Evento

Vivir sabroso: una afirmación ético-política frente a la defensa de la vida, la dignidad y los territorios

Por: Alejandro Alzate

Francia Márquez, fórmula vicepresidencial del candidato por el Pacto Histórico, Gustavo Petro.
Foto: elcolombiano.com

Con la organización de la Universidad de la Tierra y la Memoria – Orlando Fals Borda – y el colectivo Educación al Tablero, se realizó el pasado 13 de abril el conversatorio “Buen vivir, vivir sabroso, espiritualidad y política”, evento en el que participaron el profesor Carlos Duque y la profesora Adriana Anacona Muñoz, ambos adscritos a la Universidad del Valle, y las profesoras Natalia Quiceno Toro y Ángela Emilia Mena Lozano, en representación de la Universidad de Antioquia.

Durante la jornada, moderada por Óscar Tibaduiza y Camilo Acosta, se planteó una honda reflexión en torno a un término que, de manera equivocada, han hecho novedad los noticieros a lo largo y ancho del país: vivir sabroso. Este, usado ampliamente por Francia Márquez, fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, se ha asumido sin ningún rigor noticioso e histórico como algo cercano a las formas de la chabacanería y la falta de pulimiento verbal; no obstante, y lejos de eso, vivir sabroso es una consigna de lucha, encuentro, armonía, paz y reivindicación de las comunidades afrodescendientes e indígenas que integran vida, dignidad y territorios como un todo que debe estar interrelacionado para funcionar adecuadamente.

Durante el encuentro, el profesor Duque planteó que vivir sabroso es una filosofía que se opone al vivir mejor del capitalismo en su faceta neoliberal. De acuerdo con el catedrático, vivir sabroso es un canto de conexión espiritual, un ejercicio que pretende el bienestar colectivo; algo muy alejado de la pretensión de lo material que pregona el discurso del vivir mejor.

A su vez, la profesora Anacona explicó cómo la Chacana indígena es una forma de cuestionar el modelo colonial que impide el encuentro con el otro y los otros para reinventarse en la experiencia de la vida.

Finalmente, las profesoras Quiceno y Mena conceptualizaron que vivir sabroso, lejos de ser una moda electorera, es una actitud de resistencia y un encuentro con la ancestralidad; entendiendo esta como un viaje a las raíces culturales que necesitan todos los pueblos para construir su madurez histórica.

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