Homenaje

El juglar del río y las andaduras por Cartagena de Indias

Preliminares
El canto de Enrique Muñoz Vélez es siempre de bella raíz étnica y recoge en su prosa el místico lenguaje popular y erudito que se va dejando de lado. Es oportuno que ahora loe a José Benito Barros Palomino, el compositor germinado en los vientos de Lisboa en la vieja Portugal de donde se dice venía su padre. El verso de andadura, como lo denomina nuestro autor, recoge a uno de los más grandes compositores que otrora inmortalizara, entre tantos, La Piragua, que no conoció fronteras, siendo los Andes, desde la sierra Colombiana, pasando por el Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, la columna vertebral por donde ha discurrido este canto de sabor a cumbia colombiana.
José Carlos Vilcapoma (Perú).

Por: Enrique Luis Muñoz V.

José Benito Barros – Foto: https://luiskramirez.wordpress.com
José Benito Barros – Foto: https://luiskramirez.wordpress.com

Con José Benito Barros Palomino se escribe una página interesante en la historia de la música de Colombia, desde el Caribe. Él, músico empírico que lleva el aliento de aires populares como el tango, rancheras, vals y boleros a calles, bares y cantinas para obtener unos pesos para el sustento. Desde la orilla de la dificultad económica, con escasa formación académica para no decir ninguna, nace el artista invento de su propia creación.

La vida está en la calle como a bien afirma el antropólogo peruano José Carlos Vilcapoma, conocedor del folclor latinoamericano y estudioso de la obra del compositor colombiano. La vida del artista fue la calle y una guitarra desafinada y abandonada por un tío materno como trasto viejo, marcaron su inicio con la música que el pueblo cantaba voz en cuello.

Al lado de Adriano Enrique Barros Palomino (1914 – 2004), su hermano, juegan ellos, desde niños a ser músicos – en los apuntes de su hermano a modo de biografía – deja, algunos párrafos dedicados a José Benito. Lo describe como un niño necio y perseverante en lo que quiere hacer, en este caso particular, músico. La facilidad en el verso lo impulsa a un ritmo musical acompañándose a su manera con la guitarra e intuyendo melodías encuadrada con su naciente escritura garabateando el primer parto compositivo. Con Adriano Enrique conforman un dueto que serenateaba en propia casa con el pasillo Lucila:

Lucila morena linda Dulce gitana te quiero Como yo nunca pensé quererte.

La primera etapa de José Benito está ligada a la de su hermano Adriano Enrique, sin esa complicidad, las dificultades artísticas hubieran sido mayores.

Se ha dicho algo sobre la imposibilidad de aclarar del todo el enigma que envuelve la vida de ciertos artistas en el campo de la música. Barros no escapa a ello. Se puede apreciar en la mayoría de crónicas y reportajes sobre el artista a lo que se suma una serie de contradicciones cronológicas, frases asertivas que de manera ligera le otorgan cierto don de ubicuidad digno de la mentalidad popular en la construcción de imaginarios
sociales.

Barros logra mirar hacia sí mismo y explorar en la música de su región a manera de memoria recobrada con la complacencia de Lucho Bermúdez que le organiza sus ideas desde la escritura musical

Gracias a Sebastián Herrera Ibarra, guitarrista con prestigio y creador del Trío Nacional, José Benito fue adquiriendo los rudimentos del aprendizaje con el instrumento. A esa incipiente formación en el ejercicio de la guitarra se encuentra con el maestro Dámaso Romero Olascoaga, quien lo pone en contacto con su hermano artesano y Lutier Betsabé Caraballo Olascoaga. Barros obtiene su primera guitarra con las condiciones técnicas y decentes para ir por la vida como un juglar enamorado.

Luego, vendría el maravilloso encuentro con el Niño Julio y Gabriel Nemesio Gómez, ambos guitarristas y cantantes que para la época oficiaban como acompañantes de los nóveles músicos de Cartagena. Julio y Gómez, gozaban de cierta fama por ser los acompañantes del dúo de los hermanos Bertha y Gilberto Delgado Iglesias.

Poco a poco, Barros va conociendo el ambiente musical de la ciudad y se ve transitar con cierta asiduidad por las calles del barrio Torices, poblado en gran mayoría por viejos getsemanicenses que lo acogen como un habitante más y señalado por la comunidad como el cantor de melodías bonitas de corte romántico.

José Barros archivo Festicumbia – Foto: www.theglobalbassexperience.com
José Barros archivo Festicumbia – Foto: www.theglobalbassexperience.com

Puede decirse, sin equívoco alguno que, Barros en Cartagena fue promotor de los cafés cantantes, acompañado siempre por guitarra y voz se dio a conocer, donde ya Sobrino Caro, había dejado una profunda huella de juglar y pregonero del amor, desde finales de siglo XIX y primera mitad del XX.

