La reconciliación del presente con el mundo grecolatino
La escritora Irene Vallejo ha conmocionado el panorama literario con su libro El infinito en un junco. La elección de narrar de forma audaz y amena la historia del libro a partir del desarrollo histórico del mundo grecolatino, uniéndola con pasajes autobiográficos, la ha posicionado como un fenómeno en ventas y críticas positivas, siendo el gran impacto en el mercado editorial, proporcional a la calidad de la obra.
Título: El infinito en un junco
Autora: Irene Vallejo
Ediciones Siruela, 2019
452 páginas
Por: Jhonedyer Henao Flórez
Sociólogo y estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: queleerlibros.com
Irene Vallejo logró la fama mundial con solo una obra. En el mes de enero fue una de las estrellas principales del Hay Festival Cartagena. Ovacionada de pie, y con filas de lectores esperando su autógrafo y fotografía, la escritora hizo su paso triunfal por el país. El esquema de celebridad literaria se repite por donde pasa: México, Italia, Francia, Grecia y en España, su país de origen. Esto debido al fenómeno editorial conseguido con El infinito en un junco, el cual ha logrado ser traducido a más de 20 idiomas y tener más de 26 ediciones. Además de ser reconocido con el Premio Nacional de Ensayo 2020 (España) y por lo menos otros 8 galardones.
Pensar en los libros, en su historia, en los griegos y en los romanos, es una acción que a muchos no les parece atractiva. En esta afirmación creo no equivocarme. La multiplicidad de expertos o expertas en estos temas es más bien menguada. La pregunta que surge aquí es: ¿cómo se logra un golpe editorial de la magnitud de El infinito en un junco escribiendo sobre cuestiones académicas y esquemáticas? Además de las lógicas del mercadeo, la repuesta está en que el ensayo es una proyección fetichista del libro. En esta dirección, la obra tiene dos aspectos a resaltar que aportan a su popularidad: en primer lugar, es una contenida y exigua profundidad de temas; y, en segundo lugar, la elegancia y belleza de su prosa.
Lo primero es sencillo detectarlo en la medida en que la argumentación del texto no expone el mundo clásico con información innovadora. Es más una exposición de lugares comunes con respecto a los acontecimientos y personajes del pasado. Lo que Vallejo escribe ya lo sabemos. Y esto es muy extraño, porque en vez de quitar, pone. La autora pudo pecar por pretenciosa en planteamientos complejos de episodios y personalidades históricas, pero no lo hizo. Con el conocimiento adquirido en su formación como doctora en filología clásica, la información y datos no son limitados. Ella inteligentemente los acota, y sobre todo, los une al presente a partir de una riqueza bibliográfica, cinematográfica y pasajes autobiográficos que logra enganchar al público haciendo una oda al lector a partir de una complacencia en donde la acción de leer, de poseer y lucir un libro es un acto excelso de deber cívico con un artefacto que posee la capacidad divina de sobrevivir a la destrucción del tiempo. Es esto un home run, porque no solo se le da importancia y reconocimiento a la lectura y al lector, sino que también se le otorgan propiedades sobrenaturales al libro, fetichizándolo para buscar beneficios tale como prestigio, poder o capital cultural al portador del mismo.
Pensar en los libros, en su historia, en los griegos y en los romanos, es una acción que a muchos no les parece atractiva (…) La pregunta que surge aquí es: ¿cómo se logra un golpe editorial de la magnitud de El infinito en un junco escribiendo sobre cuestiones académicas y esquemáticas? Además de las lógicas del mercadeo, la repuesta está en que el ensayo es una proyección fetichista del libro.
El segundo punto también es un acierto del ensayo; el valor del texto recae en su configuración. El infinito en un junco es un escrito poco ortodoxo en la medida en que el relato de la historia del libro y el mundo grecolatino se aparta de manera explícita de formatos académicos. En parte, es un proceder performático. La autora da vida y validez a formas breves de acercar el pasado y el presente. Este ejercicio, para este caso específico, desborda el plano literario, pues Vallejo escribe como habla. Es decir, la forma del ensayo se constituye en una puesta en escena en donde la escritura es atravesada visiblemente por la personalidad de la escritora. Leer su escrito es un encanto. Un deleite. Escucharla también. Sumado al talento e inteligencia, el carisma que posee triangula una operación matemática que explica por qué la escritora ha alcanzado el estrellato literario. Su voz termina siendo un susurro arrullador. Consolador. Sus letras también. La dualidad autora-obra es sin duda un vehículo para entender el impacto del libro. Su elegante prosa está determinada por su personalidad, por lo menos la pública, la que llena auditorios, la que firma libros, la que con gran dulzura e hipnotismo dibuja una delicada Scheherezade que le muestra al mundo que leer es un ritual afectivo, una acción de conciliar un pasado con un presente, valorando el desarrollo y la supervivencia del libro, la escritura y la literatura.




