Perfil

Como somos

Por: Gustavo Bueno Rojas

Piero Antonio Franco De Benedictis[ (1945 - 2026), más conocido como Piero, fue un actor y cantautor italiano de canción social, trova y rock que residió en Argentina. En su producción artística destaca la canción de temática social y pacifista. Foto: imdb.com
Piero Antonio Franco De Benedictis[ (1945 – 2026), más conocido como Piero, fue un actor y cantautor italiano de canción social, trova y rock que residió en Argentina. En su producción artística destaca la canción de temática social y pacifista. Foto: imdb.com

La música de Piero me trae una marejada de recuerdos entrañables, especialmente porque era uno de los cantantes favoritos de mi madre. Cuando era niño e iba a su oficina, en una vieja grabadora que parecía resistir el paso de las décadas a punta de cinta adhesiva y fe, sonaban en bucle las baladas de esos grandes titanes latinoamericanos: Leonardo Favio, Sandro y, por supuesto, Piero.

Recuerdo muy bien que uno de sus planes favoritos de fin de semana era irse de expedición a las tiendas de música del centro de la ciudad. Regresaba a casa triunfante, cargando debajo del brazo varios long plays en sus carátulas de cartón que harían parte del universo sonoro de la casa. Uno de esos sábados llegó radiante con un álbum de Piero: en la portada aparecía el cantante argentino recostado despreocupadamente contra una pared de ladrillos. Mi madre puso el disco en el tocadiscos y lo escuchó por ambos lados y lo cantó con una efusión casi mística, paseándose por la sala con un cigarrillo entre los dedos. “Caminando por Caracas”, “Tomemos un café”, “Mi viejo” y “Cómo somos” eran algunas de las canciones que componían ese álbum inolvidable. Esa imagen de mi madre cantando a todo pulmón las letras del argentino, envuelta en una nube azul de humo y sonrisa, se quedó grabada y sonorizada como uno de los recuerdos más lindos e imborrables de mi infancia.

Mucho tiempo después, cuando mi madre falleció, me di cuenta de que, en medio de todo el barullo y el caos de los recuerdos, había un territorio intacto gobernado por la música. Esos momentos no se borran ni se desgastan; permanecen agazapados en el tiempo y, cada vez que suena una de esas canciones en la radio o la escucho en cualquier esquina, vuelven a atravesar la memoria con una nitidez que amansa el pecho.

Sus canciones, cargadas de una profunda lírica cotidiana, le valieron la persecución y el exilio durante los años de la dictadura militar argentina. Sin embargo, lejos de silenciarlo, el exilio amplificó su canto por toda América Latina, consolidándolo como un símbolo viviente de resistencia, esperanza y fraternidad entre los pueblos.

A mi madre solía gustarle la idea de la revolución y la justicia social. Quizás por eso le atraía tanto la figura de ese hombre que no dudó en levantar la voz en los momentos políticamente más oscuros y convulsos de Argentina y de toda América Latina, usando la canción como un escudo y el micrófono para gritar “Para el pueblo lo que es del pueblo” y darle dignidad y rostro a “Pedro Nadie”  y a “Juan Boliche”.

Piero De Benedictis nació en Italia en 1945 y se radicó desde muy niño en Argentina, fue una figura única en el panorama musical hispanoamericano. Tras un breve paso por el seminario que dejó huella en su sensibilidad humanista, irrumpieron en su vida la guitarra y la protesta. Debutó a finales de los años sesenta y muy pronto se convirtió en la voz del compromiso social y del inconformismo popular. Sus canciones, cargadas de una profunda lírica cotidiana, le valieron la persecución y el exilio durante los años de la dictadura militar argentina. Sin embargo, lejos de silenciarlo, el exilio amplificó su canto por toda América Latina, consolidándolo como un símbolo viviente de resistencia, esperanza y fraternidad entre los pueblos.

Piero habitó un territorio musical fascinante y singular: estuvo suspendido entre el romance visceral y apasionado de Sandro, la trinchera poética y social de León Gieco o Mercedes Sosa, y esa vibrante libertad del rock nacional argentino encarnada por Luis Alberto Spinetta y Charly García. Pero su genialidad no se detuvo en la canción de protesta ni en la balada existencial; fue un artista tan versátil y entrañable que también tuvo la delicadeza de cantarle a los niños con humor y ternura, regalándonos joyas como la “Sinfonía inconclusa en la mar”.

La muerte de Piero me ha conmovido. No solo porque sus melodías forman parte indeleble de la banda sonora de mi vida, sino porque durante todos estos días he vuelto inevitablemente a esos días lejanos cuando mi mamá llegaba feliz del centro, acomodaba los discos recién comprados sobre la mesa y, mientras se preparaba un tinto o se servía un aguardiente, encendía un cigarrillo cantaba a todo pulmón: ¡Todos tenemos parientes!

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