Crónica

¡A la Reconquista de Espacio Público! Sobre los Zancos del V Festival de Teatro Popular Vivo Callejero

En medio de una ciudad frívola, se vivieron 10 días de espectáculo teatral en los que artistas de diferentes agrupaciones y colectivos pusieron en escena diversas representaciones en las que nos dieron a entender cómo interpretan y ven al mundo, a lo urbano y lo popular. Charlamos un rato con Gabriel Cataño, gestor del evento y director artístico del grupo teatral Fantomas.

Por: Camilo Villa
Estudiante de Sociología

Fragmento de “¡Bolívar Vive!” - Fotos: Camilo Villa.
Fragmento de “¡Bolívar Vive!” – Fotos: Camilo Villa.

Hay quienes nunca han visto teatro, porque este arte no hace parte de su cotidianidad, no tienen con qué pagar una boleta de entrada o viven tan lejos y apartados de un teatro que simplemente desconocen toda la presencia y oferta de puestas en escena que esta ciudad les ofrece. En ese panorama, la Corporación Festival de Teatro Callejero Popular Vivo Callejero nació gracias a una iniciativa de varios gestores culturales, directores artísticos y otros más, involucrados con la tradición teatral de la ciudad y herederos del Teatro Experimental de Cali, el Instituto Popular de Cultura o la Escuela de Arte Dramático de la Universidad del Valle.

La tradición de zanqueros y actores callejeros al parecer se remonta a la década de los 80, cuando no había que pedir permiso y el oficio se ejercía libremente. Posteriormente, y gracias a la proliferación de remedadores, rebuscadores y personas cuyo mínimo talento artístico es explotado para sobrevivir a diario, el movimiento entró en declive; impactado por los fenómenos producidos por la guerra y el narcotráfico en la ciudad, también el teatro callejero se vio afectado y disminuido.

Este es el V festival de un colectivo del cual hacen parte 12 grupos teatrales, avalados por el Concejo Municipal, durante el cual llegaron a varios corregimientos y barrios de las zonas periféricas de la ciudad. La apuesta a futuro es integrar enfoques tanto de exhibición como componentes pedagógicos; uno de sus objetivos es el de posicionarse en colegios y centros de enseñanza con la idea de crear nuevas agrupaciones, masificando la apuesta de teatro callejero; todo esto, claro, sin contar actualmente con el apoyo de la administración local.

En palabras de Gabriel Cataño: Trabajamos con lo mínimo, pero mostramos que sí podemos hacerlo. La Corporación Festival de Teatro Popular es la consolidación exitosa de una iniciativa por hacer arte, cuya fuente de inspiración en la mayoría de los casos son la gente, las situaciones cotidianas, fenómenos que nos unen y nos diferencian, apartándose un poco de las tradiciones canónicas de la oferta de algunas casas de teatro de la ciudad

El festival se hizo ver. A pesar de las demoras en contratos y permisos por parte de las autoridades municipales, se registró una asistencia cercana a las 6.000 personas, locales y extranjeros, durante los días en los que se pusieron en escena obras que combinaron estilos y variedades de técnicas. Por otro lado, el público caleño, uno de los orgullos de esta ciudad, respondió de manera acertada a esta iniciativa.

En palabras de Gabriel Cataño: Trabajamos con lo mínimo, pero mostramos que sí podemos hacerlo. La Corporación Festival de Teatro Popular es la consolidación exitosa de una iniciativa por hacer arte, cuya fuente de inspiración en la mayoría de los casos son la gente, las situaciones cotidianas, fenómenos que nos unen y nos diferencian, apartándose un poco de las tradiciones canónicas de la oferta de algunas casas de teatro de la ciudad.

En este renacer del movimiento teatral callejero se proyecta un plan de mejoramiento con la ambición de beneficiar a toda la ciudad. Sitios como el Parque de los Poetas al lado del Bulevar del Río Cali son muestra de la potencialidad de la misma en materia de consolidar espacios culturales con propuestas permanentes, como las del Colectivo Festival de Teatro Popular; pero, para que iniciativas como estas se institucionalicen, deben contar con más apoyo por parte de las autoridades municipales, el sector privado, la academia y la población en general.

El movimiento teatral callejero se encontraba acéfalo ya que iniciativas anteriores habían fracasado. No es fácil poner de acuerdo a tantas personas con intereses diversos; campos como el teatro resultan conflictivos a la hora de consolidar iniciativas de cooperación, pero a pesar de eso, el Colectivo Festival ha logrado sortear las dificultades en su interior, en especial heridas que inciden en la consolidación de propuestas como estas.

Danza Folclórica Nueva Era de Ciudad Córdoba, en la parada de Zanqueros.
Danza Folclórica Nueva Era de Ciudad Córdoba, en la parada de Zanqueros.

En cuanto al festival, logró llenar de sonrisas y de buenas sensaciones a sus asistentes; muchos manifestaron que era la primera vez que veían algo así en su vida. Ciento sesenta y cuatro zanqueros abrieron el evento, y tras ello actores, actrices, mimos y otros más ocuparon las tardes de transeúntes y amantes del teatro durante una semana. A pesar del limitado apoyo de la Secretaría de Cultura, los grupos y colectivos teatrales lograron demostrar la calidad y espontaneidad de las puestas en escena, siendo de agrado para la mayoría de los que asistimos a sus exhibiciones.

El teatro callejero ofrecido por colectivos como este se basa en el acontecimiento, busca darle forma y convertirlo en espectáculo, da poética al espacio; es el rescate de lo popular y la cercanía con la luz. Sus puestas en escena son celebraciones, similares a los carnavales y los velorios, ya que tienen la capacidad de propiciar encuentros, de la misma forma que lo hacen las veladas en los patios o los momentos de congregación en los que familiares y extraños se reúnen con algún propósito. La tarea es larga aún, y para que estas propuestas se consoliden, requieren del apoyo de múltiples sectores, incluidos los de la academia, en cuyos pasillos se discute y se defiende la nación. La rigurosidad científica y la soberbia deberían de dar paso de vez en cuando a pensarse manifestaciones como estas. ¡Ah, para colmo de males, en pleno siglo XXI aún está pendiente dialogar con las historias del teatro caleño!

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