Homenaje

Morir por una causa. Jaime Garzón

Tras veinte años de impunidad, la imagen de Jaime Garzón permanece apenas viva en la sociedad colombiana a través del mito. Mientras tanto, su obra ha sido condenada al olvido por un Estado incapaz de perdonar a quien, en un acto de valentía, trató de mostrarle al pueblo la realidad de nuestro país.

Por: Natalia Candado López
Estudiante de Lic. En literatura

Jaime Garzón (1960 – 1999), abogado, periodista y humorista colombiano. Foto: https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinato-de-jaime-garzon-y-luis-carlos-galan-dos-crimenes-que-aun-llora-el-pais/628326
Jaime Garzón (1960 – 1999), abogado, periodista y humorista colombiano.
Foto: https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinato-de-jaime-garzon-y-luis-carlos-galan-dos-crimenes-que-aun-llora-el-pais/628326

I

En solo un minuto y cincuenta y cuatro segundos Jaime Garzón me atrapó. Cuando él murió yo tenía poco más de ocho meses; hago parte de una generación que creció bajo el desconocimiento de su nombre y, sobre todo, de su obra. No recuerdo cuando supe de su existencia, hasta hace poco solo conocía lo superficial, la imagen que los medios desempolvan cada año: Jaime Garzón fue un periodista y humorista asesinado, como otros tantos, por decir la verdad.

Faltando unos meses para la conmemoración del vigésimo aniversario de su asesinato, un corto vídeo publicado en redes, me arrojó hacia el universo inexplorado de Garzón. Su obra, su manera de ver la vida, su indiscutible talento y brillantez, terminaron por envolverme. “Pedazo 10-2, nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente. Con ese artículo ¡con ese artículo que nos aprendamos! salvamos este país”. Decía el periodista mientras se mofaba de la Constitución, en una conferencia dictada el 14 de febrero de 1997 en la Universidad Autónoma de Occidente. Entre risas y bromas, Garzón mostraba la realidad histórica de nuestro país. Sin tapujos ni pelos en la lengua, siendo absolutamente consciente de que cada palabra lo acercaba lentamente a su fin.

Me obsesioné. De un día a otro solo quería hablar de él, en mi buscador primaba su nombre. Fue entonces cuando le comenté a una amiga de la universidad sobre la pasión repentina. Ese día sentí la inexpresable eficacia de sus asesinos, ella con una mirada confusa preguntó “¿quién es Jaime Garzón?” Sus palabras hacían realidad uno de los grandes temores del humorista: efectivamente, el paso del tiempo nos está haciendo cometer la torpeza de olvidar y seguir viviendo.

Invadida por una inexplicable tristeza, me di cuenta de lo lejos que estaba de poder responder a su pregunta. La invité a ver una conferencia dictada por Jaime Garzón hacia 1996 en la Universidad Nacional de Colombia, y nos dedicamos a escuchar, a descubrir a través de su discurso todo lo que aun desconocíamos. “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselo”. Solo eso bastó para recordarlo. Después de veinte años, sus palabras siguen teniendo absoluta vigencia.

Sentí el compromiso de mantener, de algún modo, su memoria en el presente. Pero me encontré frente a frente con un panorama desolador. Todo lo que hallé fueron un par de vídeos de Zoociedad, doce capítulos de Quac el noticero, unas entrevistas cortas realizadas por Heriberto de la Calle y vídeos de algunos de los personajes emblemáticos representados por Jaime Garzón. Además de documentales, unos más certeros que otros y la telenovela de RCN “Garzón vive”, una biografía traspasada por los límites de la ficción. Qué pocas imágenes quedan de los personajes de quien fue, en palabras del profesor James Cortés, el Chaplin colombiano.

Afiche del evento JAIME GARZÓN, VEINTE AÑOS DE IMPUNIDAD (1999-2019), realizado por la Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle. Foto: https://www.facebook.com/EstudiosLiterariosUV/photos/a.1484236581900668/2421743091483341/?type=3&theater
Afiche del evento JAIME GARZÓN, VEINTE AÑOS DE IMPUNIDAD (1999-2019), realizado por la Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle.
Foto: https://www.facebook.com/EstudiosLiterariosUV/photos/a.1484236581900668/2421743091483341/?type=3&theater

II

El 90% de la obra magna de Jaime Garzón ha desaparecido. Después de la fatídica muerte del humorista, RTI televisión, la cuna de “Quac el noticero”, pasó a ser propiedad de Telemundo y el Sindicato Antioqueño. Ocultos o destruidos, no se han perdido únicamente archivos relevantes para explorar la evolución de Jaime en la televisión. Se nos ha despojado del material visual necesario para ahondar en el conocimiento de un programa que revolucionó la televisión y el periodismo colombiano desde el humor político. Es allí donde estudiar a Garzón se dificulta. Nos enfrentamos a un terreno inexplorado, furtivo y censurado por un Estado que siembra tempestades para cosechar olvido. Títeres y titiriteros, el fascismo colombiano entero, unido bajo la misma labor: borrar a Jaime Garzón de nuestra historia.

