La escasez de marihuana en Cali
En la ciudad de Cali se evidencia la carencia de la marihuana en el sentir de sus consumidores. Diferentes hipótesis redondean este hecho, ellas como un mal presagio no dejan de ser preocupantes para quienes se benefician de su comercialización.
Por: Hiedra
Estudiante de Estudios Políticos

Todos los días en el parque La Hormiga de Cali se reúne un grupo de amigos a contarse lo que les sucede a diario, sus problemas y pensamientos más profundos, pero sobre todo a carburar marihuana. Cada uno de ellos comparte la bareta, necesaria para pasar un rato agradable, olvidarse de la cotidianidad y detenerse un momento ante la vida moderna que exige dinámicas tan agitadas. Susana no era la excepción, ahí mismo, mientras conversaba, donaba la cantidad de Regular necesaria para satisfacer el ocio de ella y sus amigos, sin importar el grosor o largo del delgado papelillo que la envuelve. Con esa habilidad que la caracteriza para trillar y charlar a la vez, trituraba la marihuana contando con indignación cómo su novio la había dejado por otra: «Eso me hace querer fumar más, no sé cómo hace esa gente que pasa las tusas en sano juicio. Menos mal Cali es el paraíso de la bareta». Meses después descubrió lo equivocada que estaba.
Un día notó la estafa en el Regular, el tipo de marihuana predilecta por Susana, esta era diferente, su sabor la delataba, realmente se trataba de una Cripaja vieja. Otro día no menos terrible confirmó sus sospechas: «Está muy difícil conseguir regular, la gente no se va a arriesgar a traer algo tan barato, en el momento solo tenemos Cripa», le dijo su jíbaro de confianza terminando de destrozar su ya quebrantado corazón. Haciendo eco a su dolor y no a su gusto, cambió fácilmente de variedad, ahora los químicos de la Cripaja eran los que se esparcían por sus pulmones.
En un par de meses la situación se agravó. Carlos, miembro del círculo de amigos de Susana, difamaba al jíbaro: «Este hijueputa de Rubén es un ladrón, me dio la mitad de la bolsa por cinco mil pesos, no creo que esto sean cinco gramos». Cada vez tenían menos Ganjah a su disposición, ahora le tenía que bastar a Susana un bareto diario para calmar su tusa aún vigente.
Antes había tanta que podía desperdiciarse, ahora entre su humo espeso y escaso, se entretejen palabras que la aclaman, añoran su abundancia, desean que su suavidad se esparza, desde su boca hasta los pulmones, mucho más seguido. En sus días de gloria era barata y abundante en la ciudad, por el hecho de estar a dos horas de Corinto (Cauca), uno de los mayores distribuidores de marihuana en Colombia. «Ya nadie quiere compartir, ante la desgracia es mejor que cada uno se las arregle», dijo Efrén reteniendo el humo por largos momentos, para que le rindiera.
Al otro lado de la ciudad, entre apuros, don Ignacio, un jíbaro de la zona norte, hurga entre la basura, donde la camufla, para encontrar la preciada planta, compara el tráfico de marihuana con las dinámicas del Mercado Nacional: «No es que esté escasa, está cara. Así como lo está la papa y el arroz. Ahora hay más restricciones, más control. Lo que primero dificultó la oferta de marihuana en Cali fue el transporte. Solía ser llevada en motos, pero ahora están siendo requisadas minuciosamente. No es que los dealers no encuentren marihuana, es que ahora está muy cara, subió casi un 300%».
Jorge, consumidor desde hace cinco años, comparte su versión sobre la causa de la notoria falta de cannabis, mientras humedece el «cuero» con su saliva reseca: «Un duro compró toda la producción». Lo manifestó con seguridad, como si él mismo hubiera cerrado el trato. El grosor de su bareto, de un centímetro de diámetro, delataba la realidad de sus palabras, escasa sí estaba. Un estudiante de estudios políticos analizaba que la escasez de marihuana se debía principalmente a la rentabilidad que se encuentra al comercializarla intermunicipalmente.
En la página de la Policía Nacional se reflejan los procesos llevados a cabo por la división antinarcóticos para la culminación del microtráfico. Entre su repertorio de procedimientos se encuentran: allanamientos, capturas e incautaciones. En uno de los últimos operativos se logró la materialización de siete allanamientos los cuales permitieron la captura de ocho personas mediante orden judicial y la incautación de cinco kilos de marihuana. Los elementos incautados son puestos a disposición de la Fiscalía General de la Nación.
«Las cosas van a cambiar, con el Postconflicto se están negociando todas esas plantaciones del Cauca, ahora el gobierno tendrá el control de todo», decía Felipe, un preocupado consumidor, con el ritmo pausado, sin afanes, totalmente contradictorio al sufrimiento que reflejaban sus ojos, de veras le preocupa. No se sabe con certeza el motivo de su parcial ausencia. Desde sus rincones no tan secretos los jíbaros comentan lo difícil que está conseguirla mientras entregan el producto.
En este momento se observan las salidas institucionales que le están dando a la marihuana, su forma de aceptarla y reconocerla medicinalmente, pequeños avances que se escuchan en las noticias donde se empiezan a comentar, por lo menos, los beneficios de esta planta. Produce ansiedad desconocer quién tomará el control de ella, lo cierto es que en el diario vivir de los consumidores se consigue cada vez menos, ahora tienen que racionar la dosis minuciosamente. Viven a la expectativa, como si todos supieran que algo va a cambiar definitivamente, que no es solo temporal. En el aire se siente su ausencia.