La naturaleza expresiva en Barros y cierta facilitad con la versificación le facilitaron más un trabajo en la calle que en el café restaurante Central Bolívar en el barrio de San Diego, a escasos metros de la Emisora Fuentes. Canta boleros, vals, pasillos y tangos (en Cartagena aparece reseñado como fenómeno musical desde 1911, ver el periódico La Época). Treinta años después, el tango como género musical va encontrar a los cantores del patio, como Luis Carlos Gallardo, el artesano Arévalo, El Bony Mejía y entre ellos, en calidad de aficionado el joven Melanio Porto Ariza (destacado periodista deportivo).

La música de la región Caribe está ausente en el músico del momento y él como otros músicos, venían marcado por la influencia de las músicas del blanqueamiento que imponía la élite Nacional y las criollas. Hasta que Barros logra mirar hacia sí mismo y explorar en la música de su región a manera de memoria recobrada con la complacencia de Lucho Bermúdez que le organiza sus ideas desde la escritura musical.

No se pretende dejar plasmado una biografía total sobre el músico compositor, sino exponer con rigor cada una de sus actividades ligada a su vida artística, y de suyo, al perfil humano de un hombre digno de aventuras

El periodista y miembro fundador del Minarete del Arte, Rafael Franco Carrasquilla (Tony Porto) lo recomienda con el propietario del bar Club El Emir, en Altos de La Heladería Americana, calle del Arzobispado, para que se presente los fines de semana con un trío conformado por Carlos Gómez (El Fulo) y Reinaldo Villarreal.

El rastro de José Benito en la música con mayor certeza posible, hay que buscarlo en Torices, en el hogar de Adriano Enrique y Lucila Salguedo. Indagarlo, se hace necesario, ir a los apuntes de su hermano en el que se contempla gran parte de la memoria del músico bohemio.

Poster Año José Barros Foto: www.theglobalbassexperience.com
Poster Año José Barros Foto: www.theglobalbassexperience.com

Restauración de la memoria

Con Olga Cecilia Barros (1945), la hija mayor de Adriano Barros Palomino emprendí con documentos en manos y fotografías, desentrañar un poco la vida de José Benito. Principalmente, la afirmación sentada como cierta de que su madre murió cuando él era un niño. Valido de dos fotografías, la de sus padres puede comprobarse, la otra historia, la que el viejo roble de Joao María y Eutasia Palomino, principalmente la madre vivió más años de lo señalado, en algunas crónicas y reportajes hechos al músico se ha escrito que él fue criado por su hermana mayor.

José Barros a la edad de 17 años cuando prestó Servicio Militar Foto: http://cumbiapoder.blogspot.com
José Barros a la edad de 17 años cuando prestó Servicio Militar Foto: http://cumbiapoder.blogspot.com

Gran parte de la vida de Barros hunde raíces en Cartagena de Indias y, su madre Eutasia lo acompañó en el peregrinaje y anclaje en el barrio Torices, cuando ya era un hombrecito; ella padeciendo una terrible enfermedad que poco a poco, la fue minando. Olga, la sobrina del músico la conoció, ya que su abuela murió en la casa de madera de propiedad de su padre -al lado de su hijo Adriano-, expresa Olga. Estas aseveraciones la confirma Aquiles Salguedo (1938), tío materno de Olga, quien la lidió en sus últimos años de vida. Se respalda las afirmaciones de Olga y de Aquiles con la fotografía de Eutasia Palomino.

Un día cualquiera de 1930, José Benito Barros Palomino desapareció de su pueblo, con rumbo desconocido. La única que no se alarmó en su casa fue su madre, Eustasia Palomino, porque pensó que se trataba de una simple travesura de muchacho

Olga, recuerda a la abuela Eutasia como una indiana delgada, tierna de abundante cabellera negra y entre cana, callada como si hablara con los silencios, muere en 1953, – ya mi tío José Benito tenía 38 años -, por lo tanto, de acuerdo con el relato de Olga se desvanece la afirmación que su madre muere cuando él tenía unos pocos años de existencia y fue criado por su hermana Clara.

El periodista Alberto Salcedo Ramos, en Diez juglares en su patio nos dice: Un día cualquiera de 1930, José Benito Barros Palomino desapareció de su pueblo, con rumbo desconocido. La única que no se alarmó en su casa fue su madre, Eustasia Palomino, porque pensó que se trataba de una simple travesura de muchacho. Incluso, preparó el regaño que le daría cuando volviera. Pero no volvió esa tarde ni las siguientes.

Casa de José Barros sede de la Corporación Festival de la Cumbia Foto: https://commons.wikimedia.org
Casa de José Barros sede de la Corporación Festival de la Cumbia Foto: https://commons.wikimedia.org

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