Entrevista

“La democracia en el sector del libro es darle visibilidad a las obras que no hacen parte del status quo”

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Cali (FILCALI), La Palabra conversó con Juan Sebastián Rojas, editor y cofundador de Ediciones El Silencio, uno de los sellos más consistentes y estéticamente cuidados del suroccidente colombiano. En estas líneas, el caleño reflexiona sobre el panorama literario local, el papel del editor independiente y los retos de hacer libros en un país donde la palabra sigue siendo una forma de resistencia.

Por Alejandro Alzate

Juan Sebastián Rojas, editor y cofundador de Ediciones El Silencio. Foto: Tomada del Facebook de Juan Sebastián Rojas.
Juan Sebastián Rojas, editor y cofundador de Ediciones El Silencio.
Foto: Tomada del Facebook de Juan Sebastián Rojas.

Alejandro Alzate (AA): En los últimos años, Cali ha mostrado un resurgimiento literario con nuevas voces, sellos y espacios de lectura. ¿Cómo describirías el panorama actual de la literatura caleña? ¿Crees que estamos frente a un momento de madurez o más bien de búsqueda y tanteo?

Juan Sebastián Rojas (JSR): La literatura caleña vivía bajo la sombra del guayacán de Andrés Caicedo. Ahora está compartiendo espacio con la literatura andina, antioqueña, caribeña, etc. Un ejemplo de esta mixtura y renovación lo constituye Pilar Quintana, autora ampliamente reconocida en Latinoamérica.  Ella está muy fuerte en este momento, aunque aún no podamos hablar de una escritura quintaniana.

Creo que estamos en un momento en el cual la literatura de autor ha permitido garantizar un enriquecimiento temático, estilístico y estético en literatura publicada en el Valle del Cauca, lo cual permite sacarla de los exotismos y clichés que predominan en las publicaciones de editoriales tradicionales. Madurez, no obstante, sería que hubiera escuelas, movimientos, corrientes literarias como la última vanguardia que se reunía en la Biblioteca del Centenario: los nadaístas. En ese sentido, ni siquiera estamos en etapa larval de madurez, y creería que ya no habrá de eso porque hoy cada quien escribe sin pensar en conceptualizar un corpus de obras ni mucho menos en redactar un manifiesto. Estamos en una época en la que el tiempo de la literatura quedó atrás y moramos en estas oscuridades, en estado de neotenia, como los ajolotes.

(AA): Desde Ediciones El Silencio has apostado por una edición cuidada, con libros que circulan de manera alternativa al mercado comercial. ¿Cómo ves el papel de las editoriales pequeñas y medianas en un país donde los grandes grupos editoriales concentran la distribución y la visibilidad?

(JSR): Las grandes editoriales son como ciudades iluminadas: bastante visibles en la noche. El papel de las editoriales pequeñas y medianas es darles la posibilidad a los lectores curiosos de que, cuando sobrevuelen la noche, aprecien también las luces de los pueblos, las veredas, las aldeas y hasta los parajes que todavía no existen. Los grandes peces no son antagónicos porque lo nuestro es publicar a los peces de las profundidades allá donde no transitan las ballenas.

(AA): En esa misma línea, ¿cuál crees que es hoy la función política o cultural del editor independiente? ¿Se trata de resistir, de crear otras rutas de lectura o de construir comunidad?

(JSR): La democracia en el sector del libro es darle visibilidad a las obras que no hacen parte del status quo. Esa es mi responsabilidad política como editor. Se trata de persistir. No contamos con el mismo músculo para llegar a los grandes medios. Pero el viento está a nuestro favor en nuestros días cuando el “nichito” de las redes sociales y de los medios alternativos tiene mayor audiencia o, en todo caso, es más dinámico. Allí encontramos a los lectores que pueden enamorarse de nuestras publicaciones. 

(AA): La Feria Internacional del Libro de Cali se ha consolidado como un espacio importante para el diálogo entre autores, editoriales y lectores. ¿Qué destacarías de esta edición en particular, tanto en su curaduría como en su ambiente general?

(JSR): A nivel de curaduría, me parece increíble que, a pesar de que el caleño no es ni un gran comprador ni un gran lector, todavía uno encuentra sellos con una gran vocación como La Diligencia, Oromo y Luabooks. Hay días en los que me pregunto si no debería más bien vender Bonice, pero de repente llega un lector apasionado a nuestro stand de la Asociación de Editoriales Independientes de Cali, y entonces celebro que exista la FILCALI, con sus muebles IKEA y todo.

La democracia en el sector del libro es darle visibilidad a las obras que no hacen parte del status quo. Esa es mi responsabilidad política como editor. Se trata de persistir. No contamos con el mismo músculo para llegar a los grandes medios. Pero el viento está a nuestro favor en nuestros días cuando el “nichito” de las redes sociales y de los medios alternativos tiene mayor audiencia o, en todo caso, es más dinámico. Allí encontramos a los lectores que pueden enamorarse de nuestras publicaciones. 

(AA): Colombia vive un momento complejo en términos sociales y políticos. ¿Qué papel debería jugar la literatura —y quienes la editan y promueven— frente a ese contexto? ¿Puede la palabra escrita intervenir de manera real en las tensiones del país?

(JSR): El esoterismo sigue siendo más rentable que el conocimiento y la literatura. El fascismo está pisando fuerte a nivel nacional y global. Mi apuesta es por las artes y los saberes, así intervengo de manera real publicando libros y buscando lectores en librerías físicas, virtuales, tradicionales, de barrio, independientes y hasta en los lugares más insospechados.

(AA): Muchos escritores emergentes sienten que publicar en una editorial independiente es más un acto de afinidad estética que un proyecto comercial. ¿Cómo seleccionan ustedes los manuscritos que publican y qué tipo de literatura buscan acompañar?

(JSR): Los escritores en general escriben, no son empresarios. Una editorial independiente es una empresa con un proyecto comercial para que sus obras, además de virtuosas, sean rentables.

(AA): Ediciones El Silencio tiene una identidad muy marcada, tanto en su diseño como en su catálogo. ¿Cómo construiste esa estética editorial y qué lugar ocupa la belleza material del libro en tus decisiones de publicación?

(JSR): Es fomentando el diálogo entre los profesionales de mi equipo y cada autor como vamos elaborando nuestra identidad estética. Nuestra pasión es mezclar el ocio de alta calidad con la belleza que contrarreste la fealdad y emociones tristes del capitalismo. Nuestra fórmula para que funcione es tan secreta como la Coca-Cola.

(AA): Finalmente, mirando hacia adelante, ¿cómo imaginas el futuro de la edición independiente en Colombia? ¿Qué desafíos —y qué posibilidades— percibes para quienes, como tú, siguen apostando por el libro como un acto de fe y de resistencia?

(JSR): Imagino una Cámara Colombiana del Libro Independiente, unas distribuidoras, unas editoriales independientes que no sean solo faros bogotanos, porque todo sigue siendo muy rolo. Imagino, también, una nación donde no haya solo lectores en Bogotá o en Medellín. Falta mucha promoción de la lectura en Cali, y eso afecta a las editoriales independientes porque, para que subsistan, necesitamos lectores con criterio.

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