Mientras su existencia ha sido reducida a chismes por los diferentes medios de comunicación, la realidad es conservada por quienes tuvieron el privilegio de hacer parte de su vida. De este modo, tuve la oportunidad de conocer un poco sobre Jaime a partir de dos perspectivas: la de James Cortés, estudioso de su obra, y la de Antonio Morales, el genio detrás del genio, guionista de “Quac el noticero” y amigo cercano de Jaime Garzón.

“Con Jaime Garzón hay que hacer una especie de arqueología. Es decir, con las partes que se encuentran, con los pedazos que todavía aparecen por ahí, tratar de construir la obra en conjunto. A partir de allí, tratar de vislumbrar cómo fue el humor de Jaime en sus inicios. Porque no es solo el inicio de la obra, es el nacimiento del humor político y meta-periodístico en Colombia”. Dijo Cortés, quien obtuvo el máximo reconocimiento “summa cum laude” con su tesis doctoral “Quac el noticero: humor burlesco y metaperiodismo en Colombia”, cuando le expresé mi inconformidad frente a la escasez de fuentes y el difícil acceso a la obra, en una entrevista realizada el 5 de agosto del 2019 en la Universidad del Valle.

“Este país, el país político y económico, el país del poder, de la extrema derecha, el país godo, no quiere que se conozca a Jaime Garzón. Él fue un crítico del sistema, un crítico de la corrupción y los corruptos son los que manejan esto”. Mencionó Cortés al abordar el tema del crimen simbólico al que se encuentra sometido el humorista. “Jaime, en tanto símbolo, está siendo víctima de otro asesinato lento, silencioso y pertinaz. Ejecutado esta vez, en la memoria del pueblo colombiano”.

Por otro lado, el 16 de agosto, mientras nos encontrábamos charlando a las afueras del edificio 333 en la Universidad del Valle, Antonio Morales recordó a su amigo como “un abanderado de la paz”. Ingenioso, loco y talentoso, “capaz de inventar vainas increíbles”, como disfrazarse de policía de tránsito e impartir señales en un semáforo, o andar en moto por las calles de Bogotá fingiendo ser un guardaespaldas. Las ocurrencias de Garzón, según Morales, son parte de la construcción del mito en el que se ha convertido su nombre. Sin embargo, también afirmó que “cuando uno muere de una manera tan trágica como Jaime, el mito coge su propio vuelo y hace desaparecer la realidad”.

En cuanto a su obra, tanto James como Antonio coinciden: tras la incursión de Jaime Garzón en la televisión con Zoociedad, nace un humor hasta el momento desconocido en Colombia, enfocado en criticar de frente la escena política del país. Por otro lado, para Cortés, dicho humor termina por traspasar los límites de la genialidad luego de lo que denomina “el encuentro entre el anarquista y el bufón”, refiriéndose a la unión acordada entre Morales y Garzón para la creación de su programa estrella: Quac el noticero.

El éxito de Quac fue inminente. Además de incidir en la coyuntura política generada por el escándalo del proceso 8.000, el programa se dedicó a explorar, según Antonio Morales, el universo de lo criticable. Poniendo en evidencia la verdad oculta tras los diferentes sectores del poder. En el artículo titulado “Un adiós de carnaval” publicado hacia el 2003 por la revista Número, Antonio expresó: “ningún sector del país se salvó de la sátira, pues desde un principio se consideró que su éxito dependería del equilibrio proveniente de darles palo, democráticamente, a todos los protagonistas”. Del mismo modo, James Cortés atribuyó los logros del programa a la capacidad de interpretación de signos, presentes en la creación de los personajes que incorporaron a la instancia ciudadana.

“Lo que hicimos con Jaime en Quac fue definir un universo súper amplio: el universo del poder como macroestructura y como puntualidad y generalidad. O sea, el poder y los poderes. No solo nos ocupamos de producir una visión crítica sobre las instancias básicas, nos interesamos en las especificidades; en lo concreto del poder militar, religioso, político y parlamentario; del poder de la violencia, del poder de la moral y del moralismo. Es decir, desde lo general a lo particular. Así fue como creamos los personajes, para que cada subtexto del mundo y el universo grande de poder pudiera ser criticado y observado a través del humor ¿Qué tan eficiente fue? Pues tuvo que tener alguna eficiencia, en el sentido que el nivel de observación y de análisis político en la gente subió”. Comentó Morales al preguntar por el impacto de Quac en la sociedad de la época.

Finalmente, luego de un recorrido por el humor y los límites transgredidos por Garzón con “Heriberto de la Calle”, Antonio Morales llegó a la misma conclusión que había planteado el 12 de agosto en un artículo para El Tiempo: “Si Jaime Garzón estuviera vivo hoy, ya lo habrían matado”. Cortés, por su parte catalogó el crimen de Garzón como el gran error del Estado “¿Por qué la cagaron? No tanto porque lo hayan matado, sino porque se les creció. Las circunstancias de su asesinato terminaron por glorificarlo”.

