vivo, con todo lo que eso implica, es la única manera de contrarrestar esas fuerzas totalizantes que pretenden garantizar el bienestar a costa de suprimir al diferente.




