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Adolfo Pacheco: el último juglar

El 28 de enero pasado murió en  Barranquilla (Atlántico) Adolfo Pacheco, considerado uno  de los últimos juglares y exponente de las tradiciones de la región Caribe. Nos deja como legado más de un centenar de canciones, resaltando éxitos como “El mochuelo”, “El viejo Miguel”, “Mercedes” y “La hamaca grande”.   

Por: Víctor Morrón 

Adolfo Pacheco Anillo (1940 – 2023), cantante y compositor de música vallenata.
Foto: Instagram @adolfopacheco9

Sus canciones  son pinturas que retratan, en versos profundos y pacientes, la vida cotidiana, los debates en torno al folclor, el amor y la “tusa” o desamor que lleva a campesinos, como el de su canción “El viejo Miguel”, a abandonar su amado pueblo con rumbo a la ciudad. O manifiestos como “La hamaca grande”, canción que invita a  la reconciliación entre las expresiones vallenatas provenientes de la zona norte de la región, en departamentos como el Cesar y la Guajira y, las expresiones de la cumbia y la gaita presentes en departamentos como Córdoba y Magdalena. 

Cuenta la leyenda que  Francisco el Hombre caminó por toda la Ciénaga Grande tocando las melodías más trágicas con su acordeón. En su camino pasó por Macondo, entristeciendo  a la mitad de la población, para luego perderse en el horizonte rumbo al Magdalena. Cuenta Pacheco, en una entrevista, que en su juventud, agobiado por la falta de empleo, comenzó su juglaría por distintos municipios de los departamentos de Córdoba y Magdalena, acompañado de Andrés Landeros y Toño Fernández,  maestros de la gaita y la cumbia.

En su travesía se encontraría con Juancho Polo Valencia interpretando su canción “Alicia adorada”, que nació por un reclamo cantado a Dios por la muerte solitaria de su esposa. Pacheco cuenta que lloró por la ternura y el sentimiento que Juancho transmitió con el acordeón y, desde ese día, cuenta, se volvería un poco revolucionario. Dice la leyenda que Francisco el Hombre peleó con el diablo y Juancho Polo con Dios. 

Adolfo Pacheco hace parte de esos hombres  que se confunden con las leyendas. Con un vistazo a su obra se puede entender su aporte al folclor de la costa Caribe colombiana, la cumbia y el vallenato. Ahora que su muerte coincide con mi lectura de Cien años de soledad, me gustaría pensar que los muertos viajan a Macondo y que las gaitas suenan con el acordeón, mientras Rebecca y José Arcadio Buendía hacen el amor al frente del cementerio con las puertas abiertas esperando el siguiente visitante que pregunta:

—Bueno, ¿dónde es la parranda? 

—Al fondo, maestro. Contesta José Arcadio.   

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