Evento

Recuerdos de la Feria de Cali

Cada año los caleños celebran la Feria de Cali como un elemento más de su identidad. La Palabra hace una breve reseña de su fundación y sus eventos más característicos en su edición número 60.

Por: John Restrepo Aparicio
Estudiante de Administración de Empresas

Afiche oficial de la 60 Feria de Cali. Foto: noticias.caracoltv.com
Afiche oficial de la 60 Feria de Cali.
Foto: noticias.caracoltv.com

Desde hace mucho se celebraban algunas fiestas a final de año en la ciudad, pero nunca con la categoría de feria. Tuvo que ser una desventura, la explosión de Cali de 1956, el motivo para la creación del evento. Seis camiones venidos de Buenaventura y con rumbo a Cundinamarca pasaron cerca de la carrera primera y explotaron cambiando la ciudad para siempre.

Nunca se supo el motivo de la tragedia. El recalentamiento de los camiones y el disparo accidental de un fusil son hipótesis posibles, pero la más aceptada fue un insignificante hombre fumando un cigarrillo. Sin embargo, sí sabemos la hora exacta de la explosión: la una de la mañana. Los relojes de los muertos nos lo contaron; el impacto de la explosión fue tan grande que los relojes quedaron paralizados en ese segundo eterno. La consecuencia, 1053 cajas de dinamita gelatinosa estallaron dejando un hueco de 50 metros, similar (aunque más pequeño) al resultado de una bomba nuclear. El impacto fue tan fuerte que pudo oírse en municipios tan lejanos como Buga. 4000 personas murieron al instante y 12000 quedaron gravemente heridas. Esas cifras en una ciudad por entonces muy pequeña, de 120000 habitantes, fue un golpe atroz.

De inmediato el gobierno, que nunca falta en estas situaciones, hizo presencia de una manera o de otra. El presidente Rojas Pinilla (los políticos no cambian, cambian sus intereses) aprovechó la tragedia e inmediatamente culpó a la oposición. Más acertadamente, el gobernador Absalom Fernandez, quien vio la mella en el espíritu de la ciudad, patrocinó la feria como una oportunidad para recuperar el optimismo, con el nombre de Feria de la Caña. Duró más de un mes y no se realizaba todos los días, solo los fines de semana. Entre sus eventos más importantes estaba la cabalgata y el reinado. Desde ahí hasta el presente la feria ha perdido y ganado eventos, pero se ha mantenido en la memoria de los caleños.

Quizás lo más característico de la feria es su música. Cada año desde 1957 se ha elegido una canción representativa. Muchas de estas canciones son realmente clásicos de la música colombiana que todos los caleños han escuchado en algún momento de sus vidas. Por ahí sonaron canciones como, La piragua, La pollera colora o El festival de Guararé. La idea no fue del gobierno sino de las emisoras locales, quienes escogían la canción más sonada. Eso ha dado pie a muchas controversias, como la ‘La payola’ (sobornos que se pagan para promover un disco en la radio comercial) y sucesos como el de 1974 donde se escogió una canción que ya no suena llamada La saporrita, aunque muchos vieron como ganador a El preso, de Fruko y sus Tesos, un disco que todavía se baila en las discotecas caleñas.

Muchos caleños parecen pensar que la salsa siempre estuvo en Cali. En realidad, se disfrutaban otros ritmos como el bambuco, el pasillo o el merengue. Claro, sin contar algunas canciones similares a la salsa, que formarían una especie de salsa primitiva precursora del ritmo moderno. Sería en los mismos años 70 cuando el ritmo se consolidaría como identidad propia de los caleños. A partir de ahí grandes clásicos serían canción de la feria como Las caleñas son como las flores de Piper Pimienta, Llorarás de Oscar de León, La murga, Oiga, mire, vea de Guayacán, y por supuesto Cali pachanguero del Grupo Niche, la cual terminaría siendo considerada el himno no oficial de Cali.

En 1991 se crearía Corfecali, la institución encargada de administrar la feria, y también El Encuentro de Melómanos. Como muchas cosas más en la feria, surgía más de iniciativas populares espontaneas que de los organizadores de la feria. Gary Dominguez, un reconocido Dj caleño, acostumbrado desde niño a las reuniones de melómanos de su padre, crearía “La Taberna latina”, un sitio para exponer la música a otros coleccionistas con acompañamiento audiovisual. Las sesiones serían verdaderas cátedras de historia, tanto que le valieron el popular apodo de “La universidad de la Salsa”. El mismo año presentó la idea a la dirección de la Feria de Cali y fue aceptada. Con cerca de 20 mil asistentes cada año, es el lugar para los puristas de la salsa, los expertos quienes asisten a este sitio a intercambiar discos. Para los aficionados más novatos es el lugar perfecto para aprender de historia y escuchar verdaderas rarezas de la música salsa.

En el 2016 se eliminó uno de los eventos clásicos de la feria, La cabalgata, fruto de la presión de activistas animalistas. La cosa se les hizo fácil. En años anteriores había sido un evento difícil de controlar y reforzaba ese estereotipo de ciudad de traquetos y hembras con silicona.

Una yegua preñada muerta en pleno desfile fue la nota final para acabar con el desfile y ya no sería el evento inaugural de la feria sino El Salsódromo. La idea surgió imitando el Carnaval de Rio de Janeiro, pero adaptándolo a la cultura caleña. No necesitamos garotas, tenemos bailarines de salsa. Como era propio de una ciudad famosa por sus múltiples campeones mundiales de salsa, el ritmo es exigente. Su importancia fue tan grande, para actualmente es reconocida como Patrimonio Inmaterial, Cultural, Artístico y Folclórico de la Nación desde el año pasado.

En su edición 60 y con casi dos millones de asistentes, el evento es parte viva de la historia de los caleños y contribuye a formar su identidad como ciudad. Como se dice en la capital, Cali es Cali y lo demás es loma.

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