Evento

Multiplicidad de voces en torno a La Vorágine

Los días 30 y 31 de mayo del presente año, se llevó a cabo el Simposio Cruzando Fronteras: a cien años de La Vorágine. Este encuentro fue organizado por la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle, en el marco del programa Vínculos Académicos, con el fin de reunir las distintas miradas alrededor de la novela La Vorágine, de José Eustasio Rivera, cien años después de su publicación.

Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Resplandor Editorial.
Foto: Resplandor Editorial.

El primer día del evento estuvo cargado de lecturas disruptivas de la que ha sido llamada la novela sobre la selva más importante de Latinoamérica. Los temas elegidos para las ponencias versaron sobre La Vorágine como un universo de varones, por la profesora Carmiña Navia; el papel de las mujeres en la obra, por Betty Osorio; la función de Arturo Cova como narrador no confiable, los silencios narrativos y testimonios veraces, por Patricia Trujillo; la falta de valoración de los saberes de poblaciones indígenas, específicamente de la danza de los Murui Muinani, por Alexis Uscátegui, así como la relación dialógica de la obra con los mitos amazónicos, por Fabio Gómez.

En esta oportunidad nos centraremos en la última intervención de la tarde, realizada por el profesor de Literatura John Narváez, quien expuso su estudio sobre la construcción de lo que llama “La nación clemente en La Vorágine”.

A pesar de la rapidez con la que expuso sus ideas, dado que faltaba poco para concluir el primer día del evento, Narváez expresó que le interesa estudiar la forma como Rivera caracterizó a los personajes, mediante una suma de valores y defectos, atendiendo a su nacionalidad. Asimismo, expuso que la intención del autor fue escribir una novela nacional y patriótica que pudiera mostrar el carácter de Colombia como una nación clemente. Para acentuar esta característica mediante el discurso, lo hizo frente a y en contra de otros caracteres nacionales representados en los demás personajes de la obra.

De esta manera, Narváez mencionó que los personajes principales de la novela, acompañantes de Arturo Cova en su viaje, están definidos por atributos morales como la clemencia, fidelidad y franqueza. Estos valores se definen, además de las acciones, por los nombres de los personajes: Clemente Silva y Fidel Franco. El primero, un padre sacrificado que soporta los peores tormentos y humillaciones por cumplir la promesa de encontrar a su hijo; y el segundo, amigo de Cova, quien lo secunda en sus acciones, amigo franco y leal, que incluso llega a perdonar las ofensas en su contra. Este carácter, además de la pretendida valentía y piedad del protagonista, a través de cuyos ojos conocemos los hechos, definiría a la nación colombiana.

A principios del siglo XX, los países latinoamericanos avanzaban hacia la organización de sus territorios, y para ello, se hacía necesario definir las fronteras. Una de ellas, quizá la mas relevante en este momento, es la de la Amazonía. No obstante, la ausencia del Estado colombiano en las regiones periféricas ha sido siempre una constante y, en aquella época, parecía inexistente. Es por ello que hombres como Rivera intentaron contribuir a la percepción de Nación, mediante el establecimiento de un carácter nacional. Según la RAE, la palabra nación significa “conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. Lograr esta identificación, en un país tan diverso como Colombia, era y sigue siendo, en la actualidad, una labor titánica.

Los valores cristianos que parecen establecer un argumento para la novela entran en pugna con las contradicciones de Arturo Cova, posible alter ego de Rivera, quien empieza el viaje huyendo de la justicia, vive en pecado con Alicia, es seductor de varias mujeres y traiciona a su más fiel compañero. Sin embargo, este personaje se redime cuando pasa de ser auto destructivo, llegando a pensar, incluso, en el suicidio, para convertirse en el redentor de la comunidad, que simboliza a la Nación colombiana.  De esta forma, al liberar a los esclavos de las caucherías, exalta los valores de la justicia y la caridad, los cuales son el fundamento teologal y ontológico de la religión católica.

En contraposición a la visión de su patria, en la novela encontramos personajes de múltiples nacionalidades que, a su vez, reflejan el carácter de su pueblo. En primer lugar, aparecen los venezolanos, quienes son definidos como la dañina langosta o como falsos perseguidos políticos. Entre ellos se encuentra Clarita, natural de Ciudad Bolívar, una de las amantes de Cova y quien ha sido cautiva de varios amos. Como a los demás, la conocemos a través de los comentarios de Cova, que suelen ser despectivos en lo que refiere a las mujeres. Finalmente, es representada como una mujer traidora y poco confiable.

Narváez expresó que le interesa estudiar la forma como Rivera caracterizó a los personajes, mediante una suma de valores y defectos, atendiendo a su nacionalidad. Asimismo, expuso que la intención del autor fue escribir una novela nacional y patriótica que pudiera mostrar el carácter de Colombia como una nación clemente. Para acentuar esta característica mediante el discurso, lo hizo frente a y en contra de otros caracteres nacionales representados en los demás personajes de la obra.

En este mismo sentido, se ubican Tomás Funes, personaje histórico, militar y explotador del caucho en el Amazonas, quien se hizo famoso por la crueldad de sus campamentos, y Aquiles Vácares, el falso héroe. En ellos se destacan el exceso de fuerza, su capacidad para ser crueles y la exhibición constante del poderío marcial, especialmente por parte del Váquiro, a través del cual se hace una sátira contra la forma militar de gobernar de Venezuela, cuyo lema de la época era “Dios y Federación”.

En cuanto a los franceses en la obra, podemos encontrar a dos tipos de hombres. Por un lado, el fotógrafo humanitarista, quien intenta abogar por las personas esclavizadas, y que parece estar inspirado por un hombre cuyo fin se desconoce, porque solo se sabe que desapareció en la selva. Este personaje simboliza a la nación precursora de los derechos humanos. Y, por otro lado, está El Cayeno, otro de los personajes barbaros, quien recibe este apodo por ser prófugo de la colonia penitenciaria de Cayena. Este personaje es descrito como un extranjero invasor que se dedica a explotar la selva y matar a los indígenas, por lo que los protagonistas de la historia conspiran para asesinarlo. 

Sobre los brasileños, solo se menciona que son compañeros de los colombianos en la desgracia de la esclavitud cauchera y el único personaje sobresaliente es el Sacerdote Maza, quien aparece como un hombre piadoso. En cuanto a los indígenas no hay mucho que decir, puesto que en la novela aparecen como carentes de patria, sin derecho a la ciudadanía, a veces descritos como conflictivos y otras veces como pusilánimes y crédulos.

John Narváez, profesor de Literatura, en el Simposio Cruzando Fronteras: a cien años de La Vorágine. Foto: Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle.
John Narváez, profesor de Literatura, en el Simposio Cruzando Fronteras: a cien años de La Vorágine.
Foto: Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle.

Otra nacionalidad aparece en la obra bajo el nombre de los turcos, un gentilicio impreciso que comparten los musulmanes Miguel Pezil, quien fue uno de los dueños de Clemente Silva, y Zoraida Ayram, cuya descripción se hace por medio de la lujuria y la codicia. Esta mujer fue amante de Luciano, hijo de Clemente, y le roba caucho al Cayeno. El mismo gentilicio funciona para el judío Barchilón, directivo de la Casa Arana, al que solo le preocupa que los caucheros heridos perjudiquen a la empresa. Definido, además, por la codicia sin escrúpulos y la crueldad con las mujeres. Estas descripciones permiten entrever un ribete antisemita de la novela, debido a que no comparten los valores cristianos, y un carácter reduccionista de la identidad ajena.

Por último, se ubican los peruanos, principal contraparte de Colombia, ya que utilizaban un discurso patriótico para intentar arrebatar el territorio nacional. Aparecen en la novela representados por la Casa Arana, una poderosa empresa peruana que recibe ayuda logística y militar por parte de su país, lo que los legitima para continuar con su presencia en la frontera amazónica. Estos personajes actúan como esclavistas y depredadores, pero intentan disimular tal condición con retóricas de progreso y civilización.

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