Crítica

Las voces acalladas de quienes quedaron atrás

Hay accidentes, tragedias y desastres, luego está Chernóbil. Gran parte de las personas poseen un imaginario de Prípiat como una ciudad abandonada y sucumbida entre la naturaleza, pero quién piensa en los hombres, mujeres y niños que vivían ahí y de pronto tuvieron que refugiarse en los bosques. Quién piensa en los enfermos y en los muertos. En los recuerdos.

Por: Luisa M. Rodríguez A.
Estudiante de Psicología

María Semenyuk jugando con un gato cerca de su casa en el pueblo desierto de Patryshev, a 25 km de la central nuclear de Chernóbil, Ucrania, en 2011 - Foto: SERGUÉI Dolzhenko – Foto: http://www.agenciasinc.es
María Semenyuk jugando con un gato cerca de su casa en el pueblo desierto de Patryshev, a 25 km de la central nuclear de Chernóbil, Ucrania, en 2011 – Foto: SERGUÉI Dolzhenko – Foto: http://www.agenciasinc.es

Voces de Chernóbil era el único libro de la ganadora del Nobel 2015, Svetlana Alexiévich, publicado en español antes de ser galardonada. Como en sus otras obras, el estilo de la autora sigue un carácter periodístico que entrelaza las voces de los múltiples protagonistas en un relato desgarrador de lo que sucedió en la madrugada del sábado 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada a 3 km de la ciudad de Prípiat, la principal afectada tras el accidente. En el imaginario colectivo del mundo, Chernóbil fue uno de los desastres nucleares más devastadores de la historia humana, seguido solo de cerca por el sucedido en Fukushima (Japón) en el 2011. Numerosas películas y libros se han encargado de representar la tragedia dentro de la cultura general con aires de terror y misterio; sin embargo, pocas han sido las plumas o las cámaras que se han enfocado más allá de la tragedia natural: la tragedia humana.

Comprendí lo fácil que es convertirse en tierra.

Svetlana Alexiévich trabaja con las voces de los seres humanos que dejaron atrás Prípiat los días y semanas posteriores al sábado 26 de abril de 1986. Se centra en hacer conocer los nombres y las historias de viudas, ancianos y niños que lo perdieron todo tras el accidente y que se enfrentaron a la desesperación y la confusión de quedarse sin nombre, sin familia y sin ningún trozo de tierra al que volver. Incluso los relatos de los liquidadores que lucharon contra los efectos del desastre, de los cazadores de mascotas o de los científicos tienen lugar en la recopilación que Alexiévich magistralmente configura en su libro.

Portada del libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich - Foto: http://www.casadellibro.com
Portada del libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich – Foto: http://www.casadellibro.com

Como en sus otros trabajos, intercala su voz con las de los testigos, las de aquellos que lo vivieron y lo sintieron, mencionando sobre su trabajo que ha escogido un género donde las voces humanas hablan por sí mismas. También Balzac registró gritos, quejas y discusiones, dándole lugar central a las emociones que se desbordan en los relatos, donde parece pretender que el lector se entrelace con los testigos, que se convierta en uno de ellos. Su pluma convierte las entrevistas en monólogos que cuentan historias sobre pérdida, dolor y confusión mientras enuncia los nombres de cada uno de ellos y les da voz de forma magistral: personas que lo han perdido todo, la indiferencia de las autoridades, el peligro manifiesto pero invisible para todos. Nos topamos a lo largo de las páginas con la desesperación de las personas que son expulsadas de su hogar, el mercado negro y el saqueo de las cosas que hay en esa zona, y que es la muerte invisible lo que hace que no se sea consciente del peligro; otros expulsados de otras guerras y otras tierras que se instalan allí huyendo de otro peligro, de una muerte más inmediata.

Me duele físicamente su ausencia, no puedo estar sola…

Capítulos sobre la guerra de Tayikistán o como el titulado «Monólogo de una canción sin palabras» hablan de la búsqueda del ser humano de explicarse las tristezas y de salir de ellas. Una gran cantidad de temas se relacionan entre sí en los relatos, pero destacan, en medio de todos, la búsqueda de un límite entre la muerte y el amor, donde exista un equilibrio y no el desasosiego de no tener adónde regresar, de no pertenecer a ningún lugar y de la muerte de aquellos que fueron amados. Así, el largo proceso de indagación y entrevistas realizado por la autora se evidencia en la calidad de los monólogos y su propia voz, como Svetlana, se escucha en momentos claves en donde cuenta por qué decidió empezar a trabajar en una historia así, tan cercana a ella, después de tanto tiempo.

En el imaginario colectivo del mundo, Chernóbil fue uno de los desastres nucleares más devastadores de la historia humana, seguido sólo de cerca por el sucedido en Fukushima – Japón en el 2011. Numeras películas y libros se han encargado de representar la tragedia dentro de la cultura general con aires de terror y misterio, sin embargo, pocas han sido las plumas o las cámaras que se han enfocado más allá que la tragedia natural: la tragedia humana

Cada personaje tiene una historia distinta y muy pocas veces se escribe sobre eso, muy pocas veces se llega a escuchar tantas voces sobre ese terror individual que es mucho más difícil de digerir, pero igual de importante y profundo. Alexiévich dijo durante una de sus entrevistas en la FILBO 2016 que escuchaba muchas conversaciones: «La verdad no está en una sola versión. La verdad está dispersa en muchos corazones y sirve para construir una novela. En música, sería una sinfonía». Su obra en general parece ser un reflejo de sus palabras; sin embargo, Voces de Chernóbil es el espejo más claro de cómo los sentimientos configuran la verdad, cómo la pérdida termina transformándolo todo.

Yo tengo miedo. Tengo miedo de una cosa, de que en nuestra vida el miedo ocupe el lugar del amor.
Svetlana Alexiévich al recibir el Nobel - Foto: http://www.lanacion.com.ar
Svetlana Alexiévich al recibir el Nobel – Foto: http://www.lanacion.com.ar

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