BiblioHuerta El Aguante
Por: Colectivo Bibliohuerta El Aguante
Asesoría: Shirley Sáenz Mosquera
Docente Sede Buga

Coincidimos en que nuestras vidas cambiaron a partir del 28 de abril del 2021. En este relato vamos a ir remendando nuestros fragmentos que juntos consolidamos a través de crónicas, y que de la misma forma, vamos a ir construyendo lo que significó la Bibliohuerta El Aguante para este grupo de jóvenes que queremos un mejor país, manifestando que estamos despiertos y atentos al desgobierno al que nos someten. A lo largo del mes de resistencia nos fuimos encontrando con este espacio a la que se reconoció como la Bibliohuerta, y a la vez íbamos llegando a un refugio para re-encontrarnos como comunidad, donde sentíamos que podíamos actuar y resistir desde el arte y para la soberanía alimentaria, dándole con nuestros actos, fundamentos a la nación desde la cultura y nuestras ganas de educar-nos. Aquí se recalca el hecho de que el reto de propiciar un país mejor nos llevó al final a elegir un nombre poco usual para un espacio tan académico como lo es una Biblioteca, pero decidimos al final El Aguante, porque somos resiliencia, resistencia y semilla, sobrevivimos a las peores batallas para salir victoriosos.
Llegamos porque no nos sentíamos cómodos quedándonos callados o quietos, y porque no queríamos que este momento histórico se volviera una efervescencia pasajera y etérea, algunos ya veníamos gestionando insumos y resistiendo con nuestras formas hasta avanzados los días en que coincidimos en este espacio, los primeros acercamientos fueron cuando la estructura estaba bañada en tizna y destruida, donde poco a poco fue tomando forma como espacio para la creatividad, la convivencia y el sentido de pertenencia con el territorio. Destacamos el compromiso para llegar al lugar constantemente, algunos atravesando varios barrios o viniendo de barrios un poco más alejados de la comuna, poniendo nuestro cuerpo ante la represión y falta de oportunidades.
Sin dejar que el miedo nos paralizara, seguíamos reuniéndonos incluso después del primer mes de resistencia; continuamos después de que Duque diera la orden de desplegar la máxima fuerza, de que los disparos sean el pan de cada día, de tener muy claro que en cualquier momento las motos y las camionetas de nuestras pesadillas se podrían manifestar haciendo lo suyo, y el hostigamiento desde el aire observándonos en helicópteros, con los conflictos internos, de la persecución y de las pocas garantías que tenemos para la paz, pero a pesar de todo esto seguíamos congregándonos dignos de la palabra Aguante. En la huerta, alcanzamos a sembrar aguacate, fríjol, yuca, cebollín, girasoles, junto con los habitantes de la comuna 6 y personas aledañas iban y participaban, llevaban niños, aparecían juegos espontáneos que nos reforzaban la esperanza. Pintamos frases hermosas en el lugar como, por ejemplo: “yo vengo a ofrecer mi corazón”, o “El amor es revolucionario”, llenamos el lugar con libros, con un sentimiento de comunidad indestructible, con murales llenos de fortaleza y peticiones de paz que nos regalaban memoria histórica para recordar a los caídos de la comuna y la diversidad. Un lugar para el crecimiento de todas las formas.
El 4 de junio se consolidó la última arremetida grande contra el punto de resistencia por parte de los organismos represivos del Estado (Policía, ESMAD y militares), intimidando a la comunidad desde lo psicológico, hablando feo y con militares cargando armas grandes, hasta lo físico, con los policías aprovechando para disparar sus armas de fuego cuando se forman las nubes de humo de gases lacrimógenos vencidos. Este día conocimos una vez más la sevicia de su actuar, destruyeron el huerto y le pasaron por encima a nuestros símbolos de resistencia, pusieron su bota ensangrentada encima de nuestras plantas, tiraron nuestros libros, pinturas y con su presencia intimidante nos quitaron el lugar.
