Tras el telón de Jesús Quiroga
A la manera de Bolaño, Gabriela Mistral, Melville o Poe, Jesús Quiroga entiende la escritura desde los márgenes del oficio. Escritor, ex operario de aseo y artesano, Quiroga asumió el reto de autopublicarse: ensambla sus novelas de forma manual y las distribuye en su bicicleta por la ciudad de Cali. En un panorama editorial difícil, su autenticidad en redes sociales y la cercanía con sus lectores han convertido sus entregas a domicilio en una ruta literaria inédita.
Por: Daniel Steven Alvarado
Estudiante de Lic. en Literatura, Univalle

Decidirse escritor es estar en los márgenes y los oficios. Roberto Bolaño vivió una vida convulsa en el exilio, Clarice Lispector tuvo una infancia marcada por la migración, Gabriela Mistral fue una educadora rural, Herman Melville pasaba hambre en balleneros y ya sabemos el final de Edgard Allan Poe. Jesús Quiroga encarna esos límites: trabajó algún tiempo en Promo como operario de aseo y ahora intenta vender sus mermeladas artesanales. A su vez, sus novelas no son fabricadas en una editorial, sino que las corta y las prensa con sus propias manos. Un día se animó a subir un video a TikTok y, a partir de ese momento, pedalea por la ciudad de Cali junto a sus libros.
Desde hace doce años, aproximadamente, escribe. Entre sus autores favoritos están Albert Camus, Charles Bukowski, Nietzsche y William Faulkner. Primero empezó con la poesía y luego dio un salto a la novela. El oficio de empastar y ensamblar libros lo aprendió por su cuenta, conocía de sobra las dificultades para publicar en una editorial. No obstante, ese solo era el primero de sus tropiezos, tenía que hacer sus libros, promocionarlos y sobrevivir. Trabajaba limpiando, pero no dejaba de escribir en su mente. Así mismo, su labor de recoger los restos, también le permitía recolectar sedimentos para sus personajes, espacios e historias. “A veces me asignaban el turno nocturno en un centro comercial y en ese espacio-tiempo era donde más lograba desbordarme”, dice.
Así como en una novela asistimos a numerosas aristas de un personaje, Jesús muestra su vida cotidiana sin artificios. Esa verdad lo dio a conocer en redes y ahora le permite dedicarse a la venta de sus libros, pero también tener mucho más tiempo para su escritura y su emprendimiento de mermeladas artesanales.
Hacerse conocido en redes sociales no fue fácil. Primero, se reunía con amigos a hablar de Literatura, de modo mayúsculo, con ese aire intelectual. No obstante, esas entrevistas no le resultaron, en sus palabras: “Era mi plan, pero era muy forzado, solo una ficción”. Fue cuando decidió mostrarse sin tapujos frente a la cámara: “¿Qué hace un escritor cuando nadie lo conoce? Trabaja, se emplea en lo que sea, porque hay que conseguirse el pan”. Así como en una novela asistimos a numerosas aristas de un personaje, Jesús muestra su vida cotidiana sin artificios. Esa verdad lo dio a conocer en redes y ahora le permite dedicarse a la venta de sus libros, pero también tener mucho más tiempo para su escritura y su emprendimiento de mermeladas artesanales.

A veces la autenticidad está ligada a la soledad y se hace necesario construir un espacio interno para escribir. Jesús comparte esa visión: “Uno necesita encerrarse para encontrar una intensidad”. En esa reclusión emergen sus personajes. Cada uno guiado con una filosofía propia y una mirada particular sobre la ciudad de Cali. Algunos de ellos con tintes autoficcionales, como el protagonista de su novela Tras el telón, Arny Torres, un operario de aseo que trabajaba en el Pacific Mall. En todo caso, todos sus personajes se despliegan en dramas donde la psique es su principal conflicto. De hecho, su próxima novela está enfocada en este drama psicótico y la ruptura con la realidad.
El oficio de ensamblar libros no es lo que en realidad disfruta. Aunque es reconfortante el hecho de empastar sus propios libros, el trabajo lo vuelve monótono: “Ensamblar es una cosa brava y se vuelve mecánico, como un robot que corta y pega”. Lo que lo libera es subirse a la bicicleta y hacer las entregas. Lo más interesante del asunto, fuera de que el escritor vaya hasta la puerta de tu casa, es, en sus palabras, que la dirección nunca se repite. Cada ruta es un destino inédito. Además, ha presenciado la solidaridad de sus seguidores, en su mayoría caleños, que se animan a leerlo por quién es. En una de sus entregas, un comprador le confesó: ”Mi hermano, yo nunca he leído un libro, pero lo miré a usted y se lo compré por la tenacidad que tiene.”




