Unirock Alternativo 2016
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Por: El Zudaca

Beat Generation: conexión en la aldea global
Hace varios años que los mantras literarios de Jack Kerouac agitan mis pasos rizomáticos por las carreteras implacables del presente, porque: La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde…
La táctica trashumante de perseguir con fanzines, documentales y sound system callejeros la furia festiva de Manu Chao y La Ventura, bajo los cielos laranjas del planeta trampa, me enseñaron el ancestral poder de la magia, de la conexión de mundos míticos, y a redescubrirme como hijo de Elegua. Soy una raya en el mar, fantasma felino de la ciudad, que siente con rabia el vacío de vivir en un país de corruptos, en un país de violentos, en un país donde se están robando el agua y desplazando sus culturas aborígenes y raizales.
Caminando por las ciudades del señor matanza, encontré mi oficio como cronista satelital para narrar, desde una mirada joven y fresca, el amplio tema del mestizaje como experiencia de resistencia cultural expresada en la música y algunas propuestas alternativas frente a la globalización neoliberal, para combatir las absurdas barreras del racismo, la xenofobia, las fronteras y el capitalismo agresivo que gobiernan la Babylonia globalizada.
Burning and Looting. Babylon Must Fall. Power of the people. On the road. Time will tell.

Comunidades emocionales y conciencias colectivas en el trópico rebelde
En el universo efímero, delirante y posmoderno del rock caleño —plagado de dimensiones desconocidas entre sus guetos estéticos, bandas que nacen, mutan y se desintegran, emprendedores quijotescos y tostados, públicos radicales, inadaptados, contestatarios, carnavalescos, introspectivos y faranduleros—, la VIII edición del Festival Internacional Unirock seguramente tendrá un lugar especial en su memoria colectiva y psicotrópica como una histórica ceremonia del deseo que hizo catarsis, ruido, barricada y emancipación durante dos días en el espacio social, político y cultural de la Universidad del Valle. Todo esto a pesar de las dificultades que asedian habitualmente la escena rockera en el trópico, como este terrible momento de recesión económica, el acoso de las rapiñas que dicen defender los derechos de autor, el escaso apoyo de la Administración Municipal e inversión empresarial a un sector cuya utilidad no se puede medir totalmente en cuadritos de Excel y, como bonus track, los inconformes y saboteadores que se quejan por tener que comprar una boleta en este intrincado ecosistema cultural alternativo.
La madrugada del jueves 17 de marzo en la Calicalentura nos sorprendió con tremenda lluvia, la cual presagiaba el aquelarre de fuerzas sonoras del lenguaje rock que abrirían la jornada. Esta tendría como invitado especial al Señor Esperanza, alter ego de Oscar Tramor, quien regresaba a la urbe de Buziraco con sus infinitas calles sonoras de alegre rebeldía luego de una gira que había comenzado en el mes de febrero en una Argentina atrapada por las fuerzas derechistas del macrismo, y que Manu pudo sentir en ciudades como Mar del Plata, Neuquén y Buenos Aires, entre otras. Luego, como se ha vuelto tradicional, marzo es el mes manuchaesco por excelencia en Lokombia, y su nueva visita incluyó en esta ocasión a Medellín, Bucaramanga, Bogotá y Manizales.

La sucursal de la vagancia amaneció con ruidosas consignas de justicia social propagadas por sus principales arterias urbanas. Activistas y trabajadores se sumaban a la jornada de paro cívico nacional convocada por las centrales obreras y organizaciones estudiantiles, sociales y populares contra el gobierno de Juan Manuel Santos. Mientras tanto, el trip rocker comenzó en la Cinemateca de La Tertulia con proyecciones, charlas académicas y conversatorios relacionados con el periodismo, el rock, el documental, el making of y el videoclip como estrategias comunicativas de memoria y ciudad.
Por la tarde, las masas juveniles buscaron las canchas de la Universidad del Valle, seguramente motivadas por ese estado privilegiado de comunicación con la utopía, y su insurgencia fue la manifestación recurrente de su persistencia. Fueron llegando al campus de Meléndez sin importar las agresivas ráfagas solares que acompañaban a las primeras bandas que desfilaron por la tarima central, como el furioso hardcore de JHDK, hasta que llegó el flow honesto y potente del MC Profeta de la banda local Don Palabra, que encendió los ánimos del público al felicitar a los marchantes del paro nacional y nos exhortó a seguir en la defensa del Hospital Universitario del Valle. La adrenalina siguió in crescendo cuando invitó a sus parceros el Loco y Anthony, de la crew de hip hop IGZ. Puro rap de la Comuna 20: mensaje, conciencia, flow y movimiento. Fusiones tribales y alianzas creativas caracterizaron la presentación de Don Palabra, acompañados en un par de temas por los vientos de Mama Julia y Los Sonidos Ambulantes y El Callehueso.
El Festival Unirock volvió a ratificar todos sus avances en la gestión de procesos culturales ligados a la circulación internacional, y nos regaló un orgiástico set de sonidos emergentes, en la cartografía del continente como los panameños de La Tribu, y su abanico de sonemas y danzas herederas de su etnia aborigen Kuna, mezcladas con el beat del rock
Luego Los Bombillos Peludos, Los Hot Pants, Vulgarxito, Costa Fría y Señor Atómico compartieron sus paisajes sonoros a la marejada eléctrica y musical que explotó cuando entraron a escena Manu y sus parcerxs inseparables de La Ventura, los guerreros esperados por el público presente para ser invadidos por sus músicas de alegre rebeldía y unas visuales energéticas. En ese momento, los sonidos de los cuerpos, las palabras y los elementales nos convirtieron en el viento que baila y que canta insurrecciones libertarias, compartiendo nuestros miedos, temores, amores y utopías con otrxs subjetividades y colectividades que siembran plantas de poder y autogestionan sueños multicolores con la poesía y la política de los afectos, donde los sueños caminan con la banda sonora de Manu Chao: así nos sigan engañando con la primavera, el viento viene, el viento se va por la carreteraaaaa.

