Sin verlo venir: retrato del desparpajo y la transparencia
En el marco del décimo Festival Internacional de Literatura Oiga Mire Lea, la actriz Laura García presentó su primera novela, titulada Sin verlo venir, un cómico y brillante texto que se configura como una autobiografía llena de experiencias personales que se entrelazan con la historia colombiana y del mundo, para dar paso a un relato transparente y sin pretensiones.
Por: Sofía Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

Foto: Sofía Londoño Galeano.
El pasado sábado 7 de septiembre, se presentó en el Festival Oiga Mire Lea la primera novela de Laura García, titulada Sin verlo venir. La presentación estuvo dirigida por el escritor Edgard Collazos, quien inquirió desde dónde surgió este texto, que, aunque mantiene un tono autobiográfico, integra una polifonía con un estilo muy bien definido, que según Collazos, es tan revelador y astuto como la autora misma.
García, quien se ha desempeñado como actriz de televisión y teatro, maestra de actuación y productora, se estrena como novelista con este trabajo que, sin duda alguna, borbotea opiniones y experiencias. La narradora prescinde de la primera persona, tan común en las autobiografías, para distanciarse con el pronombre “Ella”, técnica que provee al libro de una importante característica: una sensación de verdad y desligamiento del ser. De no ser así, probablemente este texto no estaría cargado de desparpajo, sino de una visión conveniente y poco objetiva, desde la que se hubiera enunciado la escritora.
…este relato pareciese que tuviera un ritmo propio de escritura que se traslada a la lectura. Se siente vertiginoso, ansioso, rápido, urgente, como si se tuviera que leer de un solo sopetón gracias a sus párrafos largos y a su puntuación certera.
En el libro, García menciona personajes y situaciones de la historia colombiana y del mundo que fueron claves para ella en la intersección entre sus experiencias y la vida en un país desangrado y violento. Y la historia, tanto mundial como la del país, es elemental también para construir un relato que se entrelaza con la exposición de sus amores. Estos amantes se configuran como el aspecto más cómico del libro. La autora los enumera y les pone nombres representativos desde sus debilidades (o esencias, como remarca “Ella”). Sin embargo, las debilidades de García no dejan de ser ajenas a lo que cuenta, agregando un tinte bastante palpable de crudeza y rigor.

Ahora bien, este relato pareciese que tuviera un ritmo propio de escritura que se traslada a la lectura. Se siente vertiginoso, ansioso, rápido, urgente, como si se tuviera que leer de un solo sopetón gracias a sus párrafos largos y a su puntuación certera. García, sin duda, traslada algunos estratagemas propios del teatro a su libro, como por ejemplo la ya mencionada polifonía, las acotaciones, las mayúsculas y repeticiones de letras para denotar importancia o alargamiento de algunas palabras, tal y como se haría oralmente. Es aquí, precisamente, donde se puede destacar el carácter monológico del texto, que fácilmente se puede convertir en la esencia misma de la que nace: una pieza de teatro.
Sin verlo venir se presenta, entonces, como una novela fresca y ágil, donde las descripciones detalladas y afiladas provocan un desparpajo inusual en aquellos autores que se autorretratan. Sin duda alguna, García logró un interesantísimo amasijo que contiene referencias de todos los tipos de arte, experiencias comunes y otras inigualables, una mirada cómica de su propia vida y sus amores y, finalmente, una revelación literaria que se es muy digna de experimentar.

Foto: Facebook.



