Conceição Evaristo: escritora de una literatura negra, femenina y pobre
Por: Darío Henao Restrepo
Universidad del Valle
Se houvesse um monumento à memória negra, deveria ser construído no fundo do mar,
em homenagem àqueles que se perderam na travessia.
Na impossibilidade de levantar tal monumento, me dedico a construir uma obra literária sobre o tema.
Conceição Evaristo (F. São Paulo, 4 mai 2017).

Foto: Aline Macedo.
Lo primero que sentimos al leer a Conceição Evaristo nos depara con su magistral manera de aproximar el lenguaje escrito al lenguaje oral. La vida-lenguaje que rezuma en sus poemas, cuentos, novelas, ensayos y crónicas, cuya génesis empieza donde nació, un barrio pobre en Belo Horizonte, Minas Gerais, una favela como los llaman en Brasil. Las palabras con las cuales hilvana sus textos, más allá de los diccionarios, como ella misma lo recalca cuando habla de su poética de la escrivivencia, resultan de su incansable búsqueda por darles sentido y aliento propio en sus textos.
Un poema, “De la calma y el silencio”, expresa su poética: “Cuando yo muerda/la palabra,/por favor,/no me aprehendan,/quiero masticar,/rasgar con los dientes,/la piel, los huesos, el tuétano/del verbo,/para así versar/el corazón de las cosas”. Lo poético es vislumbrado en un cotidiano de sangre y hambre que ilumina y absorbe una memoria personal y colectiva, como sucede con el personaje Ponciá Vicencio, que vive en el siglo XXI en una favela, actualización de los barracones, las senzalas de los ingenios azucareros brasileños, movidos por la mano de obra de africanos esclavizados.
El archivo humano de varios siglos de esclavización en el Brasil y sus lastres hasta el siglo XXI constituyen la fuente de la cual beben sus libros: Ponciá Vicencio (2003); Becos da memoria (2006); Poemas de recordación e otros movimientos (2008); Insumisas. Lágrimas de mujeres (2011); Olhos D´água (2014), e Histórias de Leves engaños (2016).
La noción de escrivivencia, según la autora, surge de una práctica literaria cuya autoría es negra, femenina y pobre. El sujeto de la acción asume su quehacer, sus pensamientos, su reflexión, no solamente como un ejercicio aislado, sino atravesado por grupos, por una colectividad. La autora rescata el imaginario mítico de la cosmogonía africana en contraposición a la narrativa de Narciso, entendida esta como una escritura narcisista.
En su primera novela, Ponciá Vicencio, publicada en 2003, se narran las vicisitudes cotidianas de las mujeres afrodescendientes desde un punto de vista explícitamente femenino y negro.
Los caminos abiertos por Maria Firmina dos Reis con Úrsula (1859), la primera novela capaz de inscribir al África como espacio de civilización y al navío negrero como el de sacrificio y sepultura, son retomados por Conceição Evaristo junto a la de varias generaciones de escritoras y escritores que se han propuesto rescatar de las aguas del Atlántico Negro la memoria de tanta inhumanidad y sufrimiento, pero, sobre todo, la memoria de resistencia y lucha por la libertad.
Por su parte, Becos da memoria nos cuenta historias de varios personajes, habitantes de una favela que va a desaparecer por la llegada del progreso, de tractores que amplían la especulación inmobiliaria, provocando desarraigo e indignación, por lo que será en adelante el destino de quienes terminan desalojados. Personajes como Vó Rita, Outra, Maria Nova, Bondade, Tio Totó, Maria Velha y Ditinha, van contando historias de vida sencillas cargadas de mucha violencia.
Tanto en Becos da memoria como en Ponciá Vicencio, la memoria guía los pensamientos de los personajes y su vinculación con sus antepasados africanos, animada por la religiosidad de matriz africana; en este caso, las ritualidades del candomblé. La obra acoge de múltiples maneras la herencia africana, viva y marcante, en el pueblo brasileño. Sus historias traen al presente un pasado que no pasa.
La poesía de Conceição Evaristo rescata el legado de las memorias dejadas por las mujeres negras. En “Vozes- mulheres”, uno de sus poemas más emblemáticos, vuelve a la voz de la bisabuela; a sus lamentos de niña en el navío negrero; a la de la abuela esclavizada, sometida a los blancos dueños de todo; a la de la madre indignada, en voz baja, en cocinas ajenas y lavando ropas sucias de blancos; a la suya, expresando en versos perplejos, con rimas de sangre y hambre, camino a la favela, y finalmente, a la voz de la hija recogiendo todas esas voces mudas del pasado y de ahora. En esta voz, remata el poema, “se hará oír la resonancia/el eco de la vida-libertad”. La voz negra femenina, que siempre existió, emerge como un grito para ocupar su lugar en la memoria de los brasileños. Su literatura depara al lector con las marcas de ese pasado no tan distante, y así, librarlo del olvido como una forma de reafirmar el papel de las mujeres negras en la historia de su país.

En la larga trayectoria de la literatura afrobrasileña, cuya historia ha rescatado Eduardo Assis Duarte en su antología crítica en cuatro volúmenes – Literatura e afrodescendencia no Brasil –, Conceição Evaristo consolida una vigorosa obra por su calidad poética y por el enorme reconocimiento nacional e internacional recibido. Recientemente, ingresó a la Academia Brasileña de Letras. Sin duda, en razón a una subjetividad propia experimentada como mujer y escritora negra en la sociedad brasileña. En sus propias palabras, “toma el lugar de la escritura, como derecho, así como se torna el lugar de la vida”.
Los caminos abiertos por Maria Firmina dos Reis con Úrsula (1859), la primera novela capaz de inscribir al África como espacio de civilización y al navío negrero como el de sacrificio y sepultura, son retomados por Conceição Evaristo junto a la de varias generaciones de escritoras y escritores que se han propuesto rescatar de las aguas del Atlántico Negro la memoria de tanta inhumanidad y sufrimiento, pero, sobre todo, la memoria de resistencia y lucha por la libertad.



