Lo que esconde el Pacífico colombiano
De río en río, posible gracias al apoyo de organizaciones religiosas y grupos dedicados a la investigación, está destinado a actualizar la consciencia que se tiene de las comunidades negras e indígenas del Pacífico colombiano, en tiempos cuando es imprescindible un agudo análisis a sus conflictos.
Por: Jhon Gamboa
Estudiante de Comunicación Social

Foto: mx.casadellibro.com
Esta obra procede, inicialmente, bajo la formulación de preguntas y, en mayor medida, previsiones para el futuro destinadas a poner de relieve la relación entre el Estado, población civil y actores armados como parte activa del conflicto de tierras que en el Pacífico colombiano tiene su origen en la minería, la madera, la palma de cera y la hoja de coca.
Pero antes de centrar esta reseña en aspectos específicos, es imperativo advertirle al lector que, a mi juicio, tal procedimiento implicará que el libro asuma, habida cuenta de que el autor proviene de la academia, un tono didáctico que estará presente a lo largo de los nueve capítulos que conforman sus 280 páginas, confiriéndole una densidad no siempre acertada.
Este libro es un estudio detallado que abarca la totalidad del dilema de tierras, encrucijada en la cual el oro se erige como el principal antagonista de una comunidad que se ve sometida por un gobierno que siempre ha primado los intereses de extranjeros a las necesidades de sus habitantes, y que grita al unísono que ‘el progreso nos empobrece y nos destroza
Ya para el estudio que va desde la cuenca del Pacífico hasta la del Atrato, Molano recurre a autoridades provenientes de la academia y demás estudios históricos buscando afianzar sus postulados políticos y económicos, sociológicos y antropológicos acerca de la realidad de aquellos territorios. A su vez, da cuenta de personas y grupos que han abogado por que en estos lugares la equidad pueda sembrar el suelo para que en él germine la tranquilidad, presentando como referentes a los Padres Claretianos del río Atrato, a las Madres Misioneras Lauritas en el río San Juan, a las pastorales Sociales de Quibdó y Tumaco y, sobre todos ellos, a Yolanda Cerón.
Subrayar a Yolanda Cerón con respecto a los demás no es gratuito. Aunque encontró un prematuro fin para su vida a manos de quienes no toleraron sus empeño por defender los derechos de estas comunidades, las fuerzas le fueron suficientes para amparar y hacer de la ley 70 de 1993 una realidad. Ley que, valga decirlo, es un elemento crucial para el examen que Alfredo Molano lleva a cabo en De río en río, pues según él esta es “con la que se constitucionalizaron los territorios colectivos de comunidades negras” y, no es adorno la añadidura, la defensa de estos es una de las banderas que hondean con más fuerza en el libro.
Además de dicha defensa, Molano se extiende en contextualizaciones que pretenden abarcar las nuevas formas del narcotráfico, la presencia “en letra muerta” por parte del Estado en estos lugares, las ganancias desmedidas a razón de la extenuación de los recursos naturales, la ilegalidad, la corrupción, las FARC, las bandas criminales, el ELN, todo aunado al testimonio de habitantes entrevistados, quienes, bajo la pluma de este escritor, en algunos pasajes más parecen una extensión de su propia voz, destinada a constatar los postulados teóricos con los que dio inicio.
No obstante, y pese a que el rigor en Molano parece no conocer límites con la densidad enciclopédica, crónicas como Chaín, el mago, El Confesatorio y Cabo Magallanes, al extremo occidental de Colombia lo muestran como un escritor que entiende que los elementos que constituyen su relato deben nombrar también la vida que, al margen de las inequidades, se obstina en permanecer en “los territorios negros”.
De igual manera, su paso por Yurumanguí lo señala como gran testigo de “su manera de vivir simple y, por simple, esencial”; su paso por Buenaventura, como profundo conocedor de los rituales con los que estas comunidades reciben a la muerte y el riesgo que representa para ellas que las desapariciones forzadas les impidan dar con los cuerpos de sus queridos; y como quien otorga bellas imágenes que quedaron en su memoria del viaje entre Dabeiba y Mutatá, en el río Atrato:
“Durante nuestro paso por este tramo se desencadenó un torrencial aguacero, la tarde se oscureció y vimos parte del paisaje a la luz de rayos y relámpagos”.
Este libro es pues, presentado desde esta perspectiva, un estudio detallado cuya estructura, a pesar de la cantidad desmesurada de datos, explicaciones, cifras que son añadidas para dar a entender la expansión de los atropellos y la necesidad de una acción pronta, le permite a quien lo lea abarcar la totalidad del dilema de tierras, encrucijada en la cual el oro se erige como el principal antagonista de una comunidad que se ve sometida por un gobierno que siempre ha primado los intereses de extranjeros a las necesidades de sus habitantes, y que grita al unísono que “el progreso nos empobrece y nos destroza”.
Y si bien consideré al principio que la densidad corría el riesgo de ser perjudicial, quizá sea vista con cierta gratitud por otros, en cuanto a que, pasadas las páginas, es la herramienta que permite asumir las conclusiones a las que el escritor llega sin necesitar que este se explaye en explicaciones, algo que, es justo acotar, salva de la redundancia a un libro en el que, si bien se examinan diferentes lugares, las problemáticas tienden a tener el mismo origen, los mismos protagonistas.
Ya para terminar, siendo consciente de lo que he sostenido hasta el momento, tengo que decir que, en cuanto al género al que se adscribe De río en río, una vez leído a Alfredo Molano no es tarea ardua darse cuenta de que el académico pone el índice en la boca del cronista.



