Perfil

Reivindicación de la literatura incómoda

Arnoldo Palacios fue un escritor que nunca olvidó sus orígenes. De la misma manera en que regresaba a su tierra cada cierto tiempo, volvía a los temas que lo obsesionaban: los hombres, sus problemas y sueños. Siempre creyó que su labor como escritor era mostrar la realidad social de uno de los departamentos más abandonados por el Estado colombiano. Por eso hoy, cien años después de su nacimiento, La Palabra hace un reconocimiento a su labor.     

Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Arnoldo Palacios (1924 – 2015), escritor afrocolombiano. Foto: blogs.elespectador.com
Arnoldo Palacios (1924 – 2015), escritor afrocolombiano.
Foto: blogs.elespectador.com

Hace cien años nació en Cértegui, departamento del Chocó, un hombre que llegaría a ser considerado el primer escritor afroamericano del país. Dicen que no le gustaba que sus libros fueran catalogados como exponentes del género de literatura afrocolombiana, ya que, según él, lo esencial en su obra era “el hombre, sus problemas, sus sueños, su vida íntima, su fuerza, su esperanza, sus luchas, porque (…) el escritor debe estar comprometido con todo lo que atañe a cuanto lo rodea”. En este punto, daba a entender que no le interesaba simplemente escribir sobre gente afro, sino utilizar sus letras para incomodar las estructuras de un país tremendamente racista, incapaz de reconocer su diversidad de razas, lenguas y costumbres.

Se llamaba Arnoldo Palacios y, junto a otros autores como Manuel Zapata Olivella, Jorge Artel, Carlos Arturo Truque y Candelario Obeso, pasó a la historia como uno de los intelectuales más importantes del país.

En sus novelas abundan las descripciones de la naturaleza característica del Chocó, uno de los lugares más lluviosos del planeta, en donde la selva, los ríos y su encuentro con el mar, forman el escenario ideal para el desarrollo de tantas historias. Además de crear la atmosfera, utilizaba la vida cotidiana de personajes del común para denunciar la injusticia que reina en las zonas periféricas del país. “Gracias a la literatura, he tenido más conciencia de los problemas, mi deber es mostrar la situación social y ayudar a encontrar caminos”, afirmó Palacios alguna vez.

Sin embargo, este deber estuvo a punto de verse frustrado por el destino en varias ocasiones. La primera, cuando tenía dos años y lo atacó la poliomielitis. La enfermedad le dejó secuelas de por vida, como el hecho de caminar ayudado con muletas, pero no le impidió salir de su pueblo a los 15 años para terminar sus estudios de bachiller en Quibdó y más adelante a Bogotá para iniciar sus estudios superiores. La segunda, cuando estaba escribiendo su novela Las estrellas son negras y un incendio ocurrido la noche del Bogotazo la consumió por completo. Su reacción, distinta a lo que cualquiera haría, fue sentarse a escribir de nuevo, con la ayuda de sus amigos y terminar la novela en solo tres semanas.

Quizá hoy, cien años después del nacimiento de su autor, la relectura de estas novelas nos invita a reflexionar sobre los pocos avances y las muchas deudas que tenemos con algunas regiones olvidadas del país.

La forma de enfrentarse a las vicisitudes da cuenta del carácter de Arnoldo Palacios, quien, como le ha sucedido a otros grandes autores, recibió poco reconocimiento en vida. Solo ahora, cuando nuestros paradigmas sobre la importancia de la diversidad han cambiado, podemos entender el significado de su obra en la literatura colombiana.

Las estrellas son negras, publicada en 1949 por la Editorial Iqueima, de Clemente Airó, cuando el mundo editorial colombiano era, si cabe, más precario que en la actualidad, pasó desapercibida por los problemas políticos y sociales a los que se enfrentaba la sociedad de la época. Aun así, marcó un hito en el ámbito literario por ser una novela fundadora del realismo social que retrata la violencia y abandono de la población negra.

Después de esta publicación, fue invitado a la Universidad de la Sorbona, en París, donde estudió Lenguas y Literatura. Fue en esta ciudad en donde tuvo contacto con los movimientos de protestas anticolonialistas de África. Posteriormente, viajó a diversos países europeos, entre los que estaban Polonia y la Unión Soviética, donde vivió durante 10 años.

Foto: Tomada de internet.
Foto: Tomada de internet.

En su segunda novela, La selva y la lluvia, escrita en el año 1958 desde Moscú, Palacios narra la vida de varios personajes chocoanos que participaron en el Bogotazo, remitiendo al lector al inicio de la época de la Violencia, una de las más sangrientas de nuestra historia.

Como podemos observar, su obra, aunque no fue extensa, ya que solo se le conoce otra novela, una autobiografía llamada Buscando mimadrediós, publicada por Seix Barral, en el año 2019, conserva un estilo cargado de elementos urbanos que hace una crítica profunda a la problemática del hombre negro y nos cuestiona como sociedad. Quizá hoy, cien años después del nacimiento de su autor, la relectura de estas novelas nos invita a reflexionar sobre los pocos avances y las muchas deudas que tenemos con algunas regiones olvidadas del país.

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