Editorial

En el concurso literario, Casa de las Américas, la voz narrativa de Nay, se impuso sobre doscientos cincuenta voces creadas por autores de todo el continente

Ante la pregunta, cuáles pudieron ser los factores interactivos que originaron el pensamiento puro y su prevalencia como milagro exclusivo del mundo griego, y no de África ni en Asia; los pensadores, entre ellos George Steiner, destacan tres. Primero, la disponibilidad que tuvieron los griegos del consumo de proteínas, negadas al mundo subsahariano, y que según los nutricionistas son el alimento del cerebro y que sin ellas, para decirlo como lo dice G. Steiner, no existe gimnasia del espíritu. Otra es la incidencia de la esclavitud en la vida cotidiana de la polis, esclavitud como generadora de ocio, tiempo libre utilizado para el juego del intelecto. El tercer elemento, quizás el más discutido y según Steiner, el que presenta dificultad de evaluación, es el desempeño de la mujer en esa sociedad. Su actividad de confinamiento en el hogar las subordinaba de otros asuntos filosóficos concernientes con la polis y permitía el ejercicio reflexivo del hombre o la arrogancia de la reflexión.

Es decir, proteínas, esclavitud y machismo como causa del milagro griego. Podemos colegir entonces que dentro de ese universo era imposible que un esclavo o una mujer se dedicaran al mundo de las letras, de la filosofía o la creación, condiciones que sin duda se repitieron en los vastos colonialismos y en sus sistemas esclavistas creados desde Grecia hasta el siglo XIX.

Pero a la historia le gustan las paradojas, y es posible que de ese largo trasegar de injusticias, de esclavismos y de confinamientos femeninos, de ese limbo de sombras, emerja como un síntoma libertario la expresión de la mujer y de los seres esclavizados, como sucedió este año con el premio Casa de las Américas, ganado por la caleña Adelaida Fernández Ochoa, mujer descendiente de afros, ex alumna de la Universidad del Valle. Su obra titulada: La hoguera lame mi piel con cariño de perro se impuso sobre doscientos cincuenta obras, y se impuso por eso, porque logró narrar desde la voz de Nay, una mujer negra y esclava, que no es otra que la nana de María, la primera heroína de la literatura colombiana imaginada por un hombre blanco. Se impuso porque por primera vez una mujer, al margen de las proteínas, del ocio y del oficio casero, contó desde su punto de vista los momentos cruciales del siglo XIX en la historia de Colombia.

La Palabra destaca en esta edición el prestigio y el trabajo de esta narradora. Para ella el futuro de las letras y el desarrollo intelectual de nuestra región.

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