Nos encontramos para fumarnos las melodías de sus canciones eternas y tomarnos por asalto la noche con muchas bengalas de la fervorosa tribu escarlata y la hinchada de los cantos. Un clímax galáctico de respirar junto a una bocanada de libertad que regalaba la lluvia pertinaz y nos reflejaba como almas etéreas para encender pequeños faros de resistencia alrededor del planeta trampa, donde Manu, visiblemente emocionado por tanta calidez en su recibimiento, no dudó en reivindicar el aguante de la gente, dedicando el concierto a todos los que murieron asesinados por defender el agua, por defender los territorios.
Luego ocurrió lo que el panasónico Kontra definió como la sorpresa de la ceremonia multicultural, cuando Manu le dio la voz a la calle con la invitación al escenario al poeta Hugo Caicedo, la leyenda viviente de miles de batallas en el underground caleño, y ahora en una búsqueda hacia luces más armónicas. Telex. Trauma. El puto amo de la anarquía. Te lo digo, te lo canto: Fuera Monsanto. Una gran nostalgia lo atraviesa todo y lo colorea sin filtro. La ciudad exorcizando sus penas, errores y sembrando nuevas vibraciones para enfrentar las cotidianidades con más poder espiritual en el asfalto.

Vox populi: paz, resistencia y baile
— Me gustan sus letras porque me parecen muy poéticas, donde se revelan las condiciones de los inmigrantes, de los marginales de las ciudades, de una población planetaria que está al margen económico y que vibra con la música, y que esté aquí me parece bonito, y me ratifica la presencia de la poesía en la propuesta como grupo.
Jorge Iván Cardona
— Manu Chao desde Francia, se viene la rumba desde Barcelona a Cali. Ni policías ni restricción: solo licor, bareta y puro rock ‘n’ roll, hijueputa.
VJ Balkazar

— Le damos una vez más las gracias a Manu Chao para que hagamos público que no queremos más la quema de caña en nuestro territorio. Fuera la minería ilegal de nuestro territorio. ¿Dónde están los estudiantes que se rebelan contra el sistema? Que vivan los defensores y defensoras de derechos humanos. Queremos la paz para nuestros pueblos, para la naturaleza, para el territorio. El territorio es la vida, y la vida no se vende: se ama y se defiende. Resistencia, resistencia, resistencia.
Francia Márquez
— Viva Zapata, y en el futuro siempre estoy al frente.
Luis, el cucho Mano Negra
— Me siento lisérgica, on trip, caminante. Malicia, enjundia presente.
— ¡No lo dejo cerrar, no lo dejo cerrar el Hospital del Valle por un gobierno neoliberal!

Coda
El espectáculo neotribal callejero de las metrópolis se caracteriza por la fluidez, las convocatorias puntuales y la dispersión. Los conciertos nos invitan a la desmesura dionisíaca y los orgasmos sónicos. Así algunos seres de la logística del festival no comprendan esos comportamientos en el pandemónium cultural, como una célula narrativa a la deriva en Unirock, la buena vibra siempre sobrevive a las lógicas del abuso de la fuerza. Somos un movimiento alternativo en permanente ensayo y reinvención de la vida.
La Radio Zudaca siguió persiguiendo las ondas al otro día, el viernes 18, sumando estados alterados con otras experiencias vitales y auténticas, donde la endiablada danza rocker del pogo tuvo efectos curativos en una comunidad que se encontró desde su diversidad y alteridad en la tómbola de la vida, con propuestas mestizas ya consolidadas en nuestra geografía como Mama Kunk, Skaparate, Cinco Sentidos, y bandas caleñas como Hotless, Japy Lora y Don Gato, que alegraron la tarde.

El Festival Unirock volvió a ratificar todos sus avances en la gestión de procesos culturales ligados a la circulación internacional y nos regaló un orgiástico set de sonidos emergentes en la cartografía del continente, como los panameños de La Tribu y su abanico de sonemas y danzas herederas de su etnia aborigen Kuna mezcladas con el beat del rock. También fuimos aniquilados por los cuates revoltosos y tremendamente fiesteros de Salón Victoria y sus pentagramas de sabroso ska, y la grata presencia de una banda como Tendencia, proveniente de la isla de la revolución, Cuba, y que rompió todos los esquemas con un sonidero pesado y tropical, metal mestizo e invocaciones a la gran deidad orisha Obatalá.
La experiencia de trance colectivo del Unirock nos lleva a experimentar lo que escribió William Ospina en su libro Los nuevos centros de la esfera: Hoy el porvenir de las culturas del mundo no está en que se aíslen y se encierren en la ilusión de una tribu, sino en que entren en un diálogo amplio y múltiple que demuestre cuán capaces son de convivir, cuán capaces son de alimentarse recíprocamente y cuántos recursos singulares hay en ellas para la formación de una verdadera cultura mundial que no sea negación sino coexistencia, que no sea imposición sino diálogo, que no sea amnesia y locura sino el rumor profundo de muchas tradiciones reconociéndose en su común significado humano y planetario.
¡Salud!



