Reportaje

La RAE, la lengua y el mito de Sísifo

Cierto es que el lenguaje cambia y evoluciona. Cierto es que el habla, como sucede con  todo en el acontecer cultural, se actualiza; para bien o para mal, pero se actualiza.
A pesar de la vitalidad de la lengua, no deja de ser curioso que su máxima rectora, la RAE, reivindique cada tanto la fascinación por implementar cambios que parecen más traídos de los cabellos que necesarios.

Por: Alejandro Alzate

Ilustración: Óscar Sarramía. Tomada de: elmundo.es

Trolear, encuarentenarse,valemadrismo, emergenciólogo y urgenciólogo son solo algunos de los nuevos términos que incluye la actualización 23.5 del Diccionario de la Lengua Española. Los dos últimos, surgidos durante la pandemia del Covid-19, permiten observar cómo las circunstancias extralingüísticas influyen en la constitución de un idioma. Interesante, sin duda,  resulta el vínculo que surge entre un suceso y el devenir expresivo de los pueblos. Ciertamente, estos neologismos integran lo que hace 200 años era impensable: la fenomenología del mundo como tal y la manera de contarla o nombrarla. Si no fuera por los sustantivos, ¿qué sería de nosotros, pobres mortales acosados por las agujas del reloj?

No obstante lo dicho, resulta llamativo el hecho de que las normas y leyes que hoy decretan con solemnidad togados, eruditos, escritores y gramáticos consumados-y consumidos-, mañana se deroguen. Eso reivindica una extraña, y casi perversa, identificación con la moda. Con su carácter efímero. Con un movimiento de ida y vuelta, como el acometido por Sísifo en su ya clásico mito. Los ires y venires idiomáticos que caprichosamente sentencian las actualizaciones promulgadas por la RAE, tienen, muy  a su pesar, algo no muy académico. Esta es nuestra hipótesis.

Piénsese, por ejemplo, y a modo de ilustración, en la industria textil, en cómo muchas de las prendas que fueron verdaderos hits en 1960 o 1970 (¡y cuidadito con poner tilde a la conjunción adversativa «o» para separar las cifras!) regresan hoy, 70 años después, para vencer las sanciones de otras modas que, a su vez, las consideraron otrora anticuadas o de mal gusto. Una rápida ojeada a las calles permite ver las botacampana que estilizan hoy los jeans de miles de chicas en toda la Hispanoamérica. Después, y en esto no cabe vacilación, las únicas campanas que redoblarán con el paso del tiempo y la llegada de otras modas serán las de las iglesias, cada vez con menos feligresía,  y las de la extraordinaria novela del  Nobel suicida Ernest Hemingway, Por quién doblan las campanas. Lo que hoy es, mañana no. De los jeans a las palabras escritas o habladas el común denominador es el mismo: el uso cultural, la pugna por imponer formas y estilos que serán descalificados y luego reciclados nuevamente, porque sí.

El vínculo que con la moda establecemos a modo de símil puede ser, como dicen los franceses, insipide; no obstante, ejemplifica bien la relación con el mito de Sísifo. Como es bien sabido,  el legendario personaje, que subía una empinada cuesta con una enorme roca sobre sus hombros,  experimentaba una honda amargura cuando, a punto de culminar el ascenso, veía cómo la pesada mole caía de sus fatigados hombros a los pies de la colina para que la operación se repitiera sin fin hasta la eternidad…Una y otra vez.

Así el panorama mítico y lingüístico real, puede decirse que la RAE carga hoy una roca hecha de palabras, postulados y empleabilidades que mañana caerán en desuso para volver después a la vida dialectal. Hoy, por ejemplo, resultan vanos los esfuerzos de antaño para incluir en el abecedario los dígrafos ch y ll. Éstos, o mejor escrito, «Estos», pues los pronombres demostrativos han perdido el acento ortográfico para conservar solo el prosódico, han sido condenados al exilio. Ahora, que se les relaciona con las formas de lo anticuado y lo innecesario, pasan a ser piezas de un museo escritural decadente. A pesar de esta condición, dicen los expertos que su desaparición se da solamente al nivel de la notación alfabética, pero que seguirán usándose en el registro escrito común. De no ser así, ¿cómo podríamos ver los jeans botacampana en las ca-lle-s y quedar cha-m-u-s-c-a-d-o-s ante tanta be-lle-za?

…resulta llamativo el hecho de que las normas y leyes que hoy decretan con solemnidad togados, eruditos, escritores y gramáticos consumados, mañana se deroguen. Eso reivindica una extraña, y casi perversa, identificación con la moda. Con su carácter efímero.

Pero si por los lados de los  mencionados dígrafos llueve, en otros no escampa. Es este el caso del prefijo ex. Si bien hasta hace unos años era normativo que este se separara del sustantivo que antecedía, hoy está estandarizado justo lo contrario, es decir, que se adicione al sustantivo para formar una sola palabra. De tal suerte, ya no se escribe ex-marido, sino exmarido. Ahora bien, el asunto se complejiza aún más cuando el prefijo antecede una palabra compuesta como director general, por ejemplo. En este caso se retoma la vieja usanza e irá todo por separado.

Si del uso del grafema Q se trata, la RAE ha dispuesto un verdadero rompecabezas. Más propio de un juego de azar que de una decisión trascendente para la preservación de una lengua, de una tradición. Iraq ahora será Irak, mientras que quórum será cuórum. En el caso de las tildes diacríticas el espectro se ha ampliado. Ya no se trata de la no acentuación de los monosílabos  fue, fe, vio y dio, sino de los sustantivos monosílabos guion y truhan. Tampoco tendrá acento ortográfico el verbo huir en pretérito.

Dicho todo esto, que es ínfimo y minúsculo ante la cantidad de cambios que hay hoy por hoy, solo resta decir que el castellano no solo está vivo, sino que respira por demasiadas bocatomas; tantas, que es necesario tener mucho tiempo y curiosidad para estar al tanto de todo y no quedar out. Afortunadamente, aquello de quedar out no será de mucha relevancia, pues como hemos visto, la gramática tiene el espíritu cíclico de la moda: lo que va, vuelve, como un búmeran. Eso sí, como el exceso de confianza es perjudicial para la salud, solo queda rogarle a Dios que mañana baca no vaya a ser igual que vaca, o que, en un acto justiciero con la igualdad de género animal, baco, cabro, tortugo, liebro o tigro, no vayan a ser las nuevas formas verbales con las que tengamos que llamar a ciertos machos del reino animal.

El director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, durante la presentación de las novedades de la última edición del Diccionario de la lengua española, este jueves.
Foto: Efe – Chema Moya. Tomada de: ultimahora.es

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