“Señorita Marilyn Monroe: ¿para qué ser inteligente si usted está buena?”
Blonde, la novela escrita por la estadounidense Joyce Carol Oates, tendrá una adaptación cinematográfica. Para el 23 de septiembre de 2022, Netflix anunció el estreno del biopic de Marilyn Monroe. Por tal motivo, vale la pena recodar la obra literaria que cuestiona la invención de Monroe como símbolo de genuino empoderamiento femenino sexual de Hollywood.
Título: Blonde
Autora: Joyce Carol Oates
Alfaguara, 2021
933 páginas
Por: Jhonedyer Henao Flórez
Sociólogo y estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: elperiodico.com
Blonde es la biografía novelada de una leyenda. Escrita por Joyce Carol Oates y publicada en el año 2000, en ella se reconstruye la vida de Norman Jeane Baker y la invención del símbolo sexual hollywoodense, Marilyn Monroe. A partir del principio de la sinécdoque narrativa, según la autora, se muestra un minúsculo grupo de sucesos, unos ficticios y otros reales, que dibujan y representan la traumática vida de una mujer que por decisiones propias y ajenas termina ahogada en la oscuridad de los traumas infantiles, las lógicas de un contexto político y la fama desbordada.
Más allá de la veracidad de la historia y las controversias que la obra ha suscitado en el panorama literario y periodístico en Estados Unidos por el uso, según la crítica, de la exposición sexual y morbosa de la vida priva del personaje, Blonde es una proeza literaria, no solo por la construcción del personaje, sino también porque pone en juego y en cuestión la invención de Marilyn Monroe como símbolo de empoderamiento femenino sexual de carácter genuino, esto a partir de desnudar las lógicas del mercado en la industria cinematográfica de Hollywood al servicio de complacer los deseos sexuales masculinos buscando la rentabilidad económica.

Foto: rubielabuitrago.com
Usted y yo conocemos la sensual boca de Marilyn Monroe. Esta imagen hace parte del repertorio visual de la cultura popular occidental. También conocemos sus senos insinuados desde las copas de los vestidos calcados en su cuerpo, sus torneadas nalgas y, por supuesto, la aniñada voz. Desde esta representación se creó la imagen de una rubia empoderada de su cuerpo y su sexualidad, que, sin pudor alguno, alardeaba frente a las cámaras sus encantos femeninos. Oates, usando este popular repertorio visual, divide a la actriz rubia en una dualidad: Norman Jeane Baker y Marilyn Monroe. La primera, una mujer traumada, rota, escritora de poemas y estudiosa de la poesía renacentista, lectora de Shakespeare, Schopenhauer, Freud, Chejov, Dostoievski y Darwin, ávida de entender el quehacer actoral, profundizando en sus personajes para darle calidad a sus capacidades interpretativas y mostrar su inteligencia actoral; una mujer con un intelecto potente y un raciocinio e ingenio notables. La segunda, una rubia bruta y tetona, concebida en una lógica pigmaliónica hollywoodense como un monstruo de desproporcionados encantos sexuales con el talante necesario para devorar todo a su alrededor, incluida a quien la encarna, la señorita Norman Jeane Baker. Asimismo, Monroe alcanza el calificativo de agente histórico en la medida en que en su ambiente ocurrieron fuertes fenómenos sociales, culturales y geopolíticos en los cuales se ve inmersa de forma directa y arquetípica.
Blonde es una proeza literaria, no solo por la construcción del personaje, sino también porque pone en juego y en cuestión la invención de Marilyn Monroe como símbolo de empoderamiento femenino sexual de carácter genuino…
La división que hace la escritora de su personaje es la forma de cuestionar un reducto mínimo que se ha creado en el imaginario social de la actriz rubia. Sirve, también, para interpelar qué hay detrás de la imagen de una rubia provocadora, lasciva, de ojos entornados, labial encendido, de tetas y culo insinuados al brillo de los flashes de fotógrafos desesperados. “Quien podía ver a la Monroe no miraba a nadie más”, afirma Oates en el libro. Específicamente habla de la mirada masculina, quienes veían a una golfa impúdica jugando a ser actriz. En la construcción de Monroe hecha por la escritora hay una proyección del deseo sexual masculino. En Teoría King Kong, la escritora francesa Virginie Despentes dice que en los juegos socio-sexuales al rol masculino le gusta, de cierto modo, dar por hecho que las mujeres tienen como propósito fundamental el seducirlos y hacerles enloquecer. Es de allí que la respuesta recurrente de los hombres al preguntarles qué harían si fueran mujeres es: sería una perra, una zorra o ya tendría muchos hijos de padres diferentes. Esto no es más que un pensamiento en función del placer y el deleite masculino. Función en la que los productores hollywoodenses encarnan el mítico Pigmalión, fundando un arquetipo artificial de un genuino empoderamiento del cuerpo y la sexualidad femenina.
En la obra, por ejemplo, un productor dice: “Sí, nosotros inventamos a MARILYN MONROE. El pelo rubio platino fue idea de La Productora. El nombre lleno de emes. La chorrada esa de la vocecita infantil. Un día vi a aquella golfa en los estudios, una «joven promesa» con pinta de pendón de discoteca. Carecía de estilo, pero la niña tenía un cuerpo del copón. La cara tenía defectos, así que le arreglamos la dentadura y la nariz. Le pasaba algo a su nariz. El comienzo del pelo lo tenía desigual y creo que le hicimos el tratamiento de electrólisis, a menos que me confunda con Rita Hayworth. MARILYN MONROE fue un autómata diseñado por La Productora. Lástima que no pudiéramos sacar la patente”.
Esta discusión, creo, hace parte del núcleo narrativo de la novela. Es potente y controversial. Cuestionar las configuraciones visuales y populares de una cultura no es un trabajo mínimo, más cuanto es sumado al talento, la audacia e intelecto de una autora como Joyce Carol Oates. Pensar sobre la inteligencia, la apariencia física y los códigos que configuran el sistema erótico y sexual de nuestro sistema hetero-patriarcal es uno de los varios motivos para leer Blonde.




