Crónica

Dios no sabe lo que es estar encerrado. Pasando el rato con los cachas del Pasillo Especial Indígena 4D de la Cárcel de VillaHermosa

Un curioso mensaje adorna el punto exterior que da acceso a los patios internos de la cárcel: “Aquí entra el hombre, no el delito”. En esos días extraños que acontecen en uno de los lugares más irónicos y menos agradables que se han producido en las sociedades contemporáneas y descompuestas a la vez, 33 internos indígenas acompañados de familiares hacen parte de un encuentro emotivo donde las tradiciones de sus orígenes se mezclan con los rituales de quienes alguna vez fueron sus inquisidores, pero que ahora sirven de socorro y aliento.

Por: Camilo Villa
Estudiante de Sociología

Internos con sus familias en un instante de comunión y oración
Internos con sus familias en un instante de comunión y oración

Dios no sabe lo que es estar encerrado. Palabras de una amable y eufórica religiosa que harían eco en la treintena de internos reunidos en el aula múltiple del penal carcelario, los cuales se encontraban con sus familiares en un evento especial realizado por la gestión del área de Atención y Tratamiento del establecimiento penitenciario. Rostros emotivos, algunos enjuagados en llanto, otros sonrientes, fluían múltiples expresiones y sentimientos en un evento destinado a traer un poco de paz o sosiego a aquellos que, tras encontrarse presos, se enfrentan a situaciones de encierro, insalubridad, mal trato junto con torturas como comida rancia, estrés, soledad y ese extraño sentimiento en el cual uno se siente inactivo o abandonado donde no se puede hacer nada más por sí mismo sino esperar algún papel certificando un tipo de beneficio especial o que se ha cumplido con la condena.

El pasillo 4D especial indígena del establecimiento de mediana seguridad de VillaHermosa de Cali es un pequeño espacio adecuado para aquellas personas que se consideran a sí mismas como indígenas, con el propósito de preservar sus tradiciones y dar un poco de espacio y respeto a su condición de minoría dentro de un lugar, en el cual confluyen aproximadamente unos 6350 internos de todos los orígenes y condiciones sociales acusados de múltiples delitos, muchos de estos, jóvenes cuya única salida fue la criminalidad, ya que era eso o morirse de hambre, otros reincidentes con experiencia en estar en una cárcel. Para algunos el ser interno se constituye en un modo de subsistencia y en otros más el estar recluidos es tomarse unas buenas vacaciones.

Monja Hernández (Comunidad Franciscana), gestora encuentro de indígenas con sus familias
Monja Hernández (Comunidad Franciscana), gestora encuentro de indígenas con sus familias

La zona interna del establecimiento penitenciario la conforman siete patios y una serie de pasillos especiales destinados a población en condiciones especiales o de excepción, a todos estos lo cruza un gran pasillo central, siendo el punto de acceso entre los internos y los guardias y demás personal administrativo. A cada patio lo cuida un dragoneante cuya función principal entre otras es actuar de intermediario controlando entradas y salidas de los internos a sus patios. Es un sitio ruidoso, en especial durante la mañana, por la entrada de funcionarios a realizar labores y trámites para los presos, además del ingreso de los carros con las comidas, mercancías y demás; para muchos no es un sitio agradable, no hay más alternativa que hacerlo lo más amable y soportable posible.

El Pasillo Indígena es un pequeño espacio compartido por unos cincuenta internos, es mucho más cómodo y seguro que alguno de los patios de la cárcel, como por ejemplo el patio 1ª, el cual está adecuado para cien personas pero habitan aproximadamente unas mil. Los indígenas del pasillo fueron acusados y capturados por fuera de sus cabildos y lugares de donde dicen provenir, la mayoría de estos proceden de territorios de los departamentos de Cauca o Nariño y es evidenciable por sus rasgos físicos y maneras de comportarse por lo tanto, deben de pagar su condena en un establecimiento de justicia ordinario y no bajo la jurisdicción de sus pueblos. Otros en cambio se encuentran allí porque pudieron conseguir algún documento certificándolos como pertenecientes y nativos de alguna de estas comunidades y pueden permanecer en el espacio.

Aula múltiple Centro Penitenciario de Mediana Seguridad Villahermosa de Cali - Fotos: Camilo Villa
Aula múltiple Centro Penitenciario de Mediana Seguridad Villahermosa de Cali – Fotos: Camilo Villa

Tras una larga espera en los controles y rejas exteriores, sumándole a esto varias horas de viaje desde territorios como Corinto, Miranda, Cajibío o Piendamó, muchos familiares ingresaron hasta el aula múltiple de la cárcel, espacio normalmente destinado para eventos y encuentros de este tipo. Es difícil describir los sentimientos y emociones de muchas de esas personas, niños incluidos, cuando nerviosos transitaban por el pasillo central de los patios internos hasta dar al espacio donde se llevaría a cabo el evento. Había miradas pendientes de lo que hacían o hacia donde veían, internos curiosos, a la expectativa de quienes ingresaban, unos sonrientes, otros entre atentos, dispersos e indiferentes.

Un curioso mensaje adorna el punto exterior que da acceso a los patios internos de la cárcel: “Aquí entra el hombre, no el delito”. Cuando se ingresa por primera vez en la parte íntima del penal es inevitable dejar de percibir el olor intenso y penetrante que acompaña dicha atmósfera, a las paredes blancas les adornan los distintivos de cada uno de los patios, los cuales, para la época navideña se encuentran decorados con luces y adornos alusivos. Son pocos los dragoneantes o guardias que se encuentran en el pasillo central, cuya principal función más que mantener el orden al parecer es custodiar y encargarse de la entrada y salida de internos y demás que ingresan a diario al penal, a tal grado de que a cada patio solo se asigna un dragoneante para custodiarlo.

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