Albalucía Ángel: una vida consagrada a la literatura
Esta escritora (Pereira, 1939) ha sido recientemente galardonada en la Fiesta del Libro de Medellín. El reconocimiento concedido fue el VI Premio León de Greiff al Mérito Literario. Durante más de sesenta años, esta autora ha transitado los predios de la ficción, la investigación documental, la poesía y el feminismo. La Palabra celebra esta distinción y reconoce el legado de quien ha consagrado su vida al servicio de las letras y el arte en Colombia.
Por: Alejandro Alzate

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Albalucía Ángel Marulanda vino al mundo cuando en Europa empezaba la Segunda Guerra Mundial con la invasión a Polonia. No obstante esta dramática coincidencia, la suya no ha sido una vida de batallas sino de exploración artística y desarrollo de una fina sensibilidad social. Desde muy chica, la risaraldense recibió una educación tradicional al amparo de las madres franciscanas, aspecto que no opacó sus inquietudes posteriores en torno al conocimiento de fenómenos como la violencia y la hegemonía cultural y política patriarcal.
Como destacado puede calificarse su traslado a Europa en la década del 60, esto debido al ensanchamiento de sus referentes culturales y espirituales, y al establecimiento de un contacto directo con los autores del denominado Boom latinoamericano. También es importante mencionar los tres grandes periodos que han enmarcado su trayectoria literaria. Tal como reseña el Banco de la República, el primero de estos data de 1970 a 1972, momento en el que la narradora y poeta osciló entre la realidad y la ficción con una obra especulativa. El segundo periodo comprende los años transcurridos entre 1973 y 1979, y se estructura a partir de una sólida investigación sobre la realidad y la historia colombiana. Finalmente, está el lapso comprendido entre 1980 y 1984, espacio en el que se acentuó su interés por el feminismo y la literatura posmoderna.
A propósito de esta última categoría, estudiosos como Raymond Williams, puntualiza nuevamente el Banco de la República, señalan que es ahí donde puede localizarse la obra de esta escritora y la de otros prosistas como Marco Tulio Aguilera Garramuño, Darío Jaramillo Agudelo, Alberto Duque López, Rodrigo Parra Sandoval y el caleño Andrés Caicedo Estela. En lo atinente a su obra, por demás variopinta y exploratoria de diferentes registros escriturales y temáticos, puede decirse que Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón es la novela que mayor reconocimiento nacional e internacional le ha granjeado.
“Albalucía Ángel logró un estilo propio y una obra independiente del canon que se ha institucionalizado para la literatura latinoamericana. Su escritura se destaca por evocar los flujos de la memoria, la superposición de tiempos y personajes, y la profundidad de las problemáticas de la violencia desde una mirada femenina”.
Concluida en 1975, esta estremecedora aventura literaria terminó convirtiéndose en un referente de la literatura social latinoamericana. El estudio riguroso de los acontecimientos sociopolíticos, el sólido trabajo de archivo, la consulta meticulosa de fuentes y bibliografía especializada, y la posterior tematización literaria de la violencia colombiana, permitieron a Ángel Marulanda explorar facetas, vínculos, formas narrativas y tramas hasta entonces no establecidas en la novelística nacional que indagaba en nuestra violencia histórica. Luego siguieron títulos como ¡Oh gloria inmarcesible! (1979), Misía señora (1982), Las andariegas (1984), Tierra de nadie (1984), Cantos y encantamientos de la lluvia (2004), entre otros. También se han destacado sus piezas teatrales, sus poemarios y sus incursiones en la prensa nacional, especialmente en El Diario del Caribe y El Espectador.

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En torno al galardón concedido en Medellín, los jurados Patricia Cardona, Guillermo Quijas y Juan Diego Mejía conceptuaron que “Albalucía Ángel logró un estilo propio y una obra independiente del canon que se ha institucionalizado para la literatura latinoamericana. Su escritura se destaca por evocar los flujos de la memoria, la superposición de tiempos y personajes, y la profundidad de las problemáticas de la violencia desde una mirada femenina”. Adicionalmente, los referidos escritores resaltaron también “el carácter vanguardista de la obra de la autora y su complejidad técnica”. A modo de coda, no queda más que desear una larga vida a la obra de esta risaraldense universal y a los festivales literarios nacionales, prueba fehaciente de que la cultura sigue teniendo un espacio importante en nuestra vida nacional.