Pero, así mismo como ya nos habian quitado desde antes las oportunidades y pudimos resistir, vamos a seguir resistiendo por un nuevo lugar que pedimos a gritos, en el que podamos seguir cultivándonos en conjunto para crecer con mejores herramientas para la cultura, la organización y la dignidad, nos imaginamos un futuro distinto. Seguimos, y mediante este espacio generamos una voz que espera alcanzar un eco, pidiendo paz, justicia y equidad, no queremos que las juventudes vulnerables sigan viviendo a la sombra de la violencia. Unidos y unidas logramos consolidar un sueño, proyectarlo y empezar hacerlo realidad, aquí compartimos las distintas formas en las cuales llegamos a la Biblio Huerta El Aguante, destacando la fortaleza y la humildad de quienes integramos este espacio, a continuación, algunas de las voces:
Su llegada fue algo tímida, pero luego su fortaleza y sentido de pertenencia nos deslumbro, “Cuando llegué la primera vez estaba en ruinas lo que había sido un CAI, una persona que estaba ahí a quien luego conocería mejor más adelante, muy amablemente me explicó la transformación que se le quería dar a través de la creatividad y me parecieron ideas muy lindas, luego me perdí en los azares de las otras formas de resistencia y luego sólo pude volver el 29 de Mayo, 7 días antes de que la sevicia lo retomara de nuevo.

Foto: Shirley Sáenz Mosquera.
Esta vez el lugar ya no era un CAI sino una BiblioHuerta, tenía murales bellísimos, plantas y un sentido de comunidad muy valioso al que pude pertenecer, conocí personas que me enamoraron de lo colectivo y de la resistencia desde la cultura, tengo claro que la educación es responsabilidad del Estado, la sociedad y la familia, y que en ese sentido le dimos la importancia que se merecen a las huertas y a los espacios culturales, ya que tristemente en la comuna 6 hay tantas carencias de espacios con este objetivo, tenemos cada vez más conciencia sobre la desigualdad de este país. En los días que pude estar aquí, sentí que crecieron mis fortalezas y mi fe para pensarme un mundo mejor, me acerqué a mi territorio y vi que no era la única con estos deseos, también vi que los niños y las personas no nos resistimos al magnetismo del arte, naturalmente nos queremos empapar. “…vengo con combo azaroso”, es parte de una canción que me re suena en la cabeza, no comemos de autoridad porque estamos resistiendo para abrir espacios por el bien común.
Hubo tensión, hubo fogata, hubo conversaciones profundas, conversaciones difíciles pero ganas de convivir, nos empapamos de agua jugando, pintamos, escuchamos el himno de la guardia indígena con mucho orgullo, también corrimos con miedo por las motorizadas que pasaban, hasta que el 4 de Junio los organismos represivos del Estado llegaron desbordados, levantaron el punto, pisaron las plantas, sacaron los libros, nos pisaron los símbolos, pero la unidad que construimos entre nosotros es una ganancia gigante que sobrepasa el espacio físico de un CAI que ha dado lugar a tantas vergüenzas, nos queda la satisfacción de que por un periodo de tiempo fue exorcizado con cultura, convivencia y sabiduría”. Su ternura y valentía iluminaba cada mañana nuestra jornada.
“Desde el 28 de abril todo en mi vida cambió. Cansado de la situación colombiana y de tanta injusticia salí a Sameco a reencontrarme con la manifestación. De ahí al no cambiar nada seguí reuniéndome en varias partes de Cali. Puente de las mil luchas, puerto chontaduro y la loma. Aunque me sentí remal al salir el primero de mayo a la loma de la dignidad y ver tanto arrebato y fiesta sabiendo que mi pareja y amig@s luchaban contra el smad en paso del aguante. De ahí decidí venir en bicicleta todas las noches a luchar en este pedazo. Una de esas noches hablé con una amiga y mi chica para venir desde temprano a hacer arte, ya que con marcadores y aerosoles estábamos marcando todos los espacios y muchas personas nos apoyaban. Al día siguiente, llegamos en horas de mañana y nos acercamos a este antiguo cai. Estaba vuelto mierda. Quemado y destruido. Junto con mi pareja, mi amiga y dos compañeros de los barrios aledaños fuimos limpiando el lugar y vimos cómo se fueron integrando varias personas de la comuna 6. Al cabo de tres días pudimos establecer un buen grupo comprometido con el arte y la cultura, en total unas 11 personas que fuimos apropiándonos y resignificando con amor el lugar. Hoy en día nos falta muy poco para intervenir con arte y, aunque las problemáticas sociales son diferentes a los demás puntos y hay mucho recelo con muchachos de primera línea por infiltrados y demás, tenemos muchas ilusiones en que la bibliohuerta se pueda ejercer”.
Es así como somos la voz de una juventud que renace y que insistirá en conquistar lo que por años ha sido mezquino. Nos resistimos al olvido y a la guerra.




