Into the eternity
Por: Jorge Sánchez Fernández
Estudiante de Lic. en Literatura

Documental
País – Año: Dinamarca (2009)
Dirección y guión: Michael Madsen
Director de fotografía: Heikki Färm F.S.C.
Edición: Daniel Dencik, Stefan Sundlöf
Producción: Lise Lense-Møller
Sonido: Nicolai Linck, Øivind Weingaarde
«Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate»
Dante Alighieri
¿Qué pensarán de nosotros los habitantes del futuro? Pensarán acaso que fuimos grandes innovadores, que hicimos lo mejor posible, que en nuestra inmensa soledad creamos arte, tecnología, viajes a lo más profundo del espacio; ¿pensarán eso? Cuál es el legado que estamos dejando, cuál es nuestra marca para el futuro… Quizá nada de lo anterior.
Michael Madsen nació en 1971 y es director de cine y artista conceptual. Director de varios documentales, ha ganado algunos premios con To Damascus – A Film on Interpretation (2005). Fundador y líder artístico de la instalación Sound/Gallery en la plaza del Ayuntamiento de Copenhague, Madsen ha sido profesor invitado en The Royal Danish Academy of Art, The Danish Film School, y The Danish School of Design. Con Into the Eternity consiguió el reconocimiento mundial.

Into the Eternity nos habla de aquello que heredaremos a nuestros descendientes: un océano de radiación. Onkalo (término danés que significa «Oculto») está situado cerca del complejo de centrales nucleares Olkiluoto I, II y III (esta última todavía en construcción), en una zona boscosa a un centenar de kilómetros al noroeste de Helsinki en la ciudad de Eurajoki, en Finlandia. Allí es donde se construye un resguardo para los próximos 100.000 años. Una obra faraónica formada por una red de túneles perforando la dura roca del gneis a razón de 25 metros por semana, y que se sumerge hasta más de 400 m de profundidad. Con ello se quiere dar una solución definitiva al problema de los residuos radiactivos.
Cuando vemos Into the Eternity estamos viendo un documental que no es para nosotros. La forma en que narra el director es la de un mensaje/advertencia al futuro. Una carta para una humanidad desconocida que quizá dentro de 100.000 años intente abrir Onkalo. Los humanos del siglo XXI no necesitamos el mensaje, nosotros estamos construyendo este mausoleo radiactivo… nosotros somos los culpables. Nuestras esperanzas están puestas en la posibilidad de que los futuros habitantes de la Tierra comprendan el mensaje.
Cuando vemos Into the eternity estamos viendo un documental que no es para nosotros. La forma en que narra el director es la de un mensaje/advertencia al futuro. Una carta para una humanidad desconocida que quizá dentro de 100.000 años intente abrir Onkalo
Cómo dejar un mensaje comprensible para los moradores de la zona es uno de los problemas abordados en el documental. Cómo decirles que enterrado en la bóveda se encuentra un infierno radiactivo. Es aquí cuando intervienen los expertos involucrados en el proyecto. Para la mayoría de ellos, la mejor forma de evitar que Onkalo sea abierto es olvidar su existencia; después de todo somos una especie experta en olvidar. Sin embargo, numerosos ejemplos demuestran la capacidad de indagar en aquello supuestamente prohibido, tal es el caso de las pirámides. Increíbles monumentos creados para nunca ser abiertos, hoy en día siguen brindando descubrimientos a arqueólogos de todo el mundo.
El problema más grande que se presenta a la hora de hablar de Onkalo es ético. Qué tan éticamente aceptable es enterrar esa gran cantidad de desechos tóxicos con la esperanza de que no serán descubiertos. Qué pensará el mundo de nosotros si un día, por error, descubren ese mausoleo radiactivo y deciden utilizar los residuos para construir armas. El documental quiere mostrarnos el sinsentido que es el entregar nuestro futuro a la utilización de energía nuclear. Finlandia, con la construcción de Onkalo, demuestra su responsabilidad a la hora de manejar este tipo de residuos; sin embargo, una obra de esta magnitud no solo impacta nuestro presente, sino que lleva un mensaje contundente al futuro. Se espera que se termine la construcción en el año 2100 y dure por lo menos 100.000 años, esta obra será como nada se ha visto en el mundo moderno hasta ahora. Será nuestra pirámide.

Con una hermosa fotografía y con un tono melancólico, como si fuera la misma humanidad quien se entierra en esta bóveda, el documental es un mensaje poético para nuestros descendientes. Ellos no deben abrir Onkalo, no deben cometer los mismos errores de aquellos que los construyeron: entregarse ciegamente a un tipo de energía que nos afectaba tanto como nos ayudaba. Quizá al terminar la construcción se pueda olvidar la existencia de ese infierno radiactivo, tal vez aprendamos de nuestros errores. Esperemos que los habitantes del futuro no nos juzguen de manera tan drástica y que, al retornar a aquellos lejanos años en el pasado, puedan comprender el porqué y así no abandonen ninguna esperanza.



