Todo Comenzó por el Fin
Por: Hoover Baquero
Estudiante de Sociología

“Todo Comenzó por el Fin”
Género: Documental.
Director y Productor: Luis Ospina.
Producción Ejecutiva: Sasha Quintero.
Guion: Luis Ospina.
Director de Fotografía: Francisco Medina.
Edición: Gustavo Vasco, Luis Ospina.
Año: 2015
El testamento de un moribundo. Así ha calificado Luis «Poncho» Ospina a su film. Imagínese una reunión con un escogido grupo de amigos, comer y disfrutar de una larga conversación, recordando que su juventud fue una aventura de pasiones que llegó a convertirse luego en un movimiento cultural de una ciudad. Así se desarrolla Todo Comenzó por el Fin, en medio de la charla entre los viejos amigos de Ospina, cita a la que no llegaron Carlos Mayolo ni Andrés Caicedo.
La obra cinematográfica fue seleccionada el año anterior para el Festival Internacional de Cine de Toronto, haciendo parte del programa Midnight Madness, llevado a cabo entre el 10 y 20 de septiembre de 2015. Fue el único largometraje colombiano en esta lista.
Las presentaciones a nivel nacional se dieron el pasado 8, 9 y 10 de abril en las salas de cine, con una proyección adicional el 16 del mismo mes. Posteriormente en Cali, el Museo de Arte Moderno La Tertulia presentó al público el largometraje durante varios días. Todo Comenzó por el Fin también fue proyectado en Argentina.

Sin duda alguna, Ospina tiene claro lo que él ha significado para Cali, y sobre todo para el cine colombiano, en su vida profesional, sus aportes en el área y, desde luego, la contribución del Grupo de Cali. En la pasada versión No. 56 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias —FICCI—, fue ovacionado por el público con más de cinco minutos de aplausos seguidos y por primera vez se rindió tributo a un director colombiano. Como homenaje a su entrega y dedicación fueron proyectadas varias de sus películas. En el FICCI fue estrenado el largometraje.
Todo Comenzó por el Fin habla de la música, el cine, la literatura, las drogas. De cómo mientras el país vivía una de las épocas más complejas a causa del narcotráfico y la violencia generada, de manera paralela los de Caliwood producían largometrajes y vivían casi enclaustrados en su propia forma de vida, la que poco a poco fueron construyendo en Ciudad Solar.
La cinta empieza con apartes de lo que fue la infancia y adolescencia de Luis Ospina y su familia, la enorme casa que le sirvió de laboratorio, el acercamiento primario a la cámara de video. Sin embargo, la idea que en un principio se planteó debió ser transformada, pues justo al inicio del proyecto sufre una fuerte recaída gracias al descubrimiento de un cáncer en su cuerpo. Esto generó cierta incertidumbre en la grabación, pero hizo que Todo Comenzó por el Fin se convirtiera también en una autobiografía. Con una pequeña cámara en mano que le dieron para entretenerse y con cámaras de celulares de sus amigos, se registran momentos fuertes de su hospitalización, de su desmejora. Es así como los espectadores dan cuenta de la reanimación que le hicieron, de su panorama que no mejoraba, además del cambio repentino que pudo sacarlo de la habitación hospitalaria para continuar su testamento, uno muy íntimo.
Esta obra, que tardó cinco años en completarse, cuenta con material inédito, imágenes que nunca habían visto la luz del público. Imágenes que Eduardo «La Rata» Carvajal tenía en su poder, tanto fotos como videos. Fueron 36 horas de video inédito de fiestas, reuniones y jornadas de trabajo. En ellas, por ejemplo, es posible ver al cineasta Carlos Mayolo dirigiendo La Mansión de las Araucarias, un Mayolo con dificultades de adicción, pero también el genio de las muchas ideas para dirigir. Son sin duda una verdadera joya las piezas que como rompecabezas arman este testimonio.

Es un homenaje que va narrando la vida de Luis Ospina, Andrés Caicedo y Carlos Mayolo, las características únicas de cada uno que encarnan su propio personaje. Ya sea en voz propia o contando desde otra, la de sus amigos por ejemplo, es una narración que gusta, porque trae a la memoria muchas imágenes vividas, la Cali de los 70, pone al espectador en nostalgia de manera constante, es alegre y triste al mismo tiempo, permite traer reflexiones sobre la vida, los amigos, el amor, el arte, el quehacer diario. Para disfrutarla tendrá que tener paciencia, pues es una obra que dura 210 minutos, 3 horas y media de excelente cine con una continuidad muy al estilo del legendario «Poncho» Ospina.
Este retrato es protagonizado por voces que vivieron de la mano de Ospina la época de Caliwood, entre ellos Sandro Romero, Patricia Restrepo, Guillermo Lemos, Rosario Caicedo, Lina González, Hernando Guerrero, Clarisol Lemos —quien aprovecha esta oportunidad para hablar públicamente de Andrés Caicedo—, Karen Lamassonne, Beatriz Caballero, Vicky Hernández, Eduardo Carvajal y, desde luego, Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina.
Es un documental obligatorio para las futuras generaciones que quieran entender la cultura cinéfila de los 70 y desde luego la convulsionada sociedad de la época. Sin duda hará parte de las listas de documentales en las materias de los estudiantes de cine.
Ospina, a sus 67 años, lleva 45 de carrera cinematográfica. Es documentalista, cofundador de la revista cinematográfica Ojo al cine, al lado de Caicedo; fue el primer profesor de cine de la Universidad del Valle, la cual le confirió el grado Honoris Causa en Periodismo y Comunicación Social en el año 2007. Ha participado en festivales de gran renombre a nivel mundial de los cuales obtuvo grandes premios. Es sin duda un ícono del cine en Colombia y América Latina.



