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Escribir desde las sábanas: De ternura estamos hechos

En el libro De ternura estoy hecha por dentro, de la artista plástica Alejandra Rincón, el dolor tiene una dirección concreta: el padre enfermo. Alejandra habla de la cama del doliente como una geografía. La arruga y los pliegues de la sábana contienen la memoria del cuerpo. Por eso, el libro no pretende sanar; prefiere sacudir los silencios y exponer la hondura de la herida. Estamos hechos de sábanas, reposos, jadeos, asedios, aflicciones y voces.

Por: Daniel Steven Alvarado
Estudiante de Lic. en Literatura, Univalle

El pasado miércoles 28 de octubre, en el Auditorio País Invitado de Cali Lee, la artista plástica Alejandra Rincón presentó De ternura estoy hecha por dentro. Un libro híbrido e inclasificable que, a través del arte, el paisaje y la salsa, atraviesa la enfermedad, el cuerpo, el cuidado, la ausencia y la pérdida. Más que un libro, se trata de un trabajo sensible que se mueve como un espectro para rastrear aquellas presencias que invocan la experiencia de la ternura en medio del dolor.

La presentación fue a las siete de la noche y se organizó con la palabra abierta al público. Es importante decir que, para Alejandra, la escritura es «una voz que todos tenemos y nos autoriza a hacer cosas». Abrir el diálogo, de la misma forma que su libro conversa con muchos géneros literarios, fue un acierto. Entre las intervenciones del público destacó una pregunta muy disiente: «Alejandra, el cuerpo, a veces, es un gran silencio y la enfermedad un escándalo, ¿cómo afectó tu cuerpo la escritura de este libro?». La respuesta de la autora fue honesta:

«Tendemos a pensar que se escribe solo con la mente, pero te fatigas, estás sentado en una misma posición, los dedos te pesan en determinado momento. Por otro lado, desde la dimensión emocional, soy de las personas que no cree en la escritura sanadora; para mí, la escritura es un padecimiento, un estado de emergencia. Dejas un dolor y te retiras».

El dolor tiene en el libro una dirección concreta: el padre enfermo. Alejandra habla de la cama del doliente como una geografía. La arruga y los pliegues de la sábana contienen la memoria del cuerpo. Por eso, el libro no pretende sanar, prefiere sacudir los silencios y exponer la hondura de la herida. Estamos hechos de sábanas, reposos, jadeos, asedios, aflicciones y voces. De ternura estamos hechos.

Un libro híbrido e inclasificable que, a través del arte, el paisaje y la salsa, atraviesa la enfermedad, el cuerpo, el cuidado, la ausencia y la pérdida. Más que un libro, se trata de un trabajo sensible que se mueve como un espectro para rastrear aquellas presencias que invocan la experiencia de la ternura en medio del dolor.

Que un libro se titule como un verso de salsa y se presente en Cali no es casual. En un momento de crisis, dice la autora, se decidió por aprender a bailar salsa en una academia y esa andanza la ayudó a conectarse con su cuerpo. Además, toma la letra de «Busca por dentro» del Grupo Niche como una experiencia encarnada. A partir de allí, el cuidado se puede leer como una insurgencia sobre el cuidado, el bienestar y el vínculo afectivo con su padre, para mostrar que lo enternecido también genera incomodidad en su libro, porque la decisión de quedarse junto a un cuerpo enfermo afecta y descoloca el propio ser. A continuación, una de las citas del libro que leyó la autora en voz alta:

«De haber podido le habría quebrado las costillas, el esternón. Mire el fuego que habría crecido en los brotes de su pelo rojo y ardía sin posibilidad de ahogarlo. Decidida a quitarle el abismo del cuerpo y a quitar las llamas rompí el silencio repitiendo una sola palabra. Él me miraba con los ojos en trance…».

Por otro lado, la trayectoria personal de Alejandra también nos dice muchas cosas. Nació en Tuluá, Valle, en 1981, y desde que empezó a estudiar Artes plásticas se interesó por el lenguaje audiovisual. Sus videoinstalaciones han circulado en festivales como Experimenta Colombia, el Festival de Cine de Villa de Leyva, el Oodaaq de Rennes, en Francia, y el Festival Internacional de Video Arte de Buenos Aires. No obstante, el interés por la escritura le llegó cuando estaba realizando su maestría en Artes visuales. Quizá, por eso, el libro tiene esa plasticidad textual: hecho de retazos, de fragmentos, de imágenes sensoriales.

A pesar de la visión artística que tiene la autora, Cali Lee se plantea este año como un festival para sanar. Entre el 23 de octubre y el 2 de noviembre, el Bulevar del Río y el Paseo Bolívar recibieron a República Dominicana como país invitado de honor y a una programación que giró en torno a la memoria, el duelo y la reconstrucción. «El libro sana, porque el libro nos vuelca hacia dentro, hacia la reflexión», ha dicho la directora, Paola Guevara. En ese contrapunto entre escritura y lectura podemos nombrar la fragilidad humana y enternecernos después de la tragedia.

El acto de escritura es un acto que toca los cuerpos. En el auditorio, el tiempo no alcanzó para escuchar a todos los asistentes. Al parecer, el libro convocó muchas experiencias encarnadas en los invitados; incluso, los presentadores tuvieron que intervenir. Ante esto, podría decirse que tanto la lectura como la escritura también son actos de incompletud. La palabra no  puede agotarlo todo ni cerrar la herida, sino abrir el espacio para otros cuerpos. Allí, la literatura se enuncia y ocurre de nuevo con la posibilidad de que cada uno hable en su propia lengua.

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