Ser mujer y ser musulmana en Cali
Ser mujer es tener consciencia de mi humanidad, reconocer la diversidad en mí para plantearme una deconstrucción de lo que me afecta y tiene repercusiones en las comunidades a las que pertenezco. Ser mujer también significa luchar, ser revolucionaria, transformadora de la vida; ser armonía, comprensión y paciencia. Si las mujeres parimos la humanidad, tenemos la obligación de la revolución.
Por: Nathalia Muñoz Arias
Estudiante de Lic. en Literatura

Aishah estaba en la estación del MIO y una mujer le gritó. Tuvo suficiente con observar el velo en su cabello para concluir que ella era una “activista”. Pero lo cierto es que Aishah no es ninguna agitadora política, es una musulmana conversa que no esperaba usar el velo para escuchar gritos en las calles, sino para mostrarle al mundo una nueva perspectiva del Islam.
Ar-Rahmán es su atributo preferido porque, de los noventa y nueve nombres o virtudes que en las creencias islámicas recibe el Dios Allah, este representa el vínculo entre la piedad y la benevolencia de su dios con la condición femenina.
Es miembro de la mezquita islámica An-Nur de Cali, ubicada en el barrio Santa Isabel. Luego de finalizar la oración del viernes con el tasbih en las manos, me explica que practica el Islam desde hace cinco años porque emprendió una búsqueda espiritual, y siendo musulmana pudo liberarse de muchos prejuicios.
—Si la gente me ve y piensa cosas malas de mí por ser musulmana —dice—, y realmente no soy lo que muchos piensan, no puedo emitir juicios sobre los demás porque repetiría la misma historia.
Practicar el Islam también la condujo a descubrir el Corán, donde encontró establecidos derechos para las mujeres que se sumaron a sus intereses por el ser femenino y enriquecieron su visión de mundo sobre la mujer musulmana.
Si la gente me ve y piensa cosas malas de mí por ser musulmana, dice, y realmente no soy lo que muchos piensan, no puedo emitir juicios sobre los demás porque repetiría la misma historia. Practicar el Islam también la condujo a descubrir el Corán, donde encontró establecidos derechos para las mujeres que se sumaron a sus intereses por el ser femenino y enriquecieron su visión de mundo sobre la mujer musulmana
A la mezquita asisten alrededor de cien musulmanes, la mayoría conversos, entre ellos algunas mujeres que se han acercado luego de establecer comunicación con devotos a través de redes sociales y quieren conocer el Islam. Cuando ellos deciden aceptar a Allah como único dios, se espera que dirijan sus comportamientos según las leyes del Islam; así, por ejemplo, las musulmanas no están en la obligación de sostener la economía del hogar, a diferencia de los hombres, pero, si quieren trabajar, es su elección. En cambio, si contraen matrimonio deben elegir un musulmán, mientras que los hombres tienen permitido casarse no solo con musulmanas, sino también con cristianas y judías.
—Cuando uno quiere saber por qué debe casarse únicamente con un hombre musulmán, viene la definición del patrilinaje —dice—. Los hijos siguen al padre en la religión, él es quien enseña; cuando nos casamos con un no musulmán es como si nuestros hijos perdieran la línea del Islam.
Pero Aishah cree que este es un tema para discutir porque existen muchas interpretaciones, y piensa que si hay principios en común, como la justicia y la solidaridad, y se respetan las creencias particulares, es posible pensar en una elección más libre para las musulmanas.
El velo o hiyab es una prenda que representa la modestia, y el Corán decreta que las mujeres deben guardar su belleza ante los hombres adultos que no pertenecen a su familia. Es una práctica que permite tratar a la mujer según su personalidad y no por su condición física, pero Aishah, aunque no pensaba usar el velo cuando se convirtió al Islam, eligió otras razones para cubrir su cabello y su pecho:
—Empecé a usarlo en la universidad porque quería que ahí vieran que una mujer musulmana podía ser profesional.

Llevar el velo ha sido su elección, pero a veces debe ocultarlo por circunstancias laborales. La cantidad de prejuicios sobre los musulmanes ha creado miedo en la sociedad y en la mayoría de las empresas han considerado cierto perfil para emplear: evitan lo que identifiquen como musulmán. Hay musulmanas que consideran cumplir todos los requisitos y no consiguen trabajo; son abogadas que hablan dos o tres idiomas, ingenieras y psicólogas que están desempleadas, entonces se entra en el conflicto de quitarse o no el velo, pero quitárselo por la necesidad del trabajo es como darles la razón.
Ser musulmana en Cali no solo significó para Aishah olvidar sus convicciones durante las horas de trabajo, sino que también significó decidir entre abandonar su carrera universitaria o continuar con ánimos para escuchar los comentarios de sus compañeros, que iban desde un «¿cuándo te vas a explotar?» hasta un «¿es verdad que por matar a un judío asciendes siete grados en el paraíso?». Algunos incluso le aseguraban que su religión era un impedimento para su formación profesional, pero ella culminó sus estudios en Comercio Exterior porque el Islam no le prohíbe estudiar.
Aishah realiza la primera oración del día a las 5:00 a. m. y las cuatro restantes las reparte entre lecturas y su trabajo como empresaria. Ayuna en el mes de Ramadán, asiste a la mezquita y, en general, sigue los preceptos del Islam, interesándose al mismo tiempo por el ejercicio crítico de su religión y por la libertad femenina que para ella no está condicionada por los radicalismos de algunas interpretaciones. Cree que podría practicar el Islam en Cali o en Oriente, porque sabe que en el mundo otras mujeres comparten opiniones similares a las suyas, y porque asegura que podemos ser mujeres con plenos derechos y para ello debemos deconstruir las interpretaciones patriarcales endémicas asociadas al Islam, y luchar contra el colonialismo patriarcal que promueve el sistema capitalista.