Jornada del evento JAIME GARZÓN, VEINTE AÑOS DE IMPUNIDAD (1999-2019). Foto: https://www.facebook.com/EstudiosLiterariosUV/photos/pcb.2440971246227192/2440971176227199/?type=3&theater
Jornada del evento JAIME GARZÓN, VEINTE AÑOS DE IMPUNIDAD (1999-2019).
Foto: https://www.facebook.com/EstudiosLiterariosUV/photos/pcb.2440971246227192/2440971176227199/?type=3&theater

III

Sé, por boca de mis abuelos, de la conmoción, el miedo y el dolor que causó aquél viernes 13 de agosto de 1999, en cada uno de los colombianos. A las seis de la mañana, por medio de Radio Net, se informaba con voces temblorosas que quince minutos antes, a unas cuadras de la emisora, cinco tiros habían acabado con la risa de todo un país. En un instante, centenares de personas llegaron al lugar. Garzón, por primera vez hacía llorar a la nación.

La plaza de Bolívar en Bogotá recibió a miles de ciudadanos consternados por la barbarie. Diferentes medios de comunicación afirmaron que, desde la visita del Papa Juan Pablo II en julio de 1986, dicho espacio nunca antes había registrado tanta solidaridad y cariño como aquél día en la despedida a Jaime Garzón. Para muchos, el asesinato del humorista “fue una manera de ver que, de verdad, era posible amputarle un pedazo del alma al pueblo”. El llanto inconsolable de quienes asistieron a las honras fúnebres lo dejó en evidencia, Colombia entera estaba de luto. Las interminables filas no fueron un inconveniente, todos querían estar junto al féretro y proferir su último adiós. Entre velas y pancartas se repudió el innegable genocidio, y una multitud al unísono clamó por la verdad y la paz. “¡Si decir la verdad cuesta la vida, entonces que nos maten a todos!”, expresaba una de las asistentes al funeral ante las cámaras de los diferentes medios.

El 14 de agosto en horas de la tarde fue realizado el sepelio. El camino, desde la plaza de Bolívar hasta el cementerio Jardines de Paz estaba lleno de personas. La bandera de Colombia revestía la capital. El cuerpo de Jaime fue trasladado en medio de una calle de honor por toda la carrera sexta. Mientras tanto, a esa misma hora, en la carrera séptima se desplomaba un puente peatonal con cincuenta personas encima. Todas esperaban equívocamente el cortejo fúnebre del afamado humorista. Sumando a la tragedia, se perdieron tres vidas más, víctimas de la corrupción que un día antes nos privaba de Jaime Garzón.

Veinte años después, el nefasto acontecimiento seguía estremeciendo el corazón de muchos de sus televidentes. Lo supe cuando en medio de un almuerzo familiar, mi abuela con tono melancólico expresó: “Siempre admiré a ese muchacho, es que era tan valiente. Entre chiste y chiste decía lo que ninguno se atrevía a decir. Pero cada vez que lo veía, pensaba: pobrecito se está labrando su propia muerte”. Ella, como cientos de colombianos mayores, fue testigo de la evolución y muerte del periodista. No fue una charla común, solo un día antes, 28 de julio de 2019, se había anunciado la declaración del Estado afirmando que el asesinato de Jaime, no podía ser considerado crimen de Lesa humanidad, pues no cumplía con los requerimientos; además de la rebaja de pena en el caso de José Miguel Narváez, único encarcelado tras la muerte del humorista. Por un instante me sentí en una de las famosas comidas de Garzón: una reunión de personas que forman parte de una sociedad polarizada, sentadas a la mesa dialogando sobre un tema en común, la pérdida de un grande.

Mientras levantaba sus platos, mi abuelo lleno de impotencia nos comentó “La muerte de Garzón, ha sido una de las muertes que más le ha dolido a este país. Pero no ha pasado nada, porque en Colombia solo hay una cosa que nunca ha existido y tal vez no vaya a existir: la justicia”. Sus palabras atrajeron el silencio, fue entonces cuando recordé la respuesta dada por Heriberto de la Calle a Juan Manuel Galán, cuando el joven en una de las famosas entrevistas realizadas por el lustrador, le preguntó cuál era el recuerdo que este mantenía de su padre. En los ojos de Heriberto se podía evidenciar la sinceridad de sus palabras: “El recuerdo que tengo de su papá, es que por una causa hay que dar la vida”.

Godofredo Cínico Caspa, Nestor Elí y Heriberto de la Calle. Con personajes extraídos de la cotidianidad, Jaime Garzón y Antonio Morales criticaron la realidad a través del humor. Foto: https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinato-de-jaime-garzon-y-luis-carlos-galan-dos-crimenes-que-aun-llora-el-pais/628326
Godofredo Cínico Caspa, Nestor Elí y Heriberto de la Calle. Con personajes extraídos de la cotidianidad, Jaime Garzón y Antonio Morales criticaron la realidad a través del humor.
Foto: https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinato-de-jaime-garzon-y-luis-carlos-galan-dos-crimenes-que-aun-llora-el-pais/628326

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