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Álvaro Cepeda Samudio: el más auténtico pionero de la nueva literatura colombiana

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, el pintor, escritor y profesor universitario Fabio Rodríguez Amaya presentó el libro Álvaro Cepeda Samudio 1926 – 2026. Lecturas críticas, del cual fue editor. En el año del centenario del nacimiento del escritor barranquillero, este libro indaga sobre su obra y lo que significó el escritor costeño para las letras colombianas: la renovación.

Por: Julio César Pino Agudelo
Enviado especial de La Palabra

Fabio Rodríguez Amaya, pintor, escritor y profesor universitario colombiano en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026. Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra
Fabio Rodríguez Amaya, pintor, escritor y profesor universitario colombiano en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026. Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra

Álvaro Cepeda Samudio 1926 – 2026. Lecturas críticas (2026), publicado por la Universidad del Magdalena, compendia las lecturas y ensayos que quedaron inéditos de la edición crítica titulada Álvaro Cepeda Samudio. Obra literaria (2015), publicación de la prestigiosa Colección Archivos-Unesco con el Crla de la Universidad de Poitiers a cargo del investigador francés Jacques Gilard (1943 – 2008), y de la cual Fabio Rodríguez Amaya fue coordinador científico, coronando, así, la labor iniciada por el investigador francés.

Esta serie de ensayos que se entregan en el presente volumen para celebrar el centenario de su nacimiento, demuestran que la ligereza, la densidad, la experimentación el vanguardismo y las poéticas de su prosa narrativa imponen cuestionamientos y sugiere nuevas exploraciones hermenéuticas e incluso comparativistas de la obra del barranquillero.

En el conversatorio, moderado por el escritor Clinton Ramírez de la Universidad del Magdalena, Fabio Rodríguez Amaya habló del proyecto empezado por Jacques Gilard y culminado por él; de lo que significa Cepeda Samudio para la literatura colombiana, y de la importancia de reconocer la trascendencia de su obra.

“No fui alumno de Gilard, pero aprendí mucho de él. Con él empezamos el proyecto de preparación de la edición crítica de Cepeda Samudio. Es un gran estudioso y, creo yo, el mayor colombianista que ha existido en el siglo XX, al punto de que su obra sigue siendo vigente. Cuando Gilard murió, me comprometí, en su lecho de muerte, a concluir el trabajo y tardé siete años para realizar la coordinación de la edición crítica que publicó la Colección Archivos-Unesco, y de la que se publicó una coedición acá en Colombia que está completamente agotada”, afirmó Rodríguez Amaya sobre la génesis del proyecto.

Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra
Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra

En cuanto a la importancia de Cepeda Samudio en la literatura colombiana, Rodríguez Amaya aventuró una aguda analogía con la literatura argentina. “A Cepeda Samudio lo leo como el verdadero artista del Grupo de Barranquilla. Siempre me ha llamado mucho la atención y lo comparo constantemente, porque García Márquez es a Cepeda Samudio lo que Jorge Luis Borges es a Macedonio Fernández. Borges fue el escritor juicioso, el ensayista, el poeta, el cuentista; pero sin la presencia, sin la amistad y la maestría de Macedonio Fernández, no sería Jorge Luis Borges. Nadie pone en duda la grandeza de García Márquez, pero yo sostengo que no existiría, en gran parte, sin Cepeda Samudio, porque fue este quien le abrió las compuertas de la literatura internacional. Álvaro Cepeda Samudio fue el verdadero experimentador, el verdadero innovador en la literatura colombiana”.

De acuerdo con Rodríguez Amaya, en la introducción que escribió para el volumen, la irrupción de la obra literaria de Álvaro Cepeda Samudio, a mediados del siglo pasado, marcó el punto de ruptura en el panorama de las letras colombianas hasta el punto de revolucionarias de manera radical.

Sumado a lo anterior, Rodríguez Amaya argumentó diciendo que, si bien hay imaginación y belleza en los cuentos juveniles de García Márquez, consignados en Ojos de perro azul (1972), su escritura es floja y de principiante; mientras que Cepeda Samudio, cuando inaugura su carrera literaria con Todos estábamos a la espera (1952), ya es un escritor total, completo, un maestro de la narrativa breve.

Por otro lado, Rodríguez Amaya se refirió a la indiferencia que ha sufrido no solo la obra de Cepeda Samudio, sino de otros autores regionales por parte de los historiadores de la literatura colombiana, así como también sobre la importancia de reivindicar su obra. “Álvaro Cepeda Samudio, así como Marvel Moreno, han sido los dos autores colombianos más maltratados de la historia de la literatura colombiana. Entonces esto hay que tenerlo muy en cuenta, porque la oficialidad de la literatura colombiana nunca reconoció la importancia de la obra literaria de Álvaro Cepeda Samudio y siempre lo puso al margen”.

En esa misma línea, destacó la importancia de reivindicar a este tipo de autores: “Yo me siento muy orgulloso de estar presentando este libro publicado por la Universidad del Magdalena, porque estos libros no les interesan a los grandes ni a los pequeños editores. Esto requiere la responsabilidad de la Universidad como universitas, como lugar del intercambio de los saberes. Por eso la importancia de este volumen que, espero, logre tener una difusión y una acogida como merece, porque no hay uno solo de los ensayos aquí presentes que carezca de valor, de calidad en la escritura y de rigor en el análisis literario, que es lo que más me interesa”.

Clinton Ramírez (Universidad del Magdalena) y Fabio Rodríguez Amaya. Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra
Clinton Ramírez (Universidad del Magdalena) y Fabio Rodríguez Amaya. Foto: Julio César Pino Agudelo / La Palabra

De acuerdo con Rodríguez Amaya, en la introducción que escribió para el volumen, la irrupción de la obra literaria de Álvaro Cepeda Samudio, a mediados del siglo pasado, marcó el punto de ruptura en el panorama de las letras colombianas hasta el punto de revolucionarlas de manera radical.

“Cepeda Samudio”, escribe Rodríguez Amaya, “inauguró una época: la del acceso tardío pero definitivo a la Modernidad artística al ser el renovador de la literatura colombiana con los cuentos de Todos estábamos a la espera (1952), la novela La Casa Grande (1962) y la novela experimental Los cuentos de Juana (1975). Además de ser el incansable promotor en el litoral Caribe de los primeros eventos de relevancia internacional para el país en los campos de las artes visuales, el teatro, la fotografía, el periodismo, la cinematografía y la cultura, en el sentido más amplio del término. Gracias a su sensibilidad, Cepeda experimentó nuevas formas de narrar y de hacer periodismo – escrito y visual -, introdujo técnicas de escritura innovadoras, temáticas inéditas y lenguajes experimentales para contarnos de la soledad humana en el medio urbano y rural, de la violencia en la ciudad y el campo, de los desvíos y desmanes en los ámbitos oficiales y públicos, privados y familiares. Con su talento, inteligencia y oficio, Cepeda Samudio no solo leyó el espectro de la música, la lectura, las artes y las hablas y cultura de su entorno, sino que subvirtió instancias radicales del trasnochado y reaccionario cato-costumbrismo hispánico y greco-quimbaya, y se ocupó de hacer una lectura omnicomprensiva, con valencia universal, de las realidades individuales y colectivas de Colombia. Gracias a su reconocido aporte, su osadía y una sólida visión crítica, fundada en un liberalismo de avanzada, Cepeda vislumbró la posibilidad de un hombre nuevo, en una realidad como la nuestra perennemente sometida a condiciones de inaudita violencia, narcisismo, centralismo y degradación ética y moral” (pág. 19).

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