¿Ciudad Paraíso? San Pascual y El Calvario: Dos viejos que se mantienen aún de pie.
La demencia, locura y paranoia del centro de Cali hacen imperceptibles a dos icónicas barriadas de la ciudad que, en la actualidad, resisten no solo a los embates de problemáticas sociales como la delincuencia común, la pobreza extrema y el microtráfico, también a las embestidas de una ciudad que invierte tiempo y recursos para convertir a estos barrios en escombros, todo para darle paso a un irrisorio proyecto de renovación urbana.
Por: Camilo Villa
Estudiante de Lic. en Historia y Sociología

Foto: Catalina Becerra Torres
Es normal que en una ciudad las cosas cambien, las personas migren y las infraestructuras se renueven para darle paso a tendencias modernas y progresistas. Todo, claro, pensando en el provecho de la mayoría de sus ciudadanos. Lo que tal vez no debería ser normal es que una urbe, como Cali, invierta tiempo y recursos en un proyecto urbano que en su carácter se contradice, responde violentamente a quienes se le oponen y no tiene garantías de éxito a futuro.
Entrar a San Pascual o El Calvario es relativamente fácil, pero, sin una compañía adecuada, puede ser una experiencia no muy agradable, más si no sabes como es “moverse en el centro de Cali”
Entrar a San Pascual o El Calvario es relativamente fácil, pero, sin una compañía adecuada, puede ser una experiencia no muy agradable, más si no sabes como es “moverse en el centro de Cali. Solo de la mano de los líderes de ambos barrios, los que llevan la pelea desde dentro y contra las autoridades, fue posible, tanto para quien escribe como para quien retrata en algunas horas, desmitificar la imagen de ruina y desolación que se aprecia a simple vista desde algún asiento de uno de los buses articulados del sistema de transporte masivo que transita al lado de estos sectores.
Muchos hemos escuchado y leído con entusiasmo sobre los “beneficios” que para la ciudad traería el proyecto de renovación urbana “Ciudad Paraíso”: soluciones de vivienda, espacio público, movilidad y centros comerciales, algo que en letras e imágenes se aprecia de forma fantástica. No obstante, al caminar y charlar con la comunidad sobre cómo se adelanta el proyecto, resulta evidente que ambos barrios son partícipes de un proceso confuso, lleno de enredos y artimañas, donde lo único real hasta ahora son escombros, desalojos, heridos y hasta muertos.
Este panorama se cierne en dos barriadas totalmente diferentes. Por un lado, tenemos al viejo San Pascual, un sector icónico de la ciudad: calles tranquilas, amplias y seguras le hacen un lugar en el cual muchos quisiéramos vivir y más si sobre este transita un policía cada 45 segundos. Este es un territorio que se conserva intacto a pesar de los niveles de demencia y agitación que le rodean, pero esto es solo gracias a sus habitantes, los cuales desde un nivel de organización práctico y efectivo se han mostrado férreos y firmes a la hora de negociar con quienes pretenden derrumbar sus viviendas.
Muchos hemos escuchado y leído con en- tusiasmo sobre los “beneficios” que para la ciudad traería el proyecto de renovación urbana “Ciudad Paraíso” (…). No obstante, al caminar y charlar con la comunidad sobre cómo se adelanta el proyecto, resulta evidente que ambos barrios son partícipes de un proceso confuso, lleno de enredos y artimañas, donde lo único real hasta ahora son escombros, desalojos, heridos y hasta muertos.
Ahora bien, un panorama muy diferente nos ofrece El Calvario: una barriada que desde siempre ha albergado lo más deplorable de nosotros como urbe. Sus escenas cotidianas pueden causar asombro y aturdimiento a quienes nunca han estado aquí, donde, aunque no discrimina, sólo sobreviven personas con carácter firme, y donde subsistir con el hampa es algo de todos los días. En la actualidad algunos de los predios del barrio se encuentran desechos y abandonados. Propietarios y familias enteras fueron presionadas a vender sus propiedades por un “plato de lentejas” y las autoridades presionan más que nunca para ver al barrio entero reducido a escombros. Sin embargo, el suburbio se mantiene de pie gracias a la gestión de sus habitantes, los cuales, a su manera, han pactado entre ellos reglas que les han permitido prevalecer hasta ahora: “el que tire basura le damos su golpiza”.

Foto: Catalina Becerra Torres
La gente de arriba te detesta, hay más gente que quiere que caigan sus cabezas. ¿cuál es el meollo del asunto? San Pascual y El Calvario se sitúan en la actualidad en uno de los mejores sectores de la ciudad, en cuanto a infraestructura se trata, los servicios públicos son excelentes, no se inundan como otros sectores de la ciudad ni presentan alta vulnerabilidad sísmica como los barrios periféricos de Cali, que, junto a las problemáticas sociales los convierten en excelentes sitios para un proceso de renovación y gentrificación urbana, y entonces ¿cuál es el problema?
Somos pobres y nos manejan mal. El primer inconveniente del proyecto de transformación es su carácter atómico y agresivo. Nunca se escucharon realmente las peticiones de los barrios ni tampoco se comprendió a sus pobladores y sus dinámicas. Se ha negociado de manera individual y mientras unos habitantes han resistido en colectivo, otros se vieron obligados a vender enormes propiedades por precios absurdos en clausulas y contratos extensos donde, quienes han vendido, se han comprometido a pactos y esperas descabelladas, sin garantías reales de cumplimiento por parte de las autoridades municipales, viéndose obligados a migrar a otros sectores de la ciudad o a permanecer en sus viviendas hasta que los saquen a garrotazos.
Por un lado, tenemos al viejo San Pascual, un sector icónico de la ciudad: calles tranquilas, amplias y seguras le hacen un lugar en el cual muchos quisiéramos vivir y más si sobre este transita un policía cada 45 segundos. (…), un panorama muy diferente nos ofrece El Calvario: una barriada que desde siempre ha albergado lo más deplorable de nosotros como urbe. Sus escenas cotidianas pueden causar asombro y aturdimiento a quienes nunca han estado aquí, donde, aunque no discrimina, sólo sobreviven personas con carácter firme, y donde subsistir con el hampa es algo de todos los días
A este espectáculo se le suman las problemáticas sociales de gran complejidad que colindan a la futura “Ciudad Paraíso”, como los casos de la calle 12 con carrera 14, la calle de los zombis, o la carrera 13ª con calle 18 en pleno barrio Sucre, donde centenares de personas se sumergen a diario en el consumo de estupefacientes ilegales, tales como la heroína o el bazuco sin importar la hora. Los habitantes de San Pascual y El Calvario ya están acostumbrados, pero para externos y transeúntes esta puede ser una escena de total pavor. Por fuera de los prejuicios e implicaciones morales que tengan estos lugares, el planificar un proyecto de gran incidencia urbana sin considerar siquiera quienes serán los vecinos del mismo es otro inconveniente que, tarde que temprano deberá afrontar la municipalidad, la cual implica de soluciones y esfuerzos reales, por fuera del garrote.

Foto: Catalina Becerra Torres
El Calvario y San Pascual están dentro de un proyecto sin garantías de éxito, porque nunca se tuvo en cuenta que a un barrio no lo hacen sus edificaciones sino sus gentes y porque desconoció las dinámicas de estos sectores, dado que, el que vive en el Centro de Cali, trabaja en el Centro de Cali y es del Centro de Cali. No hay que olvidar que desarraigar a los habitantes de sus territorios y conducirlos a otros lugares no le ha resultado de lo más efectivo a la ciudad. Las personas de estos lugares no se resisten a irse, nunca lo hicieron, a lo que se oponen, en su mayoría, es a las condiciones que desde un inicio les plantearon las autoridades municipales.
El primer inconveniente del proyecto de transformación es su carácter atómico y agresivo. Nunca se escucharon realmente las peticiones de los barrios ni tampoco se comprendió a sus pobladores y sus dinámicas
Estas peleas no son nuevas. Al día presente son muchos los barrios de Cali en conflicto con las autoridades municipales por diferentes procesos de desarrollo y expansión urbana; ya sean los habitantes del Jarillón del Río Cauca resistiéndose a las reubicaciones, o vecinos del sur de la ciudad, los cuales se oponen a la construcción de una nueva terminal de buses de transporte masivo. En últimas, a lo que San Pascual y El Calvario resisten es a un proceso de gentrificación urbana incoherente, donde, contra todo pronóstico han sabido mantenerse de pie y más en una ciudad donde: nadie hace nada porque a nadie le interesa.
No hay que olvidar que desarraigar a los habitantes de sus territorios y conducirlos a otros lugares no le ha resultado de lo más efectivo a la ciudad. Las personas de estos lugares no se resisten a irse, nunca lo hicieron, a lo que se oponen, en su mayoría, es a las condiciones que desde un inicio les plantearon las autoridades municipales



