La paz y sus inmensos retos

Nadie quiere vivir los horrores de la guerra, aunque este indeseado flagelo siempre asola a la condición humana. En Colombia ha habido estragos a través de los tiempos, y quizás por eso Aureliano Buendía, el coronel de Macondo en Cien años de soledad, sea el mejor símbolo de ese círculo de desgracias vividas en las 32 guerras civiles emprendidas, todas perdidas… todas inútiles. La más reciente, la que va a tener fin con la firma de la paz con los principales contendientes, las FARC del legendario Tirofijo, abre un camino de esperanzas para la nación colombiana.
Las crueldades y la sevicia, como bien lo muestra el Grupo de Memoria Histórica, se concentraron en un blanco privilegiado: el campesinado de las zonas más desprotegidas por el Estado colombiano. La tierra fue y sigue siendo el botín más preciado de los actores armados, quienes mediante el terror provocaron ese éxodo de horror tan dolorosamente metaforizado en Tierra quemada, la gran novela alegórica de Óscar Collazos.
Si paramilitares, masacre y tierra arrasada. Si guerrilleros, secuestro y minas quiebrapatas. Si miembros de la Fuerza Pública, asesinato selectivo. Degollamiento, descuartizamiento, decapitación, empalamiento fueron medios de violencia y crueldad extremas, especialidades del paramilitarismo. El saldo de 25.000 desapariciones forzadas dice mucho de este tren de la muerte que los colombianos no quieren nunca más.
La Universidad del Valle, como lo dijera el rector Edgar Varela en la última ceremonia de grados, está en disposición de ser un instrumento institucional muy fuerte para acompañar el posconflicto, trabajando de la mano con el Gobierno Nacional, con los desmovilizados, con los gobiernos territoriales, con la cooperación internacional; ofertando campos de formación, de educación continuada, haciendo acompañamiento desde centros e institutos de investigación y aumentando la oferta académica en las regiones que más han sido golpeadas por el conflicto.
Somos además la única universidad en el país que se ha logrado consolidar como una universidad regional significativa con nueve sedes en las principales ciudades del Valle del Cauca y en el norte del Cauca, lo cual conforma una red educativa sin par para contribuir a la construcción de la paz que todos anhelamos.
No será un proceso fácil ni llegará con una firma. Será arduo, complejo, lleno de dificultades y la clave de su éxito está en la educación, que es el instrumento por excelencia de inclusión social en la Sociedad del Conocimiento. En la consolidación del modelo de regionalización de la Universidad del Valle, enfatizó el señor rector, reside un enorme potencial que contribuirá a volver la firma del acuerdo de paz una realidad entre nosotros.



