Memorias de un trauma colectivo
El pasado 11 de abril se cumplieron 22 años del secuestro de los doce diputados de la Asamblea del Valle del Cauca. Diversos entes gubernamentales convocaron a una conmemoración en el recinto de sesiones Carlos Holmes Trujillo Miranda de la Asamblea Departamental, donde se mostró un esfuerzo colectivo entre instituciones del municipio y el departamento para rememorar el conflicto armado como un factor de trauma colectivo y para construir una memoria histórica en torno a los hechos.
Por: Sofia Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

Fotos: elespectador.com
Los eventos ocurridos hace 22 años en la Asamblea del Valle del Cauca dejaron como saldo, algunos años después, once diputados muertos y un solo sobreviviente, Sigifredo López. Además, durante el suceso murieron dos periodistas de RCN y un subintendente de la Policía Nacional. Estos hechos, que estremecieron a todo el país, fueron una muestra de la violencia exacerbada de la época, cuando estaban normalizados los secuestros y las masacres por parte de las FARC. Hoy, después de 22 años y la firma de un Acuerdo de Paz, seguimos haciéndole frente a la memoria para conseguir la tan anhelada reparación.
Los hijos de los diputados crearon recientemente la Fundación In Memoriam 11 Diputados, que tiene como objetivo luchar por la memoria, la paz y la reconciliación con relación a este suceso. Fueron ellos, en compañía de la Asamblea y la Gobernación del Valle del Cauca, en acompañamiento de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Arquidiócesis de Cali, la Unidad para las Víctimas ―Dirección Territorial Valle ― y la Alcaldía Distrital de Santiago de Cali, que convocaron esta conmemoración. La unión de los entes estatales con los familiares de las víctimas muestra una colaboración que promueve la reparación. Ejemplo de esto es el nombramiento de la calle novena como Calle de los 11 Diputados y la construcción de la galería ¡Suenan por tí!,en la que permanecen imágenes y archivos de la muerte y secuestro de las víctimas.
El Gobierno colombiano debe seguir promoviendo la construcción de paz a través de eventos de encuentro para la memoria colectiva. Estos espacios ponen en común los sufrimientos y esperanzas de aquellos que fueron víctimas de los grupos armados. Sin embargo, estas conmemoraciones deben extenderse a todo tipo de hechos violentos que hayan sido causados en circunstancias de guerra.
El primer invitado en pasar al frente fue Monseñor Luis Fernando Rodríguez, arzobispo de Cali, quien señaló que tener memoria y recordar es asumir el compromiso por la no repetición. También instó a los asistentes a seguir realizando acciones en pro de la reconciliación, para que el sufrimiento de los diputados y sus familias no sean en vano. Por su parte, la gobernadora Dilian Francisca Toro y el alcalde Alejandro Éder hicieron énfasis en sus discursos a la afronta contra la democracia que significó el secuestro y posterior asesinato de los diputados. El personero Gerardo Mendoza Castrillón se refirió a la importancia de contar con espacios para poder hablar de las heridas y expresó cómo la memoria social también debe hacer parte de la identidad de los vallecaucanos.
Sigifredo López, el único exdiputado que sobrevivió a siete años de secuestro, se refirió a los otros asambleístas como sus hermanos, y expresó que la lucha por la paz y la reconciliación debe proseguir en todo el país. Agradeció los espacios para articular estrategias y esfuerzos que permitieran que la memoria de este hecho permaneciera en el tiempo. De igual forma, la hija del exdiputado Nacianceno Orozco, Juliana Orozco, en representación de los hijos y familiares de las víctimas, celebró las iniciativas de construcción de memoria adelantadas por los entes gubernamentales y agradeció el apoyo en la constitución de la reciente Fundación In Memoriam 11 Diputados.
La reparación va más allá de conmemoraciones esporádicas, ya que se trata de un entramado de acciones continuas para transitar un trauma complejo. Cabe recordar que, en este caso, el sufrimiento fue prolongado, ya que durante cinco años las familias guardaron la esperanza de ver en libertad a los diputados. La lucha y la zozobra durante largos períodos de tiempo son reflejo de la violencia simbólica que deben sufrir las víctimas indirectas de estos hechos. Además, este suceso que conmocionó a todo el país se puede clasificar como uno de los secuestros más viles y notorios de la primera década de los 2000, en donde todos los colombianos siguieron de cerca el desenlace de la historia, repercutiendo también en la memoria colectiva vallecaucana.
El Gobierno colombiano debe seguir promoviendo la construcción de paz a través de eventos de encuentro para la memoria colectiva. Estos espacios ponen en común los sufrimientos y esperanzas de aquellos que fueron víctimas de los grupos armados. Sin embargo, estas conmemoraciones deben extenderse a todo tipo de hechos violentos que hayan sido causados en circunstancias de guerra. Hay que brindarles a todas las víctimas ―sin importar el caso― la posibilidad de hablar, de gestionar sus emociones y de escuchar testimonios que les permitan perdonar y restaurar la confianza en el Estado. Este proceso, largo, sin duda, es un deber que se debe asumir para resarcir y construir narraciones de reconciliación.



