Colombia salvaje capitalismo salvaje
El documental “Colombia salvaje” financiada por el Grupo Éxito, que se exhibió hace poco en las salas de cine del país tiene unas imágenes de excelente calidad, las cuales, por supuesto, cautivan al grueso público que queda prendado de las tomas de los maravillosos animales y ecosistemas del país: Andes, llanos, selvas y costas. Todos esos monos titíes, jaguares, preciosos colibrís, osos de anteojos, caimanes—muchos de ellos, por lo demás, al borde de la extinción—aparecen filmados como parte de una naturaleza prístina e intocada.
Por: María Mercedes Ortiz
Profesora Escuela de Estudios Literarios

En estos entornos, curiosamente, no hay rastro de seres humanos, a no ser mínimas menciones de los del pasado, los que elaboraron las pinturas rupestres de la Serranía del Chiribiquete, ubicada entre los departamentos de Caquetá y Guaviare, los que construyeron Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta, y, si mal no recuerdo, una breve escena de llaneros contemporáneos a caballo –cuya región ha sido azotada por el conflicto armado y el dominio de los paramilitares–. Los grupos indígenas que habitan los llanos y las selvas de Colombia –las del Pacifico y las de la Amazonia–así como las comunidades de afrodescendientes que viven en las costas Caribe y Pacífica, en el Chocó, las riberas de los ríos Magdalena y Cauca, y las zonas de minería de Antioquia han sido totalmente eliminados del documental.
Esto no debe extrañarnos , indígenas y afrodescendientes fueron eliminados también del estado –nación– colombiano por 170 años, hasta que a través de sus luchas, que desembocaron en parte en la elaboración de la constitución de 1991, se hicieron visibles públicamente, obtuvieron el derecho a sus territorios y culturas y han logrado obtener un creciente poder político en la sociedad nacional, proceso que también se ha dado en otros países latinoamericanos, en particular para el caso de las sociedades indígenas.
Si se trataba de generar una conciencia ecológica en los espectadores es poco lo que se logra, pues no se tocan a fondo las verdaderas causas y causantes de la enorme degradación ambiental a que ha sido sometida Colombia en los últimos 50 años, la cual aumenta además a velocidades supersónicas
Esos territorios que en el documental “Colombia Salvaje” se muestran como deshabitados, fueron vistos por los criollos que gobernaron el país después de la Independencia y hasta nuestros días como territorios desiertos, y, precisamente, “salvajes”, ya que las culturas que vivían allí no merecían ser consideradas como tales y, por lo tanto, sus miembros no eran una población digna de ser tenida en cuenta.
Salvajes no es un término inocente, se encuadra ideológicamente en el paradigma de civilización y barbarie el cual, aplicado a Colombia, significa que la región andina es considerada el núcleo “civilizado” y “blanco” de la nacion. Por el contrario, las llamadas periferias donde habita buena parte de los maravillosos animales que aparecen en el documental se consideran zonas dominadas por la barbarie y el salvajismo, habitadas por culturas que ni merecen serlo, a pesar de su milenaria historia y su enorme conocimiento sobre los delicados ecosistemas que constituyen paramos, llanos y selvas; los cuales han modificado a lo largo del tiempo. Ahora se sabe que muchas de las especies vegetales de la selva amazónica consideradas como naturales, fueron en realidad sembradas por los indígenas a lo largo del tiempo.

Este discurso ha permitido a lo largo de la historia que estas regiones se consideren susceptibles de ser conquistadas y explotadas en su calidad de desiertos y selvas vírgenes, donde no habita nadie, o unos pocos indios o negros, que ni quitan ni ponen. Esta explotación fue asumida durante el siglo XX y hasta nuestros días por multinacionales extranjeras, dedicadas a la minería y la extracción del petróleo que sacan enormes riquezas del territorio nacional a cambio de unas miserables regalías y de la destrucción de los ecosistemas—donde cada vez hay menos plantas y animales—y las poblaciones humanas. Esta destrucción es presentada muy tangencialmente en “Colombia Salvaje”, de manera que si se trataba de generar una conciencia ecológica en los espectadores, es poco lo que se logra, pues no se tocan a fondo las verdaderas causas y causantes de la enorme degradación ambiental a que ha sido sometida Colombia en los últimos 50 años, la cual aumenta además a velocidades supersónicas. Pensemos en la crisis de la Guajira y de los wayuu, causada por la mina de carbón de El Cerrejón, cuya responsabilidad ha sido silenciada por los medios o de la también carbonera Drummond en El César, sin hablar de las petroleras o de las agroindustrias como la de la palma africana, la cual tuvo como condición para su despegue el desplazamiento de miles de afrocolombianos a las ciudades a vivir hacinados y en la miseria y enfrentando el racismo de la “civilizada” región andina.
En unas pocas décadas ya no se podrán filmar ni caimanes, ni colibríes, ni osos de anteojos, ni jaguares que habrán sido eliminados por el capitalismo salvaje que campea en la Colombia salvaje.
A cambio, les recomiendo que vean “La sal de la tierra”, la película sobre la obra del renombrado fotógrafo brasilero Sebastião Salgado, en la cual uno adquiere una conciencia verdaderamente planetaria sobre ecosistemas y culturas, destrucción ambiental, la barbarie de los dirigentes y poderosos y algo de esperanza sobre la posibilidad de recuperar ecosistemas destruidos.



