El Jarillón. La Cali profunda
Los habitantes del Jarillón del río Cauca se encuentran ante una encrucijada. Por una parte, se ven obligados a desalojar sus hogares, dejando atrás lo construido durante más de cuatro décadas de trabajo y por otro lado, el gobierno municipal no les da las garantías necesarias para una reubicación justa.
Por: Jorge Sánchez F.
Estudiante de Lic. en Literatura

“En esta ciudad también está
Salvatore Quasimodo
la maquina que tritura los sueños…”
El Jarillón del río Cauca es una construcción de 15 Km, que recorre la ciudad de Cali en sentido Sur-Norte. Él salvaguarda a casi un millón de ciudadanos de un posible desbordamiento del río Cauca. El último año la administración municipal puso en marcha el “Plan Jarillón de Cali”, que consiste en reubicar todos los habitantes a ciertas urbanizaciones construidas exclusivamente para este fin, y de ese modo implementar el reforzamiento de la estructura del dique, que con los años se ha venido deteriorando.
Sin embargo, en el último tiempo, han existido múltiples roces de los habitantes con la alcaldía de Cali. Algunos de estos roces se deben a la manera en que las personas han sido desalojadas, a desacuerdos con las viviendas entregadas y al incumplimiento de los acuerdos. Es paradójico pero en esta pequeña zona se evidencia una realidad, o mejor dicho dos realidades, que constantemente vemos y vivimos en la ciudad de Cali, y acaso en todo el país.
Las dos caras del Jarillón
Camino por las calles de Cinta larga; un angosto corredor lleno de casas semi-construidas. El suelo por donde me muevo es suave, como si todo el lugar no tuviera consistencia o fuera una creación del mero azar, mezclado con la melancolía. Siento que a medida que avanzo todo es irreal. Las casas, de un gris apagado, sustentan otras casas del mismo color, todo parece antiguo e irrecuperable.
La música llena el ambiente, es un largo y letárgico canto. Quisiera saber quién interpreta la canción pero en ese instante, no muy lejos de donde me encuentro, veo un grupo de jóvenes, no tendrán más de quince años, uno de ellos incluso la mitad de eso. No hago ningún movimiento, sé que mirarlos es un error pero hay algo en ellos que me llama la atención. Continuamos así durante un rato, hasta que un auto pasa a toda velocidad; entonces uno de ellos grita “¿Qué mirás?”. No digo nada, camino rápidamente.
Cinta Larga es una de las casi cien invasiones que existen hoy en día en Cali. Un barrio lleno de gente, como no, pujante y trabajadora, que constantemente se ve afectado por la inseguridad generada por las pandillas. En este tipo de asentamientos se suele evidenciar la falta de apersonamiento por parte de la alcaldía municipal, sus habitantes poco o nada pueden hacer para impedir el crecimiento de estos grupos. Cinta Larga se encuentra sobre el Jarillón y es uno de los “rostros” más visibles de la situación que afrontan sus habitantes; los medios de comunicación se han encargado de ello.

Sin embargo, Cinta Larga es sólo la entrada a otros sectores, a otra realidad. Sigo avanzando, este barrio me recuerda a esas ciudades destruidas por la guerra. Y es que ese recuerdo no está muy alejado de la realidad, la mayoría de familias que conviven en este lugar son víctimas del conflicto armado. Han venido a parar aquí porque no tuvieron otro lugar dónde llegar. Cada tanto volteo la mirada, todo parece en calma. Me muevo rápido, no sé en qué momento pueda suceder algo que me impida continuar. Es la primera vez que visito este lugar, pero hay algo en él perturbadoramente familiar.
La realidad de los habitantes del Cinta Larga, contrasta con la de otros habitantes del Jarillón. Los barrios Las Vegas y Venecia, por ejemplo, sectores donde las personas han vivido más de veinte años y donde poco a poco han logrado construir, además de sus hogares, ciertos negocios que los ayudan a subsistir; representan la otra cara del Jarillón, esa que los medios no se encarga de mostrar.
Ellos fueron los que hace algunos meses, se tomaron la iglesia de La Ermita para pedir al gobierno municipal mejores condiciones a la hora de la reubicación. Para muchos no es justo que el alcalde les ofrezca un pequeño apartamento en una urbanización, siendo ellos dueños de fábricas o fincas donde tiene a su cargo trabajadores y las cuales han funcionado por un largo tiempo, sin ningún inconveniente. Hace algunos meses los desalojos fueron suspendidos por el Consejo de Estado, sin embargo esta orden fue revocada dejando a los habitantes con la única opción de desalojar.
El Jarillón del río Cauca es una construcción de 15 Km, que recorre la ciudad de Cali en sentido Sur-Norte. Él salvaguarda a casi un millón de ciudadanos de un posible desbordamiento del río Cauca
La Cali profunda
No conocemos nuestra ciudad. No al menos hasta que caminamos por las calles de estos barrios y nos encontramos con sus habitantes. Cinta Larga es sólo uno de los tantos casos, y si bien estos ciudadanos serán desalojados y reubicados, el problema continúa, ya que la ciudad de Cali se encuentra atestada de invasiones ¿Cuándo se fijarán en ellos? Los pobladores de Las Vegas y Venecia, siguen negociando con la alcaldía para encontrar mejores formas de reubicación, sin embargo llegar a un acuerdo donde todos queden satisfechos será algo muy difícil.
Al caminar por las calles de estos barrios y ver la gran diferencia entre ellos, no puedo dejar de pensar que todo esto: las casas hechas de residuos, las calles sin pavimentar, los jóvenes en las esquinas, las fábricas, los criaderos de puercos, las fincas donde se cultivan gran variedad de productos, todo esto no es más que una pequeña representación de un país donde la desigualdad es absoluta. En cada esquina lo vemos, en nuestros televisores a diario. Acaso, sin importarnos, convivimos con la máquina que tritura nuestros sueños